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Guardianas de las lomas

Mientras traficantes de tierras destruyen el ecosistema del Santuario de las Vizcachas y la Municipalidad de Lima se prepara para actuar, una modesta mujer llamada Felicita Cabrera lidera la resistencia contra los invasores.

Óscar Miranda
21 Feb 2020 | 14:39 h

En octubre del año pasado, Felicita Cabrera encontró una bolsa de vizcachas muertas.

Había ido a pasear al cerro, como hacía todos los días, a rezar, a sembrar tunas para los animalitos, cuando sintió el mal olor. Bajó la vista y vio la bolsa de plástico. Cuatro o cinco vizcachas dentro. Muertas.

No lo podía creer. Corrió entre lágrimas y se lo contó a algunos vecinos de su asentamiento humano, Villa Progreso. Convenció a unos pocos de colocar cercos para proteger el área, pero no logró reunir el dinero suficiente para concretar su plan. A nadie parecía importarles el destino de las vizcachas.

Hoy recuerda ese momento mientras ascendemos por el cerro al que los amantes de la naturaleza llaman Santuario de las Vizcachas. Entre junio y setiembre, este es un hermoso lugar, húmedo y verde. Por esta época es seco y gris. Sin embargo, entre lo gris subsiste la vida.

Buscamos vizcachas. “Por acá se ponían”, dice Felicita, “acá estaba su madriguera”. Ya no lo hacen. Hace tiempo que ella no las ve asomar sus largas orejas. Una de las últimas veces que las vio fue hace algunas semanas, cuando un grupo de extraños que había entrado al santuario estaban abriendo espacio entre las rocas.

–Yo les dije “señor, por favor, no le toques allí, ponte acá”, para que no entraran a las madrigueras, y él me dijo “¿tú quién eres? ¡A mí no me vas a ordenar!”. Yo le rogaba “por favor, no les mates cuando salgan, no les golpees, son nuestros hermanos”. Allí se entraron a las chozas y justo los animales salieron, empezaron a correr para acá, para allá– cuenta.

Felicita dice que por las noches escucha el canto de las lechuzas y se echa a llorar porque siente que están pidiendo ayuda. La atormenta constatar que los animales que habitan este rincón de la ciudad son acorralados día a día por los invasores.

–Por la noche cómo gritan. Desesperadamente gritan. De hambre, de todo. La gente en la noche queman llanta, todo...

En las noches queman llantas para romper las rocas. En el día, sacan las piedras, aplanan el terreno y plantan sus módulos de triplay y calamina. Los invasores avanzan sobre el cerro sin importarles nada. Y destruyen un ecosistema invalorable.

Defensora amenazada

El Santuario de las Vizcachas está situado en el borde occidental de las Lomas de Villa María del Triunfo, al lado de la zona llamada Vallecito Alto, y, por tanto, forma parte del Área de Conservación Regional Lomas de Lima, creada en diciembre pasado a propuesta de la municipalidad metropolitana.

Desde hace años es un apetitoso botín para los traficantes de terrenos, pero se ha salvado de ser ocupado totalmente gracias a la resistencia que han opuesto algunos dirigentes de los asentamientos humanos vecinos. Como Felicita Cabrera.

Sin embargo, en los últimos dos años las cosas se han puesto más difíciles. En setiembre de 2018 la Policía logró sacar a unos cien invasores que habían ocupado la ladera izquierda del santuario. En agosto de 2019 otro grupo se instaló en la ladera derecha, pero fue expulsado en diciembre gracias a las gestiones realizadas por Felicita y por Gladys Buitrón, la presidenta de la Central de Organizaciones Sociales de José Carlos Mariátegui.

Entre diciembre y febrero, la invasión al santuario se produjo a un nivel sin precedentes.

Decenas de personas subían todos los días, especialmente los domingos, para romper las rocas, aplanar laderas y armar las pilcas sobre las cuales colocaban sus precarios módulos.

–La mayoría son traficantes– dice Gladys Buitrón. –Ya están ofreciendo los lotes. Están pidiendo entre 2 mil y 5 mil soles.

Por defender las lomas, exigiendo y gestionando la presencia de las autoridades locales, policiales y metropolitanas, a Felicita la han amenazado los líderes de las invasiones, entre los cuales se cuentan algunos vecinos de los barrios aledaños. Hace dos semanas, uno de esos invasores se le fue encima y le advirtió que deje de decir “mentiras” porque ellos eran pobres y tenían derecho a vivir allí. Le dijo, además, que ya la habían denunciado por difamación. Y el último jueves, otro vecino que se la encontró en la calle la persiguió hasta su casa insultándola a los gritos y diciéndole que ya iba a ver si seguía metiéndose con ellos.

Felicita, que vive en medio de ese clima hostil, no hace lo que hace por obtener algún beneficio personal. Dice que, simplemente, para ella los animales y las plantas son parte de la creación de Dios y que todos debemos protegerlos.

En nuestra visita, otros vecinos nos dicen que están en contra de las invasiones, pero no quieren declarar por temor a las represalias. La única que no teme dar la cara es ella.

Desalojo e inversión

El problema de las invasiones ocurre en las cinco lomas que conforman el Área de Conservación Regional – es decir, Carabayllo, Ancón 1, Ancón 2, Amancaes y Villa María del Triunfo– y, con toda probabilidad, en las otras 14 lomas que hay en Lima.

En las Lomas de Amancaes hay por lo menos seis invasiones que han entrado tanto desde el Rímac como de Independencia y que en conjunto suman más de mil lotes, según indica Trinidad Pérez, vocera de la asociación Protectores Ambientales de la Flor y Lomas de Amancaes.

En las Lomas de Mangomarca hay por lo menos cinco grandes invasiones. Solo en la llamada Quebrada Vizcachera hay más de cien lotes, de acuerdo a la información que tiene Yovita Barzola, activista defensora de este espacio natural y dirigente de la Red de Lomas del Perú.

Desde que se creó el Área de Conservación Regional, la responsabilidad de protegerla es de la Municipalidad de Lima. Felicita y Gladys Buitrón se han cansado de enviarles oficios pidiendo que intervenga y saque a los ocupantes cuanto antes.

¿Qué está haciendo?

El último jueves nos reunimos con Neptalí Sánchez, gerente del Programa de Gobierno Regional de Lima Metropolitana, y con miembros de la procuraduría metropolitana.

Ellos aseguran que el desalojo es cuestión de semanas.

Afirman que en diciembre empezaron a actuar. Primero, solicitaron el apoyo de la Sétima Región para ejecutar la recuperación extrajudicial del terreno. Sánchez dice que en estos días remitirán los documentos que les requirió la Policía y que en un plazo máximo de tres semanas se ejecutará el desalojo.

Por otro lado, los procuradores presentaron una denuncia de acción preventiva ante la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental. Está previsto que el lunes 17 la Policía Ecológica haga una inspección del lugar.

A mediano plazo, el municipio ejecutará un proyecto para mejorar el circuito ecoturístico de las Lomas de Villa María del Triunfo. Usará la tecnología para vigilar posibles invasiones futuras. Y buscará tener de aliados a los defensores de las lomas. Gente valiente y desinteresada, como Felicita Cabrera.

OPINIÓN

“Lo que se ve es negligencia de las autoridades”

Samuel Yáñez

Director del Centro de Investigación, Documentación y Asesoría Poblacional (Cidap)

Las Lomas de Lima tienen tres amenazas muy visibles. La primera es el tráfico de tierras, que se ha convertido en la segunda manera más grande de obtener ingresos no legales después del narcotráfico. Este tráfico de tierras aprovecha la ausencia de políticas de vivienda social para la gente que necesita viviendas.

La segunda amenaza son los denuncios mineros no metálicos, que existen en muchas lomas, como las de Carabayllo. Y la tercera son las obras públicas y privadas, como la instalación de postes de luz o tanques de agua, que abren trochas por donde entran los invasores.

Lo más sorprendente es la inacción de las autoridades, sobre todo ante las invasiones. Hay una ley, la 30230, que señala que no es necesario una orden judicial para desalojar a los invasores. La pregunta es ¿por qué no se aplica en el caso del Santuario Lomas de Vizcachas y de las otras zonas invadidas? Lo que se ve es negligencia, por decir lo menos.

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