¡Dialoga, caracho!

“¿Acaso posee don Pedro capacidades de hipnotizador y puede obligar a cumplir su voluntad a cualquier congresista o, incluso, hacer que Tamar Arimborgo cacaree como gallina?”

Maritza Espinoza
Maritza Espinoza
26 08 2019 | 08:18h

No sé ustedes, pero yo me he quedado pasmada por la incontestable y total seguridad con la que don Pedro Olaechea, el todavía novísimo presidente del Congreso, ha dicho que el diálogo que sostendrá con Martín Vizcarra, presidente de la República, nos “devolverá el clima de paz y desarrollo que la ciudadanía merece”. Así como usted lee y como figura, en blanco y negro, en la carta que él, con sus propias manos (según afirma en Twitter) dejó en el despacho presidencial el viernes.

Es decir, parece que el relato que don Pedro parece decidido a vendernos envuelto en papel celofán es que todos los problemas del país se resolverán como por ensalmo apenas ambos personajes choquen palmas y, en menos de lo que pestañea Rosa Bartra, se borrarán de un plumazo un año, cinco meses y tres días de obstruccionismo, sabotaje, insultos y amenazas de vacancia y, por fin, don Martín Vizcarra podrá gobernar en paz para llevarnos al paraíso donde todo es crecimiento económico, prosperidad y buenas migas.

O don Pedrito tiene un ego más colosal que alguno que conocimos en el pasado (R.I.P), o está fumando de la mala, porque, hasta donde sabemos, por muy presidente del Congreso que sea, él no puede garantizar que los 130 representantes del Parlamento se alinearán con lo que él buenamente pueda prometer al jefe de Estado en esta reunión que, desde sus inicios, produjo más sospechas que expectativas, más sorna que confianza y más dudas que la repentina conversión de Yesenia Ponce a la doctrina del pepekeísmo.

Y no era para menos, porque la “invitación al diálogo” se dio poco después de que el propio Olaechea se permitiera insinuar que el presidente era un cobarde (“no tenga miedo de gobernar, señor presidente) y lo acusara de “alentar el enfrentamiento entre peruanos”, exigiéndole, de paso, que se retractara de las expresiones que se le escucharon en el audio filtrado de su reunión con las autoridades de Islay.

Por si fuera poco, la invitación incluía una malacrianza monumental: condicionar la entrevista a que se realizara en “un punto neutro”, como si el jefe de Estado no tuviera un amplísimo despacho presidencial al que -como lo aclaró Vizcarra mismo en una entrevista, lanzándole, de paso, un estate quieto al desubicado Olaechea- han acudido todos los presidentes del Poder Legislativo desde que tomó el mando, a diferencia del pobre Pipikey, que un día tuvo la mala ocurrencia de ir a “dialogar” al territorio de Keiko Fujimori y selló para siempre el destino de su gobierno.

Pero, al final de cuentas, parece que el encuentro de marras se realizará de todas maneras y que los dos personajes se pelarán las muelas para las cámaras y, luego, harán como que se retiran a resolver los grandes problemas del país. Obviamente, una vez a solas, no podrán hablar de nada relevante. Don Martín, porque debe andar todavía escaldado de la quemazón que le causó la grabación subrepticia de su conversa privada en Arequipa y, don Pedro, porque, como decíamos antes, no puede ofrecer lo que no tiene: capacidad para obligar al Congreso de mayoría fujimorista a que se deje de cacarear sus amenazas de vacancia y comience a colaborar con la gobernabilidad del país.

Salvo, claro, que tenga bajo la manga algún as que todos ignorábamos o algún poder tipo X Men que lo hace sentirse tan confiado. Hummm… Pero, ¿cuál podría ser? ¿Acaso posee don Pedro capacidades de hipnotizador y puede obligar a cumplir su voluntad a cualquier congresista o, incluso, hacer que Tamar Arimborgo cacaree como gallina? ¿Le habrán caído todas las gemas del infinito en su guantelete de Thanos?

No lo sabemos, pero, hasta el momento, solo hay una persona que puede poner orden en el corral fujimorista y garantizar algo de paz al presidente como para convencerlo de terminar su mandato el 2021 y se llama Keiko Fujimori. Y si don Pedro está tan seguro de que ese diálogo puede ser la solución a todos sus problemas (los de Vizcarra, obvio) solo puede ser porque tiene muchísima cercanía con ella, tanto como para ser su intermediario. Pero, claro, me olvidaba que él no es fujimorista. ¡Qué cabeza la mía!

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