Estefanía Gómez y Fernando Rodríguez, ganadores del Mundial de Tango en la categoría escenario.
Estefanía Gómez y Fernando Rodríguez, ganadores del Mundial de Tango en la categoría escenario.

Noticias desde la capital del tango.

Con frío polar y subida del dólar, Buenos Aires vive uno de sus meses más intensos. A ello se suma el Campeonato Mundial de Tango, que convocó a bailarines de 30 países y calentó las gélidas noches de la ciudad. Un reportero de Domingo trata de explicar este fenómeno cultural.

Emilio Camacho
26 Ago 2019 | 11:15 h

Buenos Aires, la ciudad que tiene la mayor cantidad de psicólogos per cápita en el mundo (198 por cada 100 mil habitantes) y en la que pasar por el diván es tan común como el asado de fin de semana, todos tienen algo que contar. La semana pasada dos eran los temas que dominaban las charlas bonaerenses: la fuerte subida del dólar y el frío polar, que el martes 13 de agosto estuvo a punto de llegar a temperaturas bajo cero.

Por eso Óscar, el taxista que me lleva a la Usina del Arte de Buenos Aires, donde tendrán lugar las semifinales del Mundial de Tango no para de decirme lo que piensa de Mauricio Macri y su opositora Cristina Fernández, a la que detesta y responsabiliza por los temblores en la economía argentina. Hasta que le recuerdo que voy a ver el mundial. Y entonces, este hombre menudo, de caprichosa melena crespa, hace lo impensado: deja de hablar. Y se pone a cantar.

“Tembló el rosal al escuchar aquel adiós. Hasta las rosas se quedaron sin color. Si por mis celos yo perdí tu querer ¡Ay de mí! Me dice el corazón, me miente el corazón, que nunca volverás”.

Con claro afán freudiano, Óscar vuelve a la charla. Y mientras avanzamos por la avenida Ricardo Balbín me pide que me grabe dos cosas: que el tango se puede escuchar y bailar, y que no hay nadie más grande que Juan D’Arienzo (célebre músico y director de orquesta). Luego insiste en que escuche algo más. Pero la conexión de internet en su celular falla, se desespera y llama “soretes” a los directivos de Movistar. El viaje ha terminado.

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La Usina del Arte de Buenos Aires era un viejo edificio industrial que proveía de electricidad a la ciudad hasta 1990, cuando se privatizaron los servicios públicos. Esa energía sigue aquí esta noche. Revestida de luces de colores que van del amarillo al violeta, y del violeta al rojo, esta antigua construcción, restaurada en 2012, acoge a los semifinalistas del mundial de tango en sus dos categorías: pista (clásico) y escenario (acrobático).

En su auditorio principal se irán presentando de a pocos todos los semifinalistas. Habrá parejas venidas de Rusia, Malasia, Turquía, Corea del Sur, Italia, Inglaterra, Cuba. También habrá parejas mixtas, integradas por locales y extranjeros. Y estarán también las que vienen de países vecinos como Uruguay, Chile y Brasil. El público será generoso. Aplaudirá a los que vienen cruzando el océano o la cordillera.

La orquesta que ha precedido a los participantes se hace llamar Los Herederos del Compás, y reivindica el estilo tradicional de Juan D’Arienzo. Han tocado “Andate por Dios” y ahora se divierten con unos solos de piano, violín, contrabajo y bandoneón.

Eugenio Soria tiene el perfil de un hombre tranquilo e imperturbable. Lleva la melena bien peinada, y los lentes y la corbata en su lugar. Pero ahora que Los Herederos del Compás le han pedido un solo de bandoneón se agita y deja que el pelo le caiga sobre la cara, mientras golpea su instrumento contra el muslo derecho y juguetea con los 71 botones dispuestos bajo las palmas de sus manos. Es lo más rockero que se verá en esta noche de tango.

Empezó con el bandoneón a los 16 años, inspirado por “Tanguera”, el tema final de la película Gatica (1993), que cuenta la vida azarosa del boxeador José María Gatica. Mientras el púgil moría arrollado por un camión en la pantalla, el joven Eugenio Soria se sentía fascinado por esa melodía instrumental compuesta por Mariano Mores.

Soria afirma que hoy, en Buenos Aires, se puede vivir de la música y el tango, sobre todo si se toca bandoneón. “Sigue sin haber tantos bandoneonistas. Si bien hay muchos más que hace 20 años”, me dice por mensaje de voz. Y agrega algo más. El mundial de tango, nacido en 2003, le dio otra proyección a los músicos que cultivan este ritmo. No solo pueden quedarse en Argentina, sino trabajar en los países que han acogido como suyo al tango. Es una migración musical, que supera controles estatales, visados y muros de concreto.

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En Buenos Aires hay una constante que preocupa. Su nombre es Paulo Londra, un trapero cordobés que adorna con su foto la mayoría de calles de la ciudad. Es un fenómeno juvenil, con videos que superan los 63 millones de vistas en YouTube. ¿Cómo convive el tango con una figura tan influyente como esta? Tres voces ligadas a la milonga responden esta interrogante.

1. Nadie puede huir del tango. No en Buenos Aires. La 2x4 terminará por encontrarte. La radio pública de la ciudad es a su vez el único medio que transmite tango durante todo el día y para todo el mundo. Hace un año empezaron a narrar el mundial desde su estudio móvil, instalado en la parte trasera de una Van. Es una innovación tecnológica para un ritmo clásico. Cuatro micrófonos para cuatro voces distintas. Patricia Stable es una de ellas. Siempre cubre el turno noche. “Y no me canso”, dice esta seguidora de Julio Sosa y Jorge Falcón. La nocturnidad es propicia para los sonidos del piano y el bandoneón.

2. El tango es refugio. Cecilia Troncoso, bailarina, directora y docente en La Viruta Tango Club, del barrio de Palermo, recuerda los hechos del 19 diciembre de 2001. La crisis política y económica desencadenó protestas tan intensas que terminaron con la renuncia del presidente Fernando de la Rúa. En medio de los disturbios, los alumnos de la escuela encontraron cobijo en sus instalaciones: los extranjeros y los locales. Tienen 25 años. A una campeona del mundial en la modalidad de pista como maestra: Magdalena Gutiérrez. Han formado a otros finalistas. Han visto pasar por la Casa Rosada a cinco presidentes elegidos y cuatro interinos. Aunque agosto trajo temores por la crecida del dólar, en La Viruta siempre esperan este mes. “Ojalá hubiera más agostos en el año”, dice Cecilia Troncoso. Es un mes importante. Es el mes del mundial.

3. El tango no se perderá. El primer mundial contó con 154 parejas en competencia. Este año llegaron al récord de 744 parejas venidas de 30 países. En sus 16 años de existencia han conseguido que las escuelas de tango y las milongas fueran creciendo a la par que el torneo. Los competidores llegan a Buenos Aires meses antes del festival para entrenarse. Algunos se quedan a vivir en la ciudad, obsesionados con alcanzar las finales. Los rusos y los estadounidenses son los más entusiastas. Todos estos datos me los da una celebridad: Gabriel Soria, director artístico del mundial, investigador y presidente de la Academia Nacional de Tango de Argentina. Él será el encargado de premiar a los campeones de tango escenario, los rionegrinos Estefanía Gómez y Fernando Rodríguez. Él es el que celebra la convivencia de bailarines consagrados y “emergentes”, de orquestas clásicas y nuevas propuestas. Un ritmo nacido en el siglo XIX vive una nueva juventud.

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El turista despistado busca al tango en Caminito. Es una decisión lógica. Es aquí, al viejo barrio del puerto, donde llegaron los migrantes, a instalarse en casonas precarias o conventillos. Es aquí que transformaron la melancolía en canto. Y es aquí que hoy se puede ver a performers que emulan a los viejos tangueros, los mismos que te invitan a hacerte “la foto del tango”. Como Isabelita, que me coge de la mano, me lleva al medio de la calle, y en un movimiento rápido me toma del rostro para mentirme con total impunidad: “Qué hombre más lindo es usted”. Luego me cobra 100 pesos con la sonrisa más traviesa que le sale. Esto también es el tango. Es la impostura. Y el coqueteo. Es Buenos Aires. Y sus viejos modales de arrabal.

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