De izq. a der.: Daniel Díaz, Edys Humberto Sánchez y José Luis Mendoza.

Los hombres que desactivaban coches bomba

Durante la peor época del terrorismo, los miembros de la UDEX se jugaban la vida en cada intervención. Podían enfrentarse a un coche bomba o un explosivo camuflado en un objeto. El documental Con el alma en vilo cuenta sus historias y reconoce su aporte a la pacificación.

Raúl Mendoza
23 Sep 2019 | 18:18 h

Eran los inicios de los años 90 y el suboficial PNP Edys Humberto Sánchez, agente de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) estaba destacado en Huancayo. Por esas épocas Abimael Guzmán aún no había sido capturado y Sendero Luminoso sembraba las calles con banderas, pintas y explosivos. Un día llegó el aviso de una emergencia: una camioneta de caudales estaba estacionada en la calle y humeaba. El suboficial Sánchez llegó hasta el lugar con sus compañeros y comprobó que se trataba de un coche bomba.

El dispositivo de explosión estaba colocado en el asiento del copiloto. Era un frasco de ácido del cual pendía una mecha que iba a un costal de yute con un polvo blanquecino. “Ese polvo era clorato de potasio. Si el ácido corroía la tapa de plástico que le habían puesto y caía sobre el clorato se producía fuego”, cuenta el suboficial Sánchez. Y si el fuego avanzaba a la parte de atrás, donde había anfo y dinamita, todo volaba.

Los agentes de la UDEX actuaron rápido. La pregunta que se hicieron fue: ¿cómo abrimos un vehículo blindado? No se podía abrir la puerta pero podían sacarla: con un punzón y un martillo desmontaron las bisagras y sacaron los pines. El suboficial Sánchez, cogió el frasco de ácido y lo sacó del vehículo. El peligro estaba conjurado. “Si ese día nos demorábamos dos o tres minutos más, no te estuviera dando esta entrevista”, me dice Edys Sánchez con ironía.

Él es uno de los más de quinientos agentes de la UDEX que prestaron servicios en esa unidad especializada durante las épocas más sangrientas del terrorismo: la década del 80 y parte de los 90. En épocas en que no se contaba con los sofisticados equipos que hoy existen para esa labor, se jugaban la vida en cada emergencia. Incluso cuando debían desactivar un coche bomba no usaban el traje antibombas, que pesaba 30 kilos, porque les quitaba movilidad. Además, si la carga estallaba el traje no los salvaría.

El testimonio de este suboficial, el de muchos de sus compañeros y la historia de la UDEX en esos años duros serán recogidos por el documentalista Luis Enrique Cam en el documental Con el alma en vilo que empezó a grabar este año y estará culminada y lista para su estreno en marzo de 2020. “Ellos enfrentaron al terrorismo no con armas sino con su conocimiento, su coraje y exponiendo su integridad física”, dice Luis Enrique. Su película es un homenaje y un llamado a la memoria.

Héroes anónimos

Hace más de tres años, Luis Enrique Cam conversaba con un amigo camarógrafo, Hernán Zavala, y éste le contó que en el pasado había sido policía y que además había pertenecido a la UDEX. Le contó incluso que alguna vez, en Breña, desactivó un coche bomba. El vehículo estaba humeando por la mecha lenta que tenía. Él se acercó, rasgó el saco del anfo para encontrar la mecha y la cortó. Fue una acción muy arriesgada pero no le tembló el pulso.

“Le pregunte ‘¿qué fue de tus compañeros? ¿a qué se dedican?’. ‘A muchas cosas. Hay unos que trabajan en seguridad, uno hasta tiene un restaurante, es cocinero’, me dijo. Caí en la cuenta de que en Lima o en todo el Perú hay héroes anónimos que caminan a nuestro lado y que participaron en la lucha contra el terrorismo de esa forma”, reflexiona Luis Enrique sobre el sacrificio que esos policías hicieron por el país y por todos sus compatriotas.

Los grupos terroristas, Sendero Luminoso o el MRTA, dejaban banderas colgadas en muchos sitios con un explosivo amarrado. Un paquete tipo tamal. Muchas veces, de todos los que dejaban la mayoría eran solo arena o papel, pero dos o tres de ellos contenían explosivos reales. Así que los agentes de UDEX tenían que tener con todos el mismo cuidado a la hora de “atacarlos”.

Cifras recogidas por Luis Enrique señalan que durante el periodo del terrorismo los militantes de estos grupos dejaron sembrados unos 12 mil artefactos explosivos. Más del 95% fueron desactivados por la UDEX. En esa guerra silenciosa que esta unidad libraba con los terroristas, muchos agentes de esta unidad sufrieron lesiones: perdieron la vista, las extremidades o quedaron con secuelas neurológicas. El lema de la unidad no es gratuito: “El primer error es el último”.

“La UDEX nace en 1988 y empieza una guerra de ingenio con los grupos terroristas. El terrorismo para hacer artefactos más sofisticados y el ingenio de la UDEX para desactivarlos. Se convierte en una guerra silenciosa. considero que a esta unidad de la Policía no se le ha dado el debido espacio para comprender lo que sucedió en la época del terrorismo. No podemos hablar de esa época sin escuchar o hablar de la UDEX”, comenta el documentalista.

Entre los protagonistas también está el ahora coronel en retiro Johnny Saavedra. Cuando era capitán de la UDEX acudió a una emergencia en Comas un 17 de mayo de 1991, un día de paro armado de SL. Había una bandera roja con un explosivo en un cerrito. Saavedra entró con su compañero Manuel Valenzuela. Cuando estaban en la labor de desactivación el artefacto estalló. Valenzuela perdió un ojo, una pierna y un brazo. Johnny Saavedra perdió un ojo y después la visión del otro. Por eso fue ascendido a coronel, tres grados más del que tenía.

“Johnny es autosuficiente. Camina con su bastón, lee braille, y es un símbolo de coraje y autosuperación para sus compañeros”, cuenta Luis Enrique.

Recordar con orgullo

El mismo día que un coche bomba estalló en la calle Tarata, Miraflores, el oficial UDEX Gustavo Medina también desactivó un coche bomba que Sendero Luminoso había dejado cerca de la comisaría de José Carlos Mariátegui, en Villa María del Triunfo. Era una combi cargada con 450 kilos de anfo y dinamita cerca de varias casas. Evitó un desastre en la zona.

Esta semana también hablamos con el suboficial superior Daniel Díaz, quien laboró 37 años en la UDEX y vió de cerca el accionar del terrorismo. En toda su carrera ha desactivado cientos de artefactos explosivos y varias veces pudo haber sido su última acción. También ha contado que cuando los terroristas dejaban cuerpos abandonados, ellos debían ver si había granadas debajo que pudieran explotar. “Por toda esa entrega de tantos años, casi no pude ver crecer a mi hija mayor. Ahora le dedico todo mi tiempo a mi familia”, dice.

Con él también está el suboficial superior Jose Luis Mendoza, quien recuerda mucho su primera intervención. Fue en el local del consulado norteamericano. Allí habían dejado un maletín abandonado en la oficina del consul. Con un gancho lo levantaron y lo dejaron caer, lo que abrió un poco el maletín. Dentro había cables. “Lo dejamos caer por segunda vez y al final lo abrimos con un garfio. Era el maletín de un electricista, pero al sacarme el traje estaba mojado por el sudor. No me olvido la tensión”, cuenta.

Daniel, Jose Luis y Edys Humberto, recuerdan los duros días en que salían a pelear una guerra que al final ganaron. “Héroe no solo es el que muere, sino el que dedica su tiempo y sus conocimientos para evitar que otros mueran”, dice el suboficial Sánchez. “Ellos son una hermandad, se frecuentan. Están muy orgullosos de la labor que hicieron y lo harían de nuevo, aunque se sienten un poco olvidados. Es una suerte de nostalgia por el poco reconocimiento que han tenido”, me dice Luis Enrique Cam. Su documental busca corregir ese olvido. Un grupo de policías atrapó a Abimael Guzmán, los agentes de UDEX desactivaron las bombas que sus huestes sembraron.

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