Algoritmos para conducir mejor

Juana Gallegos

juana.gallegos@glr.pe JuanaGall

09 Dic 2019 | 20:48 h

Una empresa desarrolladora de software creó una aplicación que le pondrá nota a los choferes. Digital Car Platform usa la inteligencia artificial para medir las maniobras temerarias de los pilotos imprudentes.

Que el tráfico vehicular en Lima es un problema, lo sabemos —y lo padecemos— todos. Que los conductores cambian de carril como si estuvieran jugando a los carros chocones o que pisan el acelerador sin pensar en las consecuencias son situaciones casi predecibles en la capital.

Solo en 2018 —según las estadísticas de la Dirección de Tránsito de la Policía Nacional del Perú— hubo más de 90 mil accidentes vehiculares y más del 39% fueron provocados por los conductores. Las causas más frecuentes fueron la imprudencia y el exceso de velocidad.

Este derrotero de lamentaciones empujó este año a MDP Consulting, una empresa desarrolladora de software con trece años de experiencia, a idear una solución tecnológica que, apoyada en la inteligencia artificial, promete saber a ciencia cierta cómo maneja un conductor, si lo hace bien o mal, si ejecuta maniobras temerarias o cumple con las reglas de tránsito.

Se trata de Digital Car Platform (DCP), una aplicación que es descargada en el smartphone del chofer y que, utilizando tecnologías como el internet de las cosas, Cloud y Machine Learning, visualiza en tiempo real la trayectoria del vehículo y las infracciones que haya cometido:

“Si hice una curva muy larga, por ejemplo, o un frenado muy espacioso, la app procesará toda esta data”, dice Ricardo Moya, gerente estratégico de MDP, con las manos al volante de su camioneta Kia Storage, mientras hace una demostración.

Su oficina está ubicada en el piso 11 de un edificio del Centro Empresarial de San Isidro, desde donde puede ver a diario la congestionada avenida Javier Prado, la vía en la que este año murieron dos peatones al ser arrollados por la conductora de una camioneta que se descarriló.

Tomar conciencia

DCP se encuentra aún en modo de prueba. Solo diez trabajadores, incluyendo a Ricardo, la han descargado en sus teléfonos. Todavía no es de uso masivo, pero sus creadores le auguran un buen futuro.

Este año, el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec) reconoció a la plataforma como una solución innovadora y les entregó un incentivo en beneficios tributarios.

Veamos cómo funciona. Moya arranca el motor de la camioneta y empieza el viaje en la Javier Prado. Minutos antes enchufó a la consola un dispositivo OBD (On Boarding Diagnostics) que almacenará información importante sobre el auto, como la situación del motor y sus partes, la velocidad y el kilometraje. Esta data será enviada en tiempo real y vía Bluetooth a la app de DCP que, programada con intrincados algoritmos, la procesará y marcará un score de manejo.

La calificación se calculará en base a cuatro eventos: aceleraciones y frenadas bruscas, toma de curvas de manera agresiva y exceso de velocidad. Para medir esto último, MDP tiene un convenio con una empresa norteamericana que tiene mapeada todas las avenidas del mundo con sus respectivos límites de velocidad.

“En cada viaje, el conductor empezará con un puntaje máximo de 10 que bajará si comete imprudencias: -1 por una curva larga o -0.5 por una frenada. Cada vez que llegue al trabajo podrá ver qué faltas cometió en el trayecto, así tendrá conciencia de ellas y esperamos que trate de cambiar su estilo de manejo”, indica Moya, que parece ser un buen conductor pues tiene un score de 9.7.

Otra de las virtudes de la app es que los datos que arroja son objetivos y fiables. A un policía de tránsito se le puede persuadir si se cometió una falta, a la máquina no. Los creadores de MDP consideran que la plataforma debe ser tomada en cuenta por las autoridades estatales para ponerle un coto al problema del caos vehicular. Podría ser usada, por ejemplo, por una empresa de transporte público, para calificar y separar a los conductores temerarios.

Con esta app, vemos que los algoritmos nos pueden resolver la vida, más allá de su uso en las redes sociales.

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