La violencia no da risa

El humor peruano puede ser tóxico. Está lleno de chistes homofóbicos, racistas y machistas. Y lo aprendimos de la tele, de los programas cómicos de hace más de veinte años, y nunca nos lo cuestionamos. Tres spots que circulan en las redes sociales nos hacen reflexionar sobre cómo aprendimos a reír.

Una potente secuencia del spot 'La transfobia no da risa' difundido en redes.
Una potente secuencia del spot 'La transfobia no da risa' difundido en redes.
Juana Gallegos

-A ella le dicen búmeran...

- ¡¿Por qué?!

-Porque si la tiras bien, regresa.

-Y le dicen ‘gorrita marrón’...

-¿...?

-¡Qué guachimán no la ha tenido!

Estas líneas son parte de las bromas que los cómicos ambulantes de la Alameda Chabuca Granda reparten como moneda corriente en su show, mientras el público ríe, aplaude y les compra golosinas como pago por el momento de distensión.

Los autores son los humoristas callejeros ‘Jefferson y sus amigos’, los mismos que hace un año fueron demolidos en las redes sociales al difundirse un monólogo de Jefferson Prince Vásquez, el líder del elenco, que con patanería dijo sobre las mujeres: “No les puedes mandar ni un piropo, ya es acoso sexual, y solo por joderla en la calle, 12 años preso. ¡Mejor la violo y queda en diez!”.

Evidentemente a las mujeres no nos dio risa el chiste. La violencia machista estaba siendo azuzada y el feminicidio, normalizado. Muchos se indignaron, pero algunos consideraron a este tipo de chacota como una expresión “inocente” de nuestro humor, una bromita sin mala leche. Pero ¿son de verdad inofensivas este tipo de mofas? Unos spots que circulan desde hace días en las redes sociales con el hashtag #NoDaRisa y #AprendimosMal nos hacen pensar que no (véalos).

En ellos se exponen tres situaciones que todo peruano promedio ha visto o escuchado: una comerciante andina que es expulsada de un parque por tres guachimanes prepotentes que la llaman ‘chola’; una mujer transgénero que es acosada con violencia por un hombre que amenaza con matarla; y una mesera que es testigo de la conversación de dos amigotes que hablan y juzgan la vida sexual de una mujer llamándola ‘jugadoraza’.

De pronto el espectador ve que los diálogos de los tres episodios fueron usados en sketches cómicos de los 80 y 90 (Risas y Salsa y el talk show de Mónica Chang), y que esos chistes del pasado con carga racista, transfóbica y machista perviven en situaciones cotidianas de hoy. Estas piezas audiovisuales son parte de la campaña Micro Acciones para Grandes Derechos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, ONUSI DA, y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (Minjus). Y al cierre de esta edición tenían más de un millón de visualizaciones en internet. Y nuevamente la polarización: fueron compartidas y alabadas por algunos, y odiadas por otros. Critican que la campaña se enfoque solo en programas humorísticos del pasado y no cuestione a los de ahora, cuyos guiones también están plagados de vicios discriminatorios.

¿Por qué volver al pasado para enfocar el problema?

Desprecio disfrazado

Javier ‘Vicho’ Castillo, de la agencia de publicidad Copiloto, fue el creativo de los spots. Los auspiciadores le encargaron acercar la idea del respeto por los derechos humanos a la gente común. Hacerles recordar que la discriminación también es una forma de transgredirlos y que sucede todo el tiempo. “Es parte de nuestra cultura y la hemos heredado, no brotó de forma espontánea”, dice, haciendo un análisis de la sociedad peruana.

“Los medios y, en especial, los programas cómicos son territorios donde se legitima la discriminación. En Risas y Salsa, por ejemplo, detrás de las lentejuelas y las carcajadas se usaban palabras con una carga de discriminación muy fuerte”. Junto a su equipo, bucearon en los videos de YouTube y encontraron lo que sospechaban: minutos de programas de humor en blanco y negro donde la mujer andina era timada y llamada “serrana” con desprecio, y en la que el hombre disfrazado de mujer era el blanco de todas las burlas.

“Elegimos sketches del pasado para comprobar que la discriminación se ha instalado en nosotros desde hace décadas, que la hemos vuelto norma y que se ha convertido en la raíz de nuestra cultura. Y como resultado puedes ver que aún hay gente en la calle y en las redes sociales que discrimina y lanza mensajes agresivos”, agrega.

¿En verdad un chiste desafortunado puede ser tan peligroso? Llevamos esta pregunta al antropólogo Alexander Huerta-Mercado, autor de El chongo peruano: “Nuestro humor se caracteriza por burlarnos de los defectos físicos del otro, le ponemos chapa al gordo, al chato, al narizón. Pero también nos burlamos del ‘diferente’, ese era el migrante para los criollos limeños en los setenta, lo agarraban de punto porque les resultaba una amenaza. Y los chistes homofóbicos de hoy revelan un miedo del peruano de no ser visto como un hombre completo. Aquí lo que da risa es lo que da miedo, la burla sirve como válvula de escape”, explica con tono de psicoanalista.

Pero el investigador advierte que cuando los chistes que humillan al otro se vuelven cotidianos y se transmiten de una generación a otra sin cuestionarlos, la discriminación se vuelve una gran bola de nieve difícil de contrarrestar. “Aprendimos mal. Nos independizamos hace dos siglos pero seguimos pensando como en la Colonia”, agrega.

A Melcochita no le gusta

¿Y qué piensan los cómicos del “estilo” que tiene su gremio para hacer reír al público? Pablo Villanueva, Melcochita, se sorprendió al ver los spots: “Ese humor es alienante –dice a través del hilo telefónico–, es demasiado, que cholita, que negrito... Eso no está bien. Yo hago comicidad conmigo mismo y con sutileza, o hago chistes lingüísticos: ¿usted sabe cómo se dice árbol en argentino? Se dice ’y vos-qué'”. Danny Rosales es parte del elenco del programa de TV El Wasap de JB (cuestionado por personajes racistas como la Paisana Jacinta y el Negro Mama), y empezó su carrera como cómico ambulante. Dice que los programas cómicos están cambiando, que “le televisión se está cuidando, ya no puedes insultar diciendo ‘mongolo’ a alguien”, dice, a modo de mea culpa.

Acepta los excesos que suelen cometer sus colegas: “Yo mismo he cometido reinfinidad de errores cuando era cómico ambulante y, bueno, es un humor que le puede gustar a un público chacotero de barrio [...]. Pero tienes que entender que en la comedia se ridiculiza lo que se ve en la realidad. Sí, te doy la razón, si seguimos con esos chistes estamos contribuyendo a que nada cambie, pero te digo que la televisión se cuida más, la gente se ha vuelto sensible por todo”.

Gianna Camacho es una mujer transgénero y tiene que vivir escuchando chistes agresivos sobre su identidad de género a diario y hasta, en medio de la ‘chacota’, la han amenazado de muerte como en el spot contra el humor transfóbico. “No, no es que sea muy sensible a cierto tipo de chistes, es que 30 mujeres trans fueron asesinadas este año por la transfobia”, comenta Gianna. Esa mujer de la que algunos se ríen.