Con El irlandés, el tándem alcanzó la novena producción juntos.

Scorsese y De Niro, el reencuentro

Después de una larguísima espera de 24 años, Martin Scorsese y Robert De Niro, la pareja fetiche del cine gangsteril, suma una nueva película al borde de la base ocho: El irlandés, obra maestra en la que por primera vez los capos se arrepienten.

Renzo Gómez
02 Dic 2019 | 16:48 h

Es un matrimonio profesional y los hijos son las películas. Así definió alguna vez Martin Scorsese su relación con Roberto De Niro. Una de las parejas más icónicas de la historia del cine.

La frase de Scorsese no carece de audacia ni de precisión. Desde que coincidieron a finales de los sesenta, ambos han compartido una decena de proyectos. Podría decirse que se han desarrollado a la par.

De ascendencia italiana, ambos crecieron al sur de Manhattan. Y aunque sus casas solo estaban a manzanas de distancia, se conocieron recién en la juventud.

Desde Mean streets (1973), la sintonía fue inmediata. Pero no fue hasta Taxi Driver (1976) que el dúo despegó. Desde entonces, cada filme de este director que se precia de ser un amateur del séptimo arte ha sido un acontecimiento.

Como el de esta semana, en que Netflix, la plataforma de televisión por Internet, puso a disposición de sus usuarios: El irlandés, la cinta más larga de los últimos veinte años. Una obra maestra que pone la mirada en una antigua forma de hacer cine. Una cinta que reúne a Joe Pesci (Russell Bufalino), Al Pacino (Jimmy Hoffa) y a De Niro (Frank Sheeran). Ni más ni menos.

El thriller de tres horas y media narra, con ciertas licencias ficcionales, la vida y asesinatos de Frank Sheeran, un exsoldado de la Segunda Guerra Mundial que acabó transformándose en un sicario temible, en los Estados Unidos de mediados del siglo XX.

"Leí el libro sobre Sheeran cuando se publicó [en 2004] y me pareció ideal para todos nosotros. Se lo pasé a Marty", recuerda De Niro refiriéndose a I Heard You Paint Houses, obra del periodista Charles Brandt.

En efecto, el proyecto permaneció dormido durante años, porque la industria no confiaba en él. En el 2012 hubo una lectura de guion pero no fue hasta el 2017, cuando Netflix se decidió a invertir 150 millones de euros, que El irlandés empezó a existir.

Y lo ha hecho, con una revolución: el rejuvenecimiento facial. Debido a los saltos en el tiempo de sus personajes, Pesci, Al Pacino y De Niro debieron filmar las escenas con pequeños botones pegados a sus rostros. No había otra manera de capturar sus gestos digitalmente. Sin embargo, el gran inconveniente a la hora del rodaje eran los movimientos. Lo que indicaba el rostro, no lo refrendaba el cuerpo.

A mediados del 2015, Scorsese y De Niro realizaron una primera prueba de rejuvenecimiento, recreando una escena de Goodfellas (1990).

“La segunda vez que te sientas y levantas en plan joven, tu cuerpo cruje y te recuerda que tienes 79 años”, ha dicho Al Pacino.

Esa es una novedad que los traspasa: la reflexión sobre el paso del tiempo. Por primera vez, los capos de la mafia van deteriorándose. No por alguna bala sino por el peso de los años.

“Como dicen en la película, va a pasar. Todos somos humanos. Vamos a morir –dice Scorsese–. La naturaleza contemplativa de esto tiene que ver con la acumulación de detalles. Es bueno para nuestra cultura poder tomarnos un tiempo y vivirlo. Puede gustarte o disgustarte, pero las cosas pasan demasiado rápido ahorita”.

Lo dice gente que está más cerca de los ochenta que de los setenta. Es decir, por leyendas hollywoodenses que tienen más pasado que futuro, aunque a la nostalgia le cueste aceptarlo.

Hay que recalcar que es el primer filme en el que se reúnen Al Pacino, De Niro y Scorsese. Desde este detalle, El irlandés dispara las expectativas. Difícilmente existirá otra oportunidad para tenerlos del mismo lado de la pantalla.

“Espero que surja un material potente. Pero ¿como este? Probablemente no. Es lo que hay”, asegura De Niro.

¿Qué te pasa, Marty?

Alguna vez, hace quince años, Martin Scorsese y Robert De Niro estuvieron a punto de editar sus memorias. Se hablaba de un contrato de dos millones de dólares con Harmony Books, un sello editorial de la multinacional Penguin Random House.

“Podemos acabar cada uno las frases del otro y entender cosas que no se dicen”, dice Scorsese, el más deslenguado y articulado de los dos.

Es también quien en el 2013 montó una muestra de 600 objetos en la Cinemateca de Berlín con medio siglo de vida dedicado al celuloide. Entre ellos se encontraban los guantes empleados en la caracterización del boxeador Jake La Motta en Toro salvaje (1980), una película que no solo le entregó el primer Óscar a De Niro, sino que auxilió a Scorsese en el momento más álgido de su carrera debido al fracaso de New York, New York (1977).

"Lo que hice fue comportarme de una manera tal que fuera imposible que me respetaran. Estaba demasiado drogado para solucionar el problema de fondo".

Así como De Niro le dio la idea de El irlandés a Scorsese, luego de leer un libro biográfico sobre Frank Sheeran, también le recomendó llevar a la pantalla grande la épica y tragedia de Jake La Motta, el campeón mundial de los medianos en los cuarenta.

Antes de que aceptara, Scorsese por poco y se muere a causa de una sobredosis de cocaína. En aquel momento, De Niro a pesar de ser menor le habló como si fuera su padre.

"¿Qué te pasa, Marty? ¿No quieres vivir para ver crecer a tu hija, para verla casada? ¿Vas a ser una de esas flores de un día que hacen un par de buenas películas y se acabó? ¿Sabes una cosa? Podemos hacer esta película. Podemos hacer un gran trabajo. ¿Vamos a hacerla o no?".

A Salvaje le siguió El rey de la comedia (1982), El cabo del miedo (1991) y Casino (1995), la última película que unió a Scorsese y a De Niro hasta este mes.

"Es una mirada definitiva a nuestra relación con un cine que casi no se hace, o que posiblemente no se vuelva a repetir, ante un futuro incierto en el que el arte tiene que abrirse camino a la fuerza, a una edad en que a sus mejores exponentes no les queda tanta energía para pelearla", ha escrito Javier Díaz en la revista Ñ de Argentina.

El irlandés se basa en la extraña desaparición en los setenta de Jimmy Hoffa, un poderoso dirigente del sindicato de camioneros. Desaparición que se atribuyó Frank Sheeran.

Aunque han surgido algunas protestas por prescindir de Ricardo Solans, quien se ha encargado del doblaje en español de De Niro y Al Pacino durante cuatro décadas, la nueva sensación de Netflix se ha estrenado con gran éxito.

“Él es el único que sabe de dónde vengo. Conoció el mundo que yo conozco. Por eso hemos hecho tantas películas juntos”, ensaya Scorsese.

No verla sería imperdonable. Sin caer en el pesimismo será la última ocasión de verlos juntos.

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