Por estos días, el actor está presente en la pantalla grande por partida doble: en el drama Norte y en la comedia Papá x 3. Foto: Jhonel Rodríguez.
Por estos días, el actor está presente en la pantalla grande por partida doble: en el drama Norte y en la comedia Papá x 3. Foto: Jhonel Rodríguez.

Gianfranco Brero: “Los actores tenemos derecho a expresarnos políticamente”

Óscar Miranda
15 Sep 2019 | 12:31 h

Para Gianfranco Brero (66) actuar es un placer, una diversión, pero también algo que puede llenarlo de miedo. Puede ser un papel, como cuando Francisco Lombardi le pidió que encarnara a “Faúndez”, el veterano y cínico periodista del diario “Clamor”, en la multipremiada Tinta roja (2000) –"el personaje estaba fuera de mi edad, no creí que podría hacerlo". O puede ser una escena, como el intenso momento final de Norte (2019), la película con la que hace unas semanas volvió a la pantalla grande. En ella, Brero interpreta al patriarca de una familia peruana, inmigrante en Canadá, que se reencuentra con su hijo mayor, a quien no veía en 15 años. La escena final era clave y a él le preocupaba hacerla bien. Pero dice que, felizmente, tuvo al frente al gran Rómulo Assereto, con quien las cosas fluyeron con la energía requerida. Hay temor algunas veces, sí, pero hay, sobre todo, un gran placer. Por eso, aunque no vive de actuar, cada cierto tiempo se entrega a esta pasión. Y en estas semanas, casualmente, lo tenemos por partida doble.

Estás en la pantalla grande con Norte y con Papá x 3 y en octubre lo estarás con Sebastiana: La Maldición. Pareces un actor con mucho trabajo.

• No es tanto, ah. Norte se grabó a inicios de 2017 y se ha estrenado dos años después. Papá x 3 se grabó hace poco, digamos que ha salido bastante rápido. Y Sebastiana... ha sido un proceso más largo y ahí solo tengo una pequeña secuencia.

¿Ha sido una coincidencia?

• Sí, sí. No era el flujo que debía ser.

Porque no eres alguien que viva del cine. Tú has dicho que no vives de la actuación.

• No, no vivo de la actuación.

¿Y de qué vives?

• Soy profesor. Yo entreno gente para hablar en público.

Ese es tu trabajo de todos los días. ¿Qué tiene que pasar para que lo dejes aparcado por un momento y actúes?

• Que haya un buen guión. ¡Y que me llamen! (risas).

¿Aceptas todas las llamadas?

• Acepto la mayoría, pero siempre quiero ver el guión. Enséñame de qué vamos a hablar, qué personaje me vas a dar. Hay un problema de encasillamiento en general. Y cuando tú ves un personaje como el de Norte... Es un personaje que tiene pequeños matices, pero tiene matices. No es un desgraciado. Sí es un padre autoritario, que de alguna manera regula a la familia, pero también es un padre que tiene ciertos afectos y cosas que se notan en la película.

¿En algún momento de tu carrera sentiste que te estabas encasillando?

• No exactamente, pero si un día haces el papel de loco, te van a llamar para hacer de loco varias veces.

Dijiste hace poco que sientes que el cine peruano está en un buen momento.

• Claro que sí.

¿Por qué?

• Porque hay más gente que está haciendo cine. Porque hay una generación que se ha educado en el audiovisual, entonces, está mirando de otra manera. No te podías imaginar una película como Retablo o Wiñaypacha hace algunos años Ahora sí se puede.

Hace dos años dijiste que todavía faltaba en el Perú un cine que nos llevara a la reflexión.

• Retablo es una película que te hace pensar. Norte, de alguna manera, te hace pensar, porque no es una película de acción o una comedia. Incluso, en una comedia tú puedes salir y quedarte con un saborcito detrás.

¿Estás viendo algo en Netflix?

• Estoy viendo El espía. Es una miniserie con Sacha Baron Cohen, que es un espía israelí entrando a Siria. Otra cosa que me gustó fue una serie danesa llamada Algo en qué creer, la historia de un pastor luterano cuya familia se está desmoronando. Un dramón. Interesante.

¿Tienes televisión?

• La tengo acá [señala su celular]. Yo creo que la televisión, tal como la conocemos, va a desaparecer completamente. La abierta y la de cable. La serie de la que te hablaba yo la tengo descargada acá y la puedo ver ahorita, sin internet.

Pero tienes televisión en casa.

• Sí. Se prende cuando vemos películas en DVD.


MAESTRO DE LA PALABRA

En efecto, Brero vive de enseñar a las personas a hablar en público. Comenzó en 1989, cuando se quedó sin trabajo y se fue a tocarle la puerta a un instituto de publicidad para ofrecerse como profesor. A los directivos, la idea les encantó. Desde entonces, en paralelo a sus incursiones en el teatro, el cine y la TV, ha enseñado a comunicar mejor sus ideas a ejecutivos, presentadores de televisión, gente común y corriente, y políticos, incluyendo a unos cuantos que hoy son congresistas.

¿Qué político te parece un buen comunicador?

Alan (García), sin duda. Era un tipo que tenía niveles de cercanía extraordinarios. Lo que noté en las últimas elecciones es que su discurso había quedado desfasado.

Es curioso porque de un tiempo a esta parte las elecciones las ganan...

• Los que tienen cero capacidad retórica.

Sí. Estaba pensando en PPK, por ejemplo, pero también en alguien como Luis Castañeda.

• Creo que tienes que saber comunicar bien tu idea, no necesariamente ser un “gran comunicador”. Y también depende de las coyunturas, ¿no? Kuczynski sale por el antivoto (fujimorista) muy fuerte y la caída de Acuña y Guzmán. Y el caso de Keiko es que, si bien tiene las ideas ordenadas, no tiene comunicación emocional.

¿Te parece?

• No tiene. Cero. La máxima comunicación emocional es su rabia.

¿Qué te parece la comunicación de Martín Vizcarra?

• Ha ido mejorando, en el sentido de que antes era más concesivo y ahora se ha puesto un poco más imperativo. Su dedo adelante, ¿no? Comienza a dictar las cosas. Pero no sé si es la mejor comunicación.

¿Y cómo ves a Salvador del Solar?

• Salvador es un capo. No estoy hablando de contenido, ah. No estoy hablando de lo que dice, sino de cómo lo dice.

¿Es tu amigo?

• Sí, claro.

¿Qué pensaste cuando se convirtió en premier?

• Yo estaba a favor de eso. Salvador es un tipo muy inteligente y, bueno, eso tiene que aprenderse y desarrollarse.

Cuando asumió como ministro de Cultura algunos minimizaron sus credenciales diciendo que “solo era un actor”.

• Ese es el prejuicio de una sociedad que minimiza a los actores. A mí me han dicho alguna vez por Twitter “cállate, actor de pacotilla”. Y bueno, pues, soy un actor, cuál es el problema. A mí no me preocupa eso, es una manera de desprestigiar.

¿No crees que en tiempos recientes los actores se han animado más a pronunciarse políticamente?

• Pero hay actores que se manifestaron desde la época de la salida de [Alberto] Fujimori. Y comienzan a expresar sentimientos diferentes, tanto de un lado como del otro. Y, vaya, hombre, los actores somos seres que vivimos en esta sociedad y tenemos derecho a expresarnos políticamente.

Practicas el budismo desde hace casi 30 años. ¿Qué le ha aportado a tu vida?

• (Piensa) Miro las cosas de manera diferente. Hay cosas que podrían afectarme un montón y que no me afectan tanto. O, en todo caso, si algo me hace sufrir, no me aferro al sufrimiento.

¿Existe la reencarnación?

• Probablemente. Podría ser, pero podría no ser también.

¿Y la vida después de la muerte?

• No lo sé. Creo que lo más importante es lo que estamos haciendo tú y yo ahora. El presente es tan efímero, tan efímero, que si tú logras estar en el presente, ya no hay neurosis, ya no hay tensión. Puedes tener proyectos y sueños, pero pensar que las cosas van a salir como tú las imaginas es la cosa más absurda del mundo.

¿Cuál es tu sueño?

• Es muy simple. Quiero mucha tranquilidad. Una casa en el campo, en un lugar alejado, aunque no sé si lo puedo hacer. Si tuviera el dinero, me haría una casa de campo y a lo mejor me iría a vivir allí. Pero tengo que trabajar para vivir. Y en el campo nadie me va a contratar para hablar en público (risas).

Video Recomendado

Lazy loaded component