César Hildebrandt llama por un cambio profundo en el Perú, empezando por la modificación del capítulo económico de la Constitución. Y si la Confiep se enoja, añade, sería un gran síntoma de que se avanza por el camino correcto. Foto: Michael Ramón
César Hildebrandt llama por un cambio profundo en el Perú, empezando por la modificación del capítulo económico de la Constitución. Y si la Confiep se enoja, añade, sería un gran síntoma de que se avanza por el camino correcto. Foto: Michael Ramón

César Hildebrandt: “El horizonte en el Perú debería ser el cambio de la Constitución”

Periodista. Director del semanario Hildebrandt en sus Trece.

Enrique Patriau
20 Ene 2020 | 19:04 h

La opinión de César Hildebrandt siempre es bienvenida. En la siguiente conversación, el periodista hace un repaso sobre varios temas: el Perú y la urgencia de un cambio profundo, las elecciones legislativas, la televisión, el feminismo.

Las elecciones para el Congreso serán en una semana. ¿Tienes alguna expectativa de lo que pueda salir de ahí?

Muy poca, no espero ningún cambio, espero más bien una reiteración, una de las típicas reincidencias peruanas. No veo algo nuevo, no veo grandes ideas, ni la aparición de un escenario distinto. Pero, en fin, lo que al menos se logró fue romper la maquinaria mafiosa del apro-fujimorismo y lograr un Congreso que será un archipiélago de menudencias.

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Con ciertas bancadas, dentro de la menudencia, que tendrán alguna presencia relevante, como Fuerza Popular, por ejemplo.

Sí, relativamente importante, y dependerá del Gobierno que esta vez haya un entendimiento con el Congreso que permita una tregua que nos lleve al 2021 de una manera más civilizada. No creo que esta vez el Ejecutivo pierda la oportunidad de concertar con un Parlamento fragmentado para lograr consensos mínimos. Lo que hacía imposible la negociación era la hegemonía absoluta del fujimorismo aliado con el APRA y los escombros de algunos otros partidos.

La poca expectativa que tú sientes es general, ¿no? No hay clima electoral.

Lo que no hay es clima cívico, urgencia de cambio. Parece que el peruano no se diera cuenta de la crisis institucional. Somos una economía 70% informal, tenemos un déficit de gestión porque no podemos ni siquiera gastar el dinero que tenemos, tenemos serísimos problemas en lo judicial, y el peruano parece ajeno a su propio drama. Es tragicómico.

¿Qué es lo mínimo que le pedirías a un gobierno que tiene un año y medio de vida?

Que consolide algunas de las reformas que están, en algunos casos, implícitas en los decretos de urgencia que se están aprobando, y que se aventure a otras. El horizonte en el Perú debería ser el cambio de la Constitución. Es evidente, nadie está de acuerdo con la actual, excepto Dionisio Romero Paoletti y compañía, Alberto Fujimori y compañía, y Keiko Fujimori y compañía, y varios etcéteras suficientemente aceitosos y manchados, como para nombrarlos.

¿Qué cambiarías de la Constitución? ¿El capítulo económico?

Claro, el capítulo económico que convierte al Estado en una especie de apestado crónico, de enemigo público número uno que sacraliza lo privado, y ya vemos a dónde nos ha llevado. Estamos hartos de esta dictadura que, al igual que la Constitución del 80 en Chile de Pinochet, nos ata y ancla. Sí, estamos hartos de esta Constitución, debe cambiar. Y si la Confiep se asusta, es un gran síntoma. Si se pudiera privatizar el aire que respiramos, lo habría hecho Fujimori.

Se vendería en botellas.

En balones.

¿No es demasiado pedirle un cambio constitucional a un Congreso que apenas durará un año y medio?

Pero podemos empezar. Las escaleras siempre empiezan por un peldaño. Este Congreso debería ser el peldaño para, el 2021, emprender la tarea de cambiar la Constitución.

¿Tú ves a Vizcarra impulsando un cambio constitucional en este año y medio, acaso?

¿Y a mí qué me importa Vizcarra? Me hablas de él como si fuera Luis XIV. Son los pueblos los que cambian la Constitución. No se necesita el impulso político del presidente, sino del pueblo, de los líderes políticos, de los partidos, para que entiendan su papel en la historia. Necesitamos el aliento de los líderes de opinión, entre comillas, y probablemente la anuencia de esta prensa adormilada, intoxicada, drogada que, a veces, nos aburre tanto.

Cambio la pregunta. ¿A qué líderes políticos ves promoviendo un cambio constitucional?

No a Mauricio Mulder, a quien considero un agente de la reacción más absoluta.

¿De quiénes hablas entonces?

De aquellos que están surgiendo a nuestras espaldas, a pesar de la prensa. Es gente que está cansada, y que puede, perfectamente, contribuir en un futuro inmediato. Es gente que está naciendo, aunque no lo creamos, y aunque esta prensa medio cataléptica que tenemos no los atienda, porque la prensa sigue con Ántero Flores Aráoz, con Beingolea, con Mulder, el viejo elenco, y estamos hasta la coronilla de él. Será de la sociedad civil que surja esta gente que asuma el cambio que el Perú necesita, porque, cuidado, se requiere de un cambio. Escuchen bien este mensaje. Si no, va a haber…

¿Un Chile?

No, algo mucho peor. No olvidemos que el Perú parió la guerrilla mutante marxista más asesina de América Latina, una bomba que reventó, y cuando lo hizo todos dijimos: “Oh, Dios, ¿qué es esto? ¿No éramos una sociedad pacífica?”. No, no lo éramos. La prueba está en que se tomó 12 años en derrotar a Sendero. Déjame recordar algo: cuando los marcos constitucionales no responden a las necesidades de la gente, la gente rompe esos marcos, y atraviesa la calle, y sacude el poder, y se manifiesta de mil maneras, incluida la violencia. Y algunos dicen sobre Chile: “La violencia”. Sí pues, la misma violencia coercitiva oficial que ejerce la clase dominante sobre los dominados.

¿Qué es lo que más te cansa del Perú?

La monserga, la paporreta, la calcomanía, la redundancia. Y, para terminar, la huachafería.

Pensaba más en términos políticos, sociales.

¡Qué aburrido eres! Solo la política te interesa. Pero detrás de la política está la idiosincrasia. ¿Qué queremos? ¿Partidos sofisticados cuando tenemos el índice de lectoría más bajo de la región, cuando nuestros estudiantes, la mitad, no entienden lo que leen? Todo esto es correlato de lo que somos.

¿Qué Perú quisieras ver?

Uno cambiado, con agenda distinta, sin la dictadura cultural de la derecha, sin las esposas que nos ha puesto el pensamiento conservador que, virtualmente, rige todo. Acá no se puede hablar de lo más esencial, porque está prohibido. Ejemplo: hablas del modelo económico y abren los ojos, hacen preguntas preocupadísimas. Lo que yo digo es que en 10 o 15 años quisiera ver un Perú liberado, no anárquico, no izquierdista, no con un apellido ideológico, sí liberado. No olvidemos que aquí el neoliberalismo se impuso a patadas y con tanques, igual que en Chile, a sangre y fuego. No es que un día el pueblo peruano decidió probar. No. Es que vinieron unos cívico-cachacos y dijeron: “Esto es”. No le tengamos miedo al cambio. Deberíamos temerle a la parálisis. No hay nada peor que una sociedad que no sea dúctil, plástica.

Una frase común es que, en comparación con hace unos 30 o 40 años, estamos mejor como país. ¿Firmarías algo así?

No, no lo creo así. ¿Estamos mejor en liderazgo político, salud, igualdad, equidad de oportunidades? En absoluto. Los países no se miden por el PBI. Eso es falso. Se miden de otra manera y, desde esa perspectiva, política y cultural…

¿No hemos avanzado?

No solo no hemos avanzado, hemos retrocedido. Mira al sistema en el que estamos, en el que cualquier Luna Gálvez es capaz de ser protagonista en un escenario corrupto y amarillo, en el que la política es un festín de pobres diablos. Pregúntales a las pruebas Pisa cómo andamos en educación, a los muy preocupados dueños de periódicos cómo sus lectorías se hunden, a las librerías vacías. Y pregúntales a los que quieren hacer un documental lo que les cuesta hacerlo y ser vistos. Eso de “estamos mejor” es el cuento de Martha Chávez. La presión que existe hoy sobre la salud y la educación no existía hace 20 o 30 años, o era mucho menor. Nos ha superado la demografía. Y no hablemos de seguridad, porque vivimos un Far West involuntario. Es una ironía decir que estamos mejor.

¿Ni en las condiciones de vida de la gente?

Yo no soy un viandante. No soy un trotador, no visito las barriadas, los pueblos jóvenes, los cerros, pero todos aquellos que sí lo hacen me dicen que nunca han visto más pobreza que ahora.

¿Qué piensas del feminismo?

Yo soy un feminista de facto. Siempre he trabajado con reporteras mujeres, he creído, siempre, en las mujeres. Y no necesito ningún adoctrinamiento al respecto. No entiendo bien esta guerra de géneros que alguien quiere desatar.

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Lo preguntaba porque pensaba que tenías una posición más crítica frente al feminismo.

Creo que te has equivocado de entrevistado. Eso se lo deberías preguntar a Víctor Hurtado (colaborador de Hildebrandt en sus Trece), un oficioso adversario, inteligente y culto, del feminismo radical, un placer de lectura.

¿Suscribes sus ideas?

No necesito suscribir sus ideas para publicar sus columnas, del mismo modo que, supongo, el director de tu periódico no suscribe inexorablemente lo que dice Ricardo Uceda. Todos los problemas de inequidad que hay en relación a la mujer, deben resolverse, desde luego. La postergación de sus derechos merece un replanteamiento social y legal. En lo que no estoy de acuerdo es en ningún “ismo” tóxico: machismo, hembrismo, no, no.

¿Extrañas la televisión?

Algunos me han dicho, y por supuesto es una mentira generosa, que la televisión me extraña a mí. Si eso fuera cierto, no es recíproco.

¿Por qué no la extrañas? Tus grandes momentos como periodista, no digo que los únicos, la gente los relaciona con tu paso por la televisión, precisamente.

Respeto ese punto de vista. En todo caso, la televisión exige un empobrecimiento del lenguaje que, poco a poco, te mina. Si hubiera continuado diez años más ahí, habría llegado a adquirir el léxico de un papagayo. En la prensa escrita uno puede escribir y eso es un banquete intelectual.

¿Pero tus entrevistas en televisión no eran otra cosa?

Claro, eran otra cosa, porque, desde luego, había una dinámica agresiva que generaba un clima de catarsis que, en realidad, se volvió espectáculo. A mí me importaba indagar detrás de la máscara. Yo nunca entrevisté a alguien con el rostro descubierto, yo entrevisté siempre máscaras. Y mi único papel era..

¿Retirarlas?

No, no, ese es un exceso de ambición, una pedantería que no me permito. Mi único papel era ayudar al televidente a imaginar qué había detrás de la máscara. Yo me aferraba a indicios para dibujar un rostro.

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