Ecocidio, nuevo pecado

Devastación amazónica por minería ilegal en La Pampa, Madre de Dios.

El Sínodo Amazónico convocado en El Vaticano concluyó que la destrucción de los ecosistemas es una acción “contra Dios y el prójimo”, y expresó su respaldo a los pueblos indígenas en defensa de la Amazonía.

Raúl Mendoza
04 Nov 2019 | 16:14 h

Mientras los obispos y delegados presentes en el Sínodo Amazónico deliberaban sobre las conclusiones del documento final para la conservación de la Amazonía y su población, dos sujetos ingresaron a una iglesia vaticana, robaron imágenes de la Pachamama que se exponían ahí y las arrojaron al río Tíber. Todo lo grabaron en video.

Esa es una muestra del malestar de sectores conservadores del catolicismo, que consideran al papa Francisco como demasiado permisivo con los “ritos paganos” de los pueblos amazónicos. También grafica lo poco que la defensa de la selva significa para muchos sectores empeñados en su explotación.

A pesar de ello, el Sínodo Amazónico concluyó el 27 de octubre pasado con más luces que sombras. En el documento final del encuentro, el ecocidio –la destrucción de un ecosistema– figura como un nuevo pecado. Allí se ha definido “el pecado ecológico como una acción u omisión contra Dios, el prójimo, la comunidad, el ambiente”. Muchos países consideran en sus legislaciones al ecocidio como un delito y un crimen contra la humanidad. Ahora también es un pecado.

En el sínodo se habló de que los pecados ecológicos dañan la creación y la armonía del creador, y deben ser reconocidos y confesados porque atentan “contra las generaciones futuras”. Al respecto, el climatólogo y premio Nobel de la Paz 2007, Carlos Alfonso Nobre, señala que estamos muy cerca del colapso de la selva amazónica.

En Lima, Marina Silva, exministra del Ambiente de Brasil, dijo al portal Ojo Público: “Los cristianos de América Latina y –particularmente de los países que comparten la Amazonía– tenemos una triple razón para proteger el medio ambiente: desde el punto de vista racional, ético y espiritual. [...] Es incoherente decir que amamos al creador y destruimos su creación”.

La región amazónica es la segunda área más vulnerable del mundo con relación al cambio climático y por ello el papa Francisco planteó en su encíclica Laudato Sí el cuidado de esta región y de la naturaleza como un imperativo ético.

Entre las conclusiones del sínodo se afirma que esa “casa común” está siendo saqueada. Sobre las amenazas a la amazonía sostiene que reina el extractivismo predatorio como el mayor peligro. “La Iglesia anima a la comunidad internacional a disponer de nuevos recursos económicos para la promoción y desarrollo justo de la región”, se cita. En ese sentido, anuncia que está del lado de los indígenas y no de las compañías mineras o de la impunidad en materia de violación a derechos indígenas. Como caso concreto, se sabe que El Vaticano ha dejado de invertir en 130 proyectos vinculados a esta zona.

Hermanos indígenas

El documento final del sínodo, consensuado en reuniones que duraron tres semanas, reconoce a las culturas indígenas como protectoras del bosque y el agua de la región durante miles de años. “Desde hace miles de años han cuidado su tierra, sus aguas y sus bosques, y han logrado preservarlos hasta hoy para que la humanidad pueda beneficiarse del goce de los dones gratuitos de la creación de Dios”, dice uno de los capítulos.

También se reconoce que la Amazonía es pluriétnica y multicultural, y que los católicos deberán adaptarse y no imponerse a esa realidad. “Rechazamos la evangelización al estilo colonialista”, dice el documento.

Entre los cambios que se anunciaban para la Iglesia se discutió si los sacerdotes en estas zonas podrían estar casados. El documento dice que un obispo en la Amazonía podría confiar en un laico que no sea sacerdote para cumplir esas funciones en su comunidad. Y la figura del celibato se mantiene, aunque fuera casado, “para poder predicar la palabra”. No hubo un avance en este tema.

Tampoco lo hubo en la posibilidad de ordenación de mujeres diáconas –que pueden realizar algunas funciones de los sacerdotes–. “La propuesta no fue bien acogida y no pasó la votación”, dice una reseña del diario El Espectador de Colombia. En el sínodo también estuvieron presentes 35 mujeres de Iglesia como delegadas o coordinadoras, pero ninguna tuvo derecho a voto.

A pesar de una posición progresista en el tema ecológico, la iglesia aún se mueve en terrenos patriarcales. El papa Francisco dice que debe cambiar el status de las mujeres en la Iglesia, pero hasta ahora poco se ha hecho. (R. M.)

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