Marisa Glave: “Las izquierdas han tenido una desconexión con sectores populares, hay como una burocratización”

Enrique  Patriau

enrique.patriau@glr.pe epatriau

22 Dic 2019 | 8:29 h
Marisa Glave señala que luego de una accidentada temporada en el Congreso busca recuperar una vida más normal, más cotidiana. Dice tener la ilusión de conformar un colectivo que proponga soluciones que promuevan un auténtico cambio social y cultural en el país. Foto: Mauricio Malca
Marisa Glave señala que luego de una accidentada temporada en el Congreso busca recuperar una vida más normal, más cotidiana. Dice tener la ilusión de conformar un colectivo que proponga soluciones que promuevan un auténtico cambio social y cultural en el país. Foto: Mauricio Malca

Socióloga e investigadora. Excongresista.

Marisa Glave no tiene interés en volver a postular al Congreso, al menos por ahora. Está dedicada a estudiar una maestría y enfocada en lo que llama “un momento reflexivo” que alumbre propuestas que promuevan un cambio social y cultural en el país. En esta entrevista habla sobre la izquierda, su paso por el Legislativo y la sociedad peruana.

Juan Carlos Tafur escribió en una columna: “Es inmenso el perjuicio que le han ocasionado a las izquierdas peruanas los groseros errores de sus líderes”. ¿Está de acuerdo con el diagnóstico?

A Juan Carlos le encanta identificar problemas atacando. En general, la política peruana atraviesa una crisis muy grande. Es verdad, también, que la izquierda tiene un conjunto de problemas, pero sí creo que hay personas como Juan Carlos a las que les encanta mirar los problemas de la izquierda…

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¿Y no los de la derecha?

De otros sectores, ¿no? Lo que siento es que atravesamos por una crisis de representación general, y eso es parte del desánimo que se siente por este proceso electoral.

¿No es lavarse las manos decir que todos tienen problemas?

La izquierda tiene problemas, pero a la vez siento que estamos llegando al final de una época política. La transición democrática no cambió realmente el ciclo que vivíamos, más allá de algunos hechos importantes. Hoy la crisis es mucho más profunda. La gente no cree en los partidos ni en la democracia. Es algo que deberíamos tomar muy en serio.

Insisto, si usted sugiere que el diagnóstico de Tafur es correcto, ¿cuál es el perjuicio ocasionado a la izquierda por sus líderes?

Y yo insisto: en el caso de la izquierda, al igual que otras organizaciones, el problema es no comprender que nos estamos moviendo de ciclo político. Ese “grito” de la reforma política no se refleja en el proceso electoral. Hemos perdido la oportunidad de avanzar a la construcción de algo nuevo.

Lo pregunto así: ¿qué problemas identifica en la izquierda?

Hay varias izquierdas. Diría que las izquierdas en el Perú han tenido una desconexión con sectores populares, hay como una burocratización. Lo fresco de la izquierda que es su cercanía con la gente, con los sectores populares…

¿Se perdió?

Está debilitado. Por ejemplo, la protesta contra McDonald's ha sido solo una iniciativa ciudadana, no ha habido organizaciones de izquierda. Dos adolescentes murieron electrocutados porque querían estudiar. ¿Qué prueba más clara de la contradicción de nuestro modelo económico? Eso muestra que (la izquierda) anda tan metida en lo electoral que no observa qué pasa en la sociedad.

Usted dejó Nuevo Perú, precisamente, en un contexto en el que esa agrupación privilegió lo electoral y se alió con Perú Libre, de Vladimir Cerrón. ¿Qué tuvo que pasar para que se quedara?

Es fácil ser general después de la guerra. La respuesta fácil sería “no hacer la alianza”. Entiendo la tensión de mis compañeros y compañeras de sentir que el proceso de enero iba a marcar la pauta del 2021. Se equivocaron. Pensaron que no participar en el 2020 era una manera de abandonar la posibilidad de tener una real alternativa el 2021, y yo no comparto esa lectura. Al revés, pienso que este proceso electoral va a ser relativamente intrascendente, que no va a marcar el del 2021.

¿Qué debía hacerse?

Lo valiente, creo, era lanzarse a buscar una inscripción propia con las nuevas reglas aprobadas en el Congreso y no sacrificar asuntos que me parecen vitales. Tengo discrepancias de fondo con el señor Cerrón, con su mirada hacia la lucha de las mujeres y de la comunicad LGTBI por la igualdad, fuera de las sentencias por corrupción.

La alianza con Cerrón se cae luego por asuntos administrativos, como para añadirle…

Ají a la herida.

¿No pensó en regresar?

Mira, esa alianza se cayó ahora por algo burocrático y, entiendo, que la voluntad del proceso unitario se mantiene para el 2021.

¿Fue Verónika Mendoza inconsecuente?

Valoró lo que ya te expliqué.

¿Y eso se puede definir como inconsecuencia?

No voy a atacar a Verónika ni calificarla. Hizo una valoración junto a compañeros que no incluyó los criterios de personas como Indira Huilca, Tania Pariona y yo.

Ya es un mito hablar de la unidad de la izquierda, ¿cierto?

Es un mantra, algo "aspiracional". Las nuevas generaciones de la izquierda no deberíamos cargar con los traumas del pasado, sino pensar en procesos nuevos. La unidad por la unidad no aporta nada. Sí creo en la unidad de la lucha, pero juntar siglas no implica un horizonte mayor que te permita el cambio social y cultural que el país necesita.

¿Qué es ser de izquierda?

Buscar justicia social, justicia ambiental, justicia de género.

¿Eso no lo puede buscar alguien de derecha?

No (risas). La gente de derecha no busca la justicia social, por el contrario, defiende otras banderas. La gente conservadora…

Hay una izquierda conservadora, ¿eh?

Por eso, tú me preguntas en qué izquierda creo yo y eso, para mí, no es izquierda. Para mí ser de izquierda es sentirse parte de corrientes emancipadoras, y eso pasa por emanciparse en términos laborales, de género.

¿Qué responde a quienes señalan –lo he escuchado incluso de gente de izquierda– que usted representa a una izquierda miraflorina y blanca?

Es un intento de buscar una diferencia basada en la piel y no en lo que uno cree o aspira. Yo no escojo el color de mi piel, ni mi familia. Sí mis principios e ideas.

¿Molestan esos comentarios?

Son intentos de destruir al mensajero cuando no puedes debatir. Javier Diez Canseco era de San Isidro.

¿Tiene aspiraciones de volver al Congreso?

No. Hubiera postulado ahora.

¿Ya no desea volver?

Te mentiría si dijera qué quiero. Mi sueño no es ser presidenta. Sí aspiro integrar un colectivo que no ponga una agenda por delante de otra y entienda que se puede luchar por justicia social, porque las mujeres sean realmente libres, por evitar la contaminación.

¿La negativa de postular de nuevo tiene que ver con lo vivido en el Congreso estos años?

(Piensa). Sí.

¿No es lo que esperaba?

No, para nada. Hay cosas buenas. Conozco más al Perú. Mirar al Estado por dentro es muy diferente a escuchar a un opinólogo por televisión. Eso es algo muy valioso para una socióloga como yo.

¿Qué fue lo malo?

Que el Congreso es un espacio cínico, permanentemente cínico. La política en general lo es y el Congreso en particular. Mientras más llega a un espacio institucionalizado con poder, el cinismo es más cotidiano. Entiendo a quienes quieren que la reelección se mantenga, lo comprendo teóricamente…

Buscan una carrera política.

Así es. Y a la vez considero que una persona, por su salud mental y formación emocional, no debería estar de manera permanente en un espacio de poder así. Afecta. Te vuelves cínico. Hay momentos en el que pasas de un debate en el que estás matando a alguien a considerarlo luego tu aliado.

¿Se volvió cínica usted?

No creo, por eso me afectó tanto. Siento una carga y no me considero preparada para volver inmediatamente. Necesito recuperar mi cotidianidad. Estar en el Congreso te aleja de la realidad. Piensas que estás en ella y no es así. Es un mundo muy particular, y si te quedas ahí durante mucho tiempo vas perdiendo contacto con lo que pasa.

Su abrazo con Luz Salgado luego de aprobarse la reforma sobre paridad y alternancia, ¿no es muestra de que, en un momento, le ganó ese cinismo del que habla?

No, fue sincero. Más bien, como no soy cínica, lo hice. De ser cínica me hubiese aguantado, sonreído y, ya afuera, cuando no me viera nadie, abrazarla.

¿Cambió su opinión sobre Salgado luego de esa votación?

Mi opinión sobre su responsabilidad en su relación con Fujimori y Montesinos no ha cambiado ni cambiará. Sin embargo, cuando fue lo de El Niño costero, yo presidía la Comisión de Vivienda, ella el Congreso, y vi a alguien que trabajaba sin descanso.

No sueña con ser presidenta, entonces. Sí leí en su cuenta de Twitter que Indira Huilca le parecía presidenciable. ¿Por qué?

Por supuesto. Tiene la fuerza de Pedro (su padre), y es una mujer con un crecimiento enorme.

¿Podrían integrar, ambas, algún proyecto político nuevo?

No puedo afirmar que estemos armando un partido. Indira, yo y otros estamos en un momento reflexivo, apostando por la formación política. Hay que empezar a construir propuestas, imaginar soluciones. Perú es muy particular. Mira lo de McDonald's: menos mal, hubo una protesta puntual, pero no ha estallado el país, no ha estallado Lima. Hay una barrera invisible que legitima la desigualdad y pelear contra eso no supone solo armar un partido.

¿Quisiera que ocurriera acá algo similar a lo de Chile?

Quisiera un despertar de la sociedad frente a la desigualdad. No necesariamente el tipo de estallido (en Chile). Luego de lo de McDonald's hubo una explosión en redes sociales de experiencias en fast foods. Eso al menos permite saber que hay conciencia de la explotación, aunque es individual. Se habla desde “mi experiencia” y no se construye un colectivo que permita enfrentar la situación. La política neoliberal ha agudizado un nivel de individualismo muy fuerte en el Perú.

Dijo que la elección de enero es “relativamente intrascendente”. Igual, algo habrá que esperar del Congreso que venga, ¿no?

Tres cosas. Primero, la elección del Tribunal Constitucional. Nadie pregunta sobre eso. ¿Cómo se va a hacer el recambio de seis magistrados? Es lo más importante. Lo segundo es destrabar la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales. Y lo tercero es que hay una agenda de género pendiente.

¿No es muy optimista?

No. Por último, lo del TC y lo de la subcomisión debería ser un compromiso ético.

¿Qué piensa de Vizcarra?

Que es astuto. Ha sabido leer a la gente, ha arriesgado en algunos momentos en la agenda de la lucha contra la corrupción, pero tiene un límite muy grande: está muy acomodado al modelo económico y no entiende que parte de las reformas de fondo para una democracia plena pasa por ahí.

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