Sonrisas para desafiar al cáncer

Óscar Miranda

Milagros, Julisa, Carolina, Sonia y Mercedes, integrantes del Club de la Mama, se alistan para desfilar este jueves en el auditorio del INEN. Foto: Melissa Merino. Agradecimientos: Salón & Spa Lidia's Internacional, en Av. Arnaldo Márquez 1200, Jesús María. Telf. 763-3543. / Circuito Mágico del Agua.
Milagros, Julisa, Carolina, Sonia y Mercedes, integrantes del Club de la Mama, se alistan para desfilar este jueves en el auditorio del INEN. Foto: Melissa Merino. Agradecimientos: Salón & Spa Lidia's Internacional, en Av. Arnaldo Márquez 1200, Jesús María. Telf. 763-3543. / Circuito Mágico del Agua.

En el Club de la Mama, un grupo de mujeres con cáncer ayudan a otras pacientes a enfrentar la enfermedad con actitud y sin descuidar su imagen personal. El jueves 17, ellas protagonizarán el tradicional desfile “Siempre Bellas” en el INEN.

La última noche de su vida anterior, Milagros Tancahualpa la pasó cantando cumbias y merengues en un local con la orquesta en la que trabajaba.

Llegó a su casa a eso de las 3, se recostó sobre la cama y sintió la incomodidad. Era el bultito. Sabía que estaba allí desde hacía al menos cinco años pero, por miedo, nunca fue a chequearse. No quería saber. Esa madrugada, sin embargo, sintió la presencia del bultito como nunca antes. No pudo dormir. Por la mañana fue con su hermana al médico. Y confirmó su peor temor: tenía cáncer de mama.

Milagros dejó su trabajo en la orquesta, en la que llevaba casi 20 años. Dejó de cantar. Y se entregó por completo a combatir el mal que había estado creciendo durante tanto tiempo en su pecho. Cuatro quimioterapias rojas, doce blancas. Treinta y tres radioterapias. Largas temporadas en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN). Por momentos, se quería morir. Adiós al canto. Adiós a los shows. Adiós a esa vida anterior que tanto había amado.

Pero Milagros no se quedó estancada en el pozo de su depresión. Gracias al amor de su familia, que nunca la dejó sola, fue recuperando el optimismo. Aprendió a maquillarse, a disimular la pérdida del cabello y las cejas. Se compró una hermosa peluca. Ella dice que aprendió a reír, sola, frente al espejo.

Una mañana, cuando esperaba una cita con su oncólogo en el INEN, una asistenta social que pasaba por allí le avisó que en al auditorio habría un acto por el Día de la Madre. Milagros fue a curiosear. Lo organizaban un grupo de pacientes y expacientes voluntarias, llamado el Club de la Mama. Habrían pequeñas presentaciones y regalos. Milagros se acercó al tipo que manejaba el equipo de sonido y le preguntó si acaso tenía una pista musical de Olga Tañón. El tipo la tenía. Ella dijo que si querían, ella podía cantar. Le dijeron que volviera a las 11.

Esa mañana, antes de que el acto por el Día de la Madre acabara, las chicas del Club de la Mama le pidieron a Milagros que saliera al escenario.

Ella subió, tomó el micrófono, y cantó. Volvió a cantar, después de casi dos años, desde la noche anterior al día en que su vida había cambiado por completo. En sus momentos más oscuros, solo pensaba en cuántos días más le quedarían de vida. Ahora, sobre el escenario, sentía que estaba botando todo. Estaba volviendo a sentir esa energía. Se sentía viva.


REINVENTAR LA VIDA

El Club de la Mama comenzó en 2006, como un proyecto de la oncóloga Tatiana Vidaurre. Ella había ganado ese año el concurso Señora Perú y, como trabajaba en el INEN, se le ocurrió llevar a otras misses, como Marina Mora y Lucila Boggiano, para que maquillen, le pongan pañuelos y le enseñen a desfilar por la pasarela a un grupo de pacientes de cáncer de mama.

El primer desfile “Siempre Bellas” fue un éxito total. Al ver lo contentas que habían quedado las pacientes, Vidaurre le propuso al director del hospital hacer un programa permanente. Así nació el Club de la Mama.

Fue cambiar el dolor por color y esperanza en la vida de las mujeres con cáncer– dice. – Darles actividades que reinventen su vida, que les den ese lado femenino, para que no pierdan su femineidad. Darles ese soporte emocional y complementario que es tan importante.

Con el tiempo, las labores del club trascendieron los talleres de imagen personal. Con el impulso que le dio otra de sus fundadoras, la expaciente Susana Wong, se abocó a otras tareas, como difundir la importancia de la prevención, los chequeos y autoexámenes.

–Estamos en el Hospital Santa Rosa, en la Maternidad de Lima y tenemos un modelo comunitario de prevención con la Municipalidad de San Juan de Miraflores– dice Susana. –También trabajamos en Piura, Cusco, Trujillo y Tarapoto.

Las integrantes del club procuran enseñarles a las mujeres que las escuchan cómo hacerse autoexámenes y qué hacer de inmediato cuando detectan el temible bulto en sus senos. Milagros Tancahualpa suele contar su historia: cómo dejó que pasaran cinco años antes de acudir al médico y permitió que el tumor llegara a medir casi siete centímetros. Todo lo que tuvo que pasar por descuido. Por miedo.

Su labor principal, sin embargo, sigue siendo ayudar a las pacientes del INEN a enfrentar el mal con actitud y esperanza.

–Somos pacientes ayudando a otras pacientes– dice Milagros. –Ellas nos necesitan y nosotras estamos allí para ayudarlas. Hablamos con las que recién han sido operadas o han recibido su quimio y están con el ánimo caído, les decimos “yo también estuve acá, yo también estuve así”.

Milagros suele también cantarles. A veces, solo necesitan escucharlas. Eso era lo que se limitaba a hacer al principio Carolina Conislla cuando entró al club, a inicios de 2019, solo un año después de haber iniciado su propio tratamiento.

–Casi no les hablaba a las pacientes, porque yo también tenía miedo– dice. –¿Qué les podía decir si yo estaba igual que ellas? Me iba al club temblando. Pero a veces solo escucharlas también les ayudaba. O tener gestos simples, como abrazarlas.

En esas visitas, Carolina aprendió que compartir el tiempo con otras personas, confortarlas, le ayudaba a reducir sus miedos. Le levantaba el ánimo.

–A mí el Club de la Mama me dio seguridad– dice Milagros. –Es mi segunda familia. El INEN es como mi segunda casa. Cuando yo dejo de ir, es como si me faltara algo. Es algo mágico.


REINAS DE LA PREVENCIÓN

El cáncer de mama sigue siendo el tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres peruanas. En 2018 se registraron 6,985 nuevos casos y 1,858 muertes a causa de esta enfermedad. Una de las razones de este alto número de decesos es que entre el 40% y el 50% de los casos se detectan en una etapa avanzada.

Por eso es tan importante hablar cada vez más del tema. Hablar de la necesidad de la prevención, los autoexámenes y los chequeos médicos regulares.

Por eso, dice Tatiana Vidaurre, es importante la labor de estas “embajadoras de la prevención”, como llama a las integrantes del Club de la Mama. Porque son “la voz de los pacientes”.

Todas las semanas, el club ofrece talleres gratuitos de nutrición, de rehabilitación, de psicooncología y de imagen personal para los pacientes del INEN. Y una vez al mes, Tatiana Vidaurre dirige una sesión en la que absuelve todas las preguntas que las mujeres no se atreven a hacerle a sus médicos.

El jueves 17, las miembros del club participarán en la XIII edición del desfile “Siempre Bellas”, en el auditorio del hospital. Mercedes Palomino, una de las coordinadoras, dice que será una fiesta. Gracias a la colaboración permanente de la organización Miss Perú, contarán con la presencia de varias reinas de belleza y artistas locales.

Esa noche, las pacientes desfilarán ante los medios, autoridades y público en tres pasadas: primero, como integrantes del club, con sus uniformes; luego, con trajes típicos; y, finalmente, con vestidos de gala, cedidos para la ocasión por la marca Moda Bella de Gamarra. El maquillaje será donado por la firma Estée Lauder y aplicado por la maquilladora Mónica Hinojosa. Al final del evento, todas las participantes serán coronadas.

Es, básicamente, un momento de celebración de la vida– dice con emoción Tatiana Vidaurre. –Las pacientes se convierten en reinas de la prevención del cáncer. Y son testimonios de vida de que con cáncer también se puede vivir bien.