Xiomara y Xioczana Canales esperan jugar una vez más en el Estadio

Un clásico para cambiar la historia

El partido entre los equipos femeninos de Universitario y Alianza Lima dejó huella el sábado pasado. Hacía 22 años que no se jugaba un clásico de mujeres en el Estadio Nacional. Más de nueve mil espectadores las hincharon. Al fin, los gritos de gol de nuestras futbolistas encontraron eco en la tribuna.

Juana Gallegos
05 Nov 2019 | 15:46 h

Martes de primavera con sol quemante de mediodía en el Estadio Nacional. Las gemelas Xioczana y Xiomara Canales visten las camisetas de sus equipos, el crema de Universitario de Deportes y el blanquiazul de Alianza Lima respectivamente. Colores antagónicos entre sí, como el yin y el yan, colores que evocan una rivalidad antigua y una pasión que creíamos exclusivo de los hombres. Porque el fútbol, al menos el profesional, el que es televisado y el que convoca a miles, -siempre ha estado asociado sólo a ellos.

Pero estas hermanas de 20 años representan otra época para el fútbol femenino nacional. La una como volante extremo de la U y la otra como defensa de AL pertenecen a una generación de jóvenes cuyo sueño, además de meter el balón en el arco rival, es convertirse en futbolistas profesionales. Anhelan ser tratadas como deportistas de élite y que su carrera prospere tanto como para llegar a ser estrellas de multitudes como sus colegas varones.

Es la segunda vez que las gemelas Canales pisan el gras del Estadio Nacional. El sábado pasado, sus equipos quedaron finalistas del torneo Zona Lima preliminar del Campeonato Nacional de Fútbol Femenino y se enfrentaron en este mismo recinto y fueron ellas las que protagonizaron la jugada que definió el primer gol favorable para Universitario que finalmente ganó 2 a 1.

Corría el minuto 20 del partido, Xioczana atacaba y se acercaba al arco rival dueña del balón cuando de pronto es atajada por su hermana. Aquella intenta burlarla pero no puede, Xiomara ya la rodea por la cintura y la jala y ambas caen al campo.

Suena el silbato. La árbitro cobra la falta. Penal a favor de la U. La volante central Cindy Novoa anota el primer tanto crema. “Yo estaba molesta con ella porque me estuvo pateando mucho durante el partido” –comenta Xioczana con picardía, sin maledicencia, la rivalidad se queda en la cancha, dice la jugadora.

A la emoción de haber ganado el clásico, dicen las hermanas, se sumó algo más transcendental. Después de 22 años se volvía jugar un clásico de fútbol femenino en el Nacional, y lo que es mejor, fue un partido a puertas abiertas. “Fue un partido histórico para el fútbol femenino – indica Guillermo Echevarría, Jefe de Desarrollo de la Federación Peruana de Fútbol – fue transmitido en vivo por señal abierta, digital y radial, fue más gente a verlas que durante los Panamericanos cuando la Selección de Fútbol Femenino jugó contra Argentina”.

Cerca de 10 mil hinchas las vieron jugar, las alentaron, sufrieron con las faltas mal cobradas, gritaron sus goles desde las tribunas, el coloso José Díaz vibró de emoción y las jugadoras también, y es que fue la primera vez en la historia del país que tanta gente presenció un partido de fútbol femenino, porque hasta ese sábado 26 de octubre jugaban sin espectadores y a puerta cerrada.

Nadie festejaba sus quiebres, sus chalacas, sus sombreritos. No encontraban las futbolistas respuestas en la tribuna, eran partidos fríos e invisibles.

“Si nadie nos ve, ¿cómo sabrán que existimos? ¿cómo se enterarán las niñas que existe el fútbol femenino en el país?”, dice Xioczana Canales.

Quieren ser vistas

Los optimistas dicen que el fútbol femenino peruano vive un resurgir, y que este año marcará un antes y un después en su historia. En la cancha del estadio Lolo Fernández, en Breña, tras el entrenamiento de la selección de mayores, las jugadoras cremas se toman un respiro y evocan un “pasado mejor”. No recuerdan la fecha exacta, pero definitivamente sucedió a finales de los noventa:

“Dicen que el fútbol femenino estaba ganando vuelo y que la gente iba a los partidos. No sé por qué decayó tanto. Si se le hubiera dado el empujón en el pasado, ahora sería diferente”, comenta Xioczana.

Y el fútbol femenino no ha decaído porque no haya futbolistas o se dejaran de jugar partidos. En los últimos veinte años, la U, por ejemplo, fue ocho veces campeón del torneo Zona Lima y ganó tres veces el título nacional. Las mujeres la estuvieron ‘sudando’ en las canchas pero no lo supimos, hacían goles y no los vimos. “Queremos que nos vean más, que los videos de nuestros encuentros se viralicen, que la prensa vaya a vernos, nos ayudaría mucho”, reclama la mediocampista Deyanira Mauricio (17).

A fines de agosto pasado, algunas futbolistas decidieron manifestarse y salir de las sombras. Para el partido de la novena fecha del Zona Lima, entre Universitario y Sporting Cristal, la organización prometió dejar ingresar a la hinchada a Campo Mar, pero no sucedió. Volvieron a jugar sin espectadores.

Con un gesto, la “11” de la U, Steffani Otiniano, decidió ponerle coto a esta situación. Al anotar un gol, corrió y se plantó frente a los pocos fotógrafos que cubrían el encuentro y colocó un antebrazo sobre el otro formando el signo igual. Emuló a la gran Marta Vieira -futbolista brasileña, seis veces la mejor jugadora del mundo- que popularizó el gesto durante el Mundial de Fútbol Femenino Francia 2019 pidiendo un trato igualitario con pares varones.

En el Lolo, las cremas recuerdan con orgullo el atrevimiento de ‘Steff’, y reproducen su gesto como un saludo de complicidad. “Nos piden resultados, nos dicen que sino resaltamos, nadie nos va auspiciar. No están apostando por el fútbol femenino, la gente olvida que detrás de cada chica hay una historia de sacrificio que contar”, interviene la lateral derecho, Gianella Romero, que vive en Huachipa, a dos horas de Lima, y asiste con puntualidad a los entrenamientos del equipo.

Su apuesta, dice, es llegar a un Mundial de Fútbol Femenino, aunque su madre Juana De La Cruz, que a veces la recoge de los entrenamientos, piense que debe estudiar una carrera “formal” porque “la ‘vida útil’ de una futbolista acaba a los 30 años, ¿y luego qué hará?”, nos pregunta.

La visibilidad entonces es la punta de lanza de nuestras jugadoras. Y es que si no hay prensa, dicen, sus partidos no serán difundidos, y el público no se interesará en verlas. Y si no hay hinchada, el fútbol femenino no llegará a convertirse en un espectáculo de multitudes, las marcas no estarán interesadas en auspiciar a los equipos y estará más lejos de convertirse en una industria.

Asignaturas pendientes

Otra de las promotoras del movimiento #QueremosSerVistas, impulsadas por las futbolistas peruanas sin importar el color de la camiseta vía redes sociales, es la volante de la Selección Femenina de Fútbol Cindy Novoa (24), natural de un pequeño caserío del Amazonas que no pasaba de ochenta habitantes.

En numerosas entrevistas, la también capitana de la U, ha resumido el listado de precariedades que padece el fútbol femenino local: jugar en canchas en mal estado, no tener implementos deportivos necesarios, carecer de ambulancias o asistencia médica durante los partidos, además, de los bajos sueldos de las futbolistas que en comparación a sus homónimos varones son irrisorios, la ausencia de auspiciadores, la pésima organización de los torneos.

Pero en medio de las asignaturas pendientes del fútbol femenino, resalta la apuesta de sus colegas por un deporte al que toman con mucha profesionalidad. “Los profesionales no solo son los que ganan dinero -dice Cindy-, para mí son las personas que se comprometen, las que dejan todo para hacer lo que realmente les gusta, yo me considero una futbolista profesional”.

Una que se levanta a las 5 de la mañana y cruza la ciudad para llegar a tiempo a los entrenamientos, que cumple a rajatabla las instrucciones del entrenador, y que estudia, además, una carrera universitaria y lleva clases de inglés. “¿Ves esto? -dice la jugadora señalando un pequeño llavero- es la foto de mi papá. Murió hace cuatro años, y no me vio jugar ni un partido porque ‘jugamos a puerta cerrada’”.

Dejarlo todo en la cancha

La lateral Luisa Ramírez (29) del Club Alianza Lima también toma con mucha seriedad el deporte. Las luces de los reflectores del emblemático Estadio Alejandro Villanueva, en La Victoria, se encienden, y junto a sus compañeras se prepara para iniciar el calentamiento.

“Queremos que nuestro deporte sea profesional, que nos paguen por nuestros esfuerzo”, comenta Luisa mientras se coloca unos anteojos especiales para jugar fútbol. Es 31 de octubre, víspera de un feriado, y mientras en las calles la gente se prepara para las fiestas, las ‘íntimas’ se dejan la piel en cada salto y flexión.

En comparación al equipo femenino de Universitario, que tiene más años de existencia, el blanquiazul se formó en 2013, tuvo un parón de cuatro años, y volvió a reflotarse en agosto último. “No llegamos al clásico con nuestras jugadoras al cien por ciento. Varias arrastraron lesiones de partidos previos contra el [Deportivo] Municipal y el [Sporting] Cristal, de este último salieron dos chicas en camilla de la cancha”, se justifica el entrenador Samir Mendoza.

El DT menciona que si bien no aún no hay empresas que apuesten por el fútbol femenino, es nuestra propia cultura machista la que no termina de aceptar que las mujeres también pueden mover el balón. “Aún vamos lento si nos comparamos con otros países de la región”, agrega Mendoza.

Brasil, Argentina, Chile y Colombia están un peldaño más arriba en cuanto a nivel de técnico de sus equipos y organización de torneos. Perú despertó de su letargo después de que la Confederación Sudamerican de Fútbol (Conmebol) exigió a los clubes tener sus equipos femeninos como requisito para participar en los torneos.

Cerca de la hora de almuerzo, las gemelas Canales parten a sus actividades. Xioczana a sus clases de psicología y Xiomara a su trabajo como terapeuta física. Ambas buscan entradas de dinero extra para poder sustentar sus carreras como futbolistas. “Pero ya no entramos mucho a las ‘estafas’”, dice

Xiomara. Se refiere a jugar en campeonatos de barrio por algunos soles, actividad riesgosa pues podrían lesionarse y bajar su rendimiento en el club. Así está el fútbol femenino en el país, luchando contra el anonimato, despertando el interés el público, reescribiendo la historia.

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