Claudia Benavente: “El pronunciamiento de la OEA, que recomendó la segunda vuelta sin terminar el cómputo, ilusionó  a mucha gente”.  FOTO: Cortesía diario La Razón
Claudia Benavente: “El pronunciamiento de la OEA, que recomendó la segunda vuelta sin terminar el cómputo, ilusionó a mucha gente”. FOTO: Cortesía diario La Razón

Claudia Benavente: “En Bolivia, me cuesta pensar en una dictadura postelecciones”

Directora del diario boliviano La Razón desde 2010. Doctora en Narratología.

Maritza Espinoza
10 Nov 2019 | 8:52 h

Hace más de tres semanas que Bolivia arde. La re-re-re-reelección de Evo Morales en medio de acusaciones de fraude electoral fue la chispa que encendió la pradera. Con una auditoría de la OEA en marcha, pero rechazada por la oposición, buscamos a Claudia Benavente, directora de La Razón, el diario más influyente de ese país, para que nos esclarezca el panorama.

¿La auditoría de la OEA dará certeza sobre los resultados de las elecciones en Bolivia?

No, porque el gobierno y fuerzas oficialistas sí dan crédito a la OEA, pero las fuerzas opositoras, concretamente Comunidad Ciudadana, con Carlos Mesa, no aceptan la auditoría ni han presentado las pruebas de las denuncias de fraude. Y aquí se ha pasado de un “hay fraude” a un “vamos a segunda vuelta”, a un “ya no queremos segunda vuelta”, a un “ya no queremos OEA”, a un “eliminen las elecciones” a un “pidamos la renuncia del presidente Evo Morales”.

La gente de Mesa no confía en la OEA, pero esta, en su momento, dijo que hubo asimetría en el despliegue de recursos en las campañas de los candidatos. ¿Evo Morales usó recursos del Estado?

No usó o, por lo menos, no se demostró un uso de recursos para su campaña, pero sí fue clara la ventaja del Estado, del gobierno en manos del MAS, para ocupar espacios de presentación de obras…

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Inauguró y cortó cintas hasta poco antes de las elecciones...

Eso en principio no es una campaña política, pero obviamente da ventaja al MAS en términos de ocupación de espacios mediáticos. En términos estrictos no es campaña, pero sabemos perfectamente que eso da ventaja al partido oficialista.

¿Considera que, de haberse ido a segunda vuelta, la oposición hubiera ganado las elecciones?

No me voy a pronunciar, porque soy periodista, no tengo…

Es pura matemática: había candidatos que, de endosarle su porcentaje a Mesa, hacían una cifra que superaba a la de Morales.

No lo sé. Porque en los resultados, si bien todas las encuestas daban la victoria a Evo Morales, sí hubo diferencias en los porcentajes. Ya para esta primera vuelta fue muy difícil analizar, ni siquiera hacer una perspectiva, ni matemática, ni astrológica, ni ninguna, porque hay lógicas electorales que no se visibilizan, no las atrapan ni siquiera las encuestas… Incluso había incertidumbre sobre si Evo Morales lograba los 10 puntos o no. Por eso estamos en esta discusión.

Eso fue en primera vuelta…

Para la segunda vuelta, me parece osado hacer este cálculo, porque la matemática no te da cuenta de la lógica política. La matemática te dice que ese 53% que no ha votado por Evo Morales ahora va a votar por Carlos Mesa, porque automáticamente se va a unir. Pero hay una perspectiva política que no da cuenta de eso y que ha llevado a sorpresas. Por ejemplo, en las encuestas teníamos siempre a (Óscar) Ortiz en un tercer lugar con un 8 o 9% y, en las elecciones, sale Chi, este candidato coreano boliviano que alcanza un 8,7%.

De consagrarse el resultado de las elecciones, ¿cómo ve un cuarto gobierno de Evo Morales con casi un 40% del país que lo va a considerar un dictador?

Te devuelvo otra perspectiva: imagínate a un Carlos Mesa, ganador en segunda vuelta con una mitad del país también en contra.

Pero un cuarto gobierno (de Morales) que, además, ha generado dudas en su elección, para muchos roza la dictadura. Es diferente el caso de Mesa...

En Bolivia, me cuesta pensar en una dictadura postelecciones. Si planteamos un proceso electoral, me cuesta llamar dictador a alguien que sale de un proceso electoral con mínimas condiciones. O sea, me suena a una contradicción…

Pero ¿cómo hará Evo un gobierno con casi un 40% del país que esgrimirá ese argumento?

Ese argumento o cualquier otro, ¿no? Ahora, que estamos a punto de contabilizar muertos, solo te sé decir que cualquiera de los gobiernos va a tener un escenario complicado, porque tenemos un país polarizado desde adentro y desde ingredientes externos que han servido a esto.

¿Cuáles?

Como el pronunciamiento, a mi parecer adelantado, de la OEA que recomendó segunda vuelta sin terminar el cómputo. Eso ilusionó a mucha gente de la oposición. Y hoy tienes un oficialismo que está buscando la auditoría de la OEA, pero que ha recibido con las dos manos la felicitación del electo (Alberto) Fernández (de Argentina), el apoyo de México, de los países no alineados, de Rusia, de Cuba. En verdad, se están buscando padrinos externos para legitimar una victoria o no victoria adentro, y eso ha contaminado las calles, la ciudad, el campo. El país está dividido.

¿Ya se puede empezar a contar muertos por decenas, como dijo el ministro (de Defensa, Javier) Zavaleta?

El ministro lo dijo, sí, y me parece absolutamente desacertado, porque él está planteando que se viene el cuco. Eso no es pacificar. Eso es asustar a la población, una población que ya está armada desde sus bloqueos vecinales, con banderas, sin banderas, con piedras, con bloqueador solar o bloqueador de palo… Más allá de las tres personas muertas, me imagino que sabes lo que ha sucedido con la alcaldesa de Vinto (agredida y vejada por una turba antimasista). Ese grado de humillación es brutal en un momento como este.

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El propio Morales dijo que la oposición quiere muertos en las calles para pedir apoyo a los militares. ¿Se refiere a un golpe?

La posición del gobierno ha sido hablar de sedición. Eso después del discurso primero de Mesa, que ha llamado a una movilización para luchar con todas las fuerzas para desconocer los resultados de la elección y, al día siguiente, tenías ciudades bloqueadas. En segunda instancia tenías cabildos, muy asistidos, pero llamó la atención el de Santa Cruz, porque el líder cívico llama a la toma de instituciones, a que Dios vuelva al palacio y toda esta jerga.

¿Te refieres a Luis Fernando Camacho (líder opositor cruceño)?

Sí. Entonces, el gobierno al día siguiente dijo: “si llaman a desconocer resultados electorales, a negar la auditoría de la OEA, a tomar calles, a cerrar fronteras, a pedir la renuncia del presidente Morales, ¿no es eso sedición?”. Y eso para los más cautos. Para el gobierno fue la articulación de un golpe de Estado.

¿Cuál es el peso específico de Camacho, que ha llegado a opacar al propio Carlos Mesa y que, por acá, es primera noticia?

Para nosotros también. Yo, que trato de estar mínimamente informada, escuché su apellido por primera vez después del 20 de octubre. Entonces, su peso específico es especifiquísimo, porque tiene la agenda de la oposición. Ya nadie quiere hablar de Mesa. Él (Camacho) aparece como un líder con una legitimidad natural, porque no tuvo que ver con las elecciones, no participó, no tuvo una aparición mediática nacional…

¿Y cuándo aparece?

Después del llamado de Mesa (al desconocer las elecciones). Se levanta Santa Cruz y él, como presidente de los cívicos, aparece con el micrófono y el aplauso de multitudes en Santa Cruz y también en La Paz. Gente que no lo conocía hace dos semanas, hoy levanta carteles de “Yo soy Camacho” y ni se acuerda de Carlos Mesa.

Se dice que estas elecciones han fracturado a Bolivia. ¿Es así o se están visibilizando fracturas que ya existían históricamente?

Iría a dos puntos: el primero es el antecedente del 21 de febrero (el referéndum), que está marcando esa ruptura, y la otra ruptura es la que marca obviamente mundos claramente separados…

¿Habla de la separación racial?

Sí, que tiene que ver con lo étnico, con tu pertenencia cultural, urbana o rural, que tiene que ver con la clase social también, porque acá una cosa es ser clase media, media alta, ser más mestizo, tener apellido español, vivir en una zona residencial, o tener un apellido indígena, ser más moreno, tener ascendencia indígena, al margen de tener título universitario o no. Y eso, a lo largo de estos años, se ha ido profundizando, porque quien encarnaba eso hoy es el primer indígena presidente…

Carlos Mesa más bien ha acusado a Evo Morales de impulsar una división racista, porque “impide que personas de origen cruceño circulen por los aeropuertos”. Entiendo que cruceño (de Santa Cruz) suele significar blanco…

No forzosamente, porque hay pueblos indígenas cruceños. Carlos Mesa habló por el derecho de circulación del empresario blanco Camacho.

Siempre se habla de un voto aymara que se daría, por consigna, siempre a favor de Evo Morales. ¿Existe?

En grandes sectores, sí. No vamos a generalizar, porque hay también indígenas, sectores cholos, populares, que están con la oposición. No vamos a dividir así, de manera tan radical.

Los gobiernos de países en conflicto suelen culpar a los medios de azuzarlos. ¿Cómo es la relación de Morales con los medios?

La relación no ha dejado de ser tensa. Tenemos un sistema mediático privado que ha sido, por lo general, más conservador, que responde a una esfera privada, a una visión con ciertas elecciones en la construcción de los relatos mediáticos, pero tienes también un cambio cuando llega Evo Morales. Obviamente, lo primero que hace es intentar consolidar medios que respondan más a su proyecto de poder político, medios públicos, estatales, que responden más a una visión gubernamental y que se oponen al resto de los medios que no son de la Virgen María: son de empresarios, de la Iglesia…

Los opositores a Morales acusan al diario que usted dirige de masista. ¿Cuál es la posición editorial de La Razón, por ejemplo, sobre el resultado de las elecciones?

Nos hemos ido siempre al dato frío. En verdad han sido más bien, sí, fuerzas políticas, pero esencialmente fuerzas mediáticas con una línea más opositora, a las que les ha venido muy bien tildar a La Razón de ser un medio masista, paraestatal… Nosotros hemos intentado no jugar ni a la carta de medios francamente opositores, con una agenda empresarial, ni a los medios masistas, con una agenda propiamente gubernamental. Entonces, el trabajo de La Razón ha sido relativamente fácil, porque en este ámbito, en esta polarización política, social y mediática, es más fácil plantearse en el medio.

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