Juegos Panamericanos: Dueños de la magia

Óscar Miranda

oscar.miranda@glr.pe el_miranda

04 Ago 2019 | 16:05 h
El mexicano Francisco Negrín es un prestigioso director de óperas y grandes espectáculos. Foto: Mauricio Malca.
El mexicano Francisco Negrín es un prestigioso director de óperas y grandes espectáculos. Foto: Mauricio Malca.

Conversamos con el director creativo Francisco Negrín, con la coreógrafa Vania Masías y con el compositor Lucho Quequezana para reconstruir todo el trabajo de creación de la ceremonia de apertura de los Juegos Panamericanos Lima 2019, un momento épico que pasó a la historia.

–Estoy lista para que nos destruyan– le dijo, un poco en broma, un poco con miedo, Vania Masías a su amigo Lucho Quequezana la noche del viernes 26, poco antes del inicio de la ceremonia de inauguración de los Juegos Panamericanos.

Vania dice que estaba preparada para que la crítica fuera súper fuerte: total, estamos en el Perú, “donde nos gusta tanto destruirnos entre nosotros”.

Lucho, en cambio, estaba ansioso por que el país viera lo que ellos, junto con el diseñador de vestuarios Pepe Corzo, la directora de coreografía de masas Dimitra Kritikidi, y una larga lista de músicos, videastas, artistas visuales y más, bajo el liderazgo del director creativo, Francisco Negrín, habían estado preparando durante un año.

Poco después, avanzado el acto, cuando millones de telespectadores ya se habían emocionado con el poema “El Perú” de Marco Martos, recitado en 49 lenguas, el desafío entre atletas y “minidioses” y el llamado a las estrellas del apu Pariacaca, Lucía Navarro, la gerenta de proyecto de las ceremonias, se acercó a Vania a decirle que el Twitter estaba reventando.

–¿En serio?– le contestó ella, sorprendida, emocionada.

Al país, y al mundo, la inauguración le estaba encantando.


LECCIONES DE HISTORIA

Esta historia comienza un día de la Semana Santa del 2018, cuando el mexicano Francisco Negrín aterrizó en Lima.

–Qué ciudad tan encantadora– se dijo mientras su taxi avanzaba por las calles vacías por el feriado. (Días después se daría cuenta de la triste realidad).

Negrín, un prestigioso director de óperas y grandes espectáculos, había llegado para reunirse con su amigo Pepe Corzo y pedirle que se uniera al proyecto que le había encargado la empresa italiana Balich Worldwide Shows: ganar la licitación para organizar las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos de Lima.

Corzo le presentó a un hombre clave: el historiador Henry Mitrani, quien lo ayudó a sacudirse de los tópicos de la peruanidad –Machu Picchu, el mundo andino-cusqueño– y lo inició en asuntos como la importancia del apu Pariacaca en la historia de Lima y los fastos de la Fiesta de San Juan de Amancaes.

Corzo también le presentó a Vania, con quien suele trabajar en equipo. Juntos, diseñaron la ceremonia de inauguración, del inicio al final. En julio del 2018, apenas consiguieron la buena pro, se pusieron manos a la obra para llevar la idea a la realidad.


PRESIÓN Y TRABAJO

Negrín cuenta que fue un proceso paralelo: Corzo trabajando en el diseño de los vestuarios (habría 2,350 disfraces), Vania en la creación de los movimientos y Lucho Quequezana –quien se integró al grupo una vez ganada la licitación– en la composición de las piezas musicales.

–Francisco me contó la historia como si le contara un cuento a un niño– dice Quequezana. –En base a eso yo fui imaginando cómo narrarla musicalmente.

El músico trabajaba en su estudio, con las computadoras y un cronómetro que marcaba el tiempo que debía tomar cada pieza. Un segundo de más podía causar una descoordinación.

Mientras, Vania concluía las coreografías y dirigía las audiciones de los voluntarios, en la Casa de la Juventud de Surquillo. Grababa los ensayos y los veía luego y cuando no hacían “match” les pedía disculpas a los bailarines y cambiaba todo.

–El nivel de presión ha sido muy fuerte– cuenta. –Yo, en mi ignorancia de no haber hecho otros juegos, he “elaborado”, me he exigido un montón, pero creo que dio un resultado bueno. La gente de Balich me dijo “oye, son las coreografías más complejas que hemos visto” y yo: “ah, no jodas, casi no duermo un mes entero, hubiese podido hacerlo más simple” (risas).

El comité propuso un inicio bastante protocolar, con Juan Diego Flórez cantando el himno nacional, pero Negrín se opuso.

–Yo dije que de ninguna manera iba a dejar que eso pasara– cuenta entre risas. –Eso es lo que ha hecho absolutamente todo el mundo en todas las ceremonias de inauguración. A Juan Diego lo teníamos que aprovechar en un acto más sorprendente. Y se me ocurrió que, como él canta las canciones de Chabuca Granda, en esta ceremonia podíamos hacer que cantaran juntos.

El momento resultó ser de los más emotivos de la noche.

Negrín también quiso incluir un poema antes del himno y, buscando, llegó al de Marco Martos. Cuando le dijo a Lucía Navarro que quería que fuese recitado en las 48 lenguas del país y en lenguaje de señas, ella no lo podía creer. Pero así se hizo.

Quequezana, mientras tanto, componía y componía. Lo siguió haciendo, incluso, cuando se fue a Canadá a una gira que había acordado un año atrás, cuando no imaginaba que trabajaría en los Panamericanos.

–Le entregaba a Francisco las piezas en demos, él veía si funcionaban en los tiempos y las coreografías y, cuando tenía el “go”, comenzaba a grabar con instrumentos– recuerda.

El compositor dice que una de sus piezas más especiales fue la que acompañó el recorrido de la antorcha hacia el pebetero.

–La había hecho muy épica, agregándole ritmos peruanos, pero cuando veo el momento en vivo, cuando veo a Lucha Fuentes llevando la antorcha, simplemente no podía más de la emoción. Se me salieron las lágrimas, como a muchos.

Para Vania hubo varios momentos especiales. Por ejemplo, el segmento llamado “Nación”, al principio, cuando los 49 bailarines interpretan el poema “El Perú” con sus cuerpos.

–Fue muy fuerte. Les tuve que explicar a los chicos el simbolismo de cada movimiento elegido, de acuerdo a cada lengua. El movimiento de los asháninkas, por ejemplo, era el momento de la resilencia. Les hablé del genocidio de los asháninkas, de los años del terrorismo, y cómo tenían que transmitir eso con el movimiento.


MENOS FUEGO, MÁS POESÍA

Según algunos medios locales, la ceremonia de inauguración costó 50 millones de dólares. Lucía Navarro no quiere hablar de cifras, pero asegura que costó muchísimo menos de lo que cuestan ceremonias de su tipo en otras partes del mundo.

Balich Worldwide Series tuvo que ajustar su idea al presupuesto, pero, según Navarro y Masías, lo hizo sin sacrificar ningún aspecto esencial.

–Al inicio se plantearon cosas a nivel de tecnología que ves en otros eventos –dice la bailarina–, pero lo que siempre dijimos fue que no necesitábamos eso, porque con tanta riqueza cultural, musical, no iba a ser necesario.

Y no lo fue. La inauguración no necesitó más fuegos artificiales de los indispensables para convertirse en un acto histórico que llenó de orgullo a los peruanos y despertó la admiración en más de 400 millones de espectadores alrededor del planeta.

Ni Negrín ni Vania ni Quequezana se animan a contar algo de lo que ocurrirá el domingo 11, en la ceremonia de clausura. Solo dicen que será un acto menos poético y más festivo.

El director creativo será esta vez el griego Nikos Lagousakos. Negrín supervisará su trabajo, pero ya no estará a cargo de todos los detalles. Vania también llegó hasta acá: se encuentra exhausta. Quequezana sí continúa a bordo y por estos días está afinando los detalles de las nuevas piezas. Cuando pasen los años, todos ellos, junto a Pepe Corzo, a Pauchi Sasaki, a todos los artistas, técnicos y voluntarios que trabajaron, recordarán el día en que, juntos, una noche de invierno en Lima, hicieron magia.

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