José Maza: “En el siglo 30 nadie recordará a Fujimori o Pinochet, pero sí a la llegada del hombre a la Luna”

Invitado por la Feria Internacional del Libro, el divulgador científico más importante de Chile llegó al país para dar charlas sobre la exploración espacial. Astrofísico, investigador de supernovas y quásares, Maza es un científico atípico, que llena estadios con sus charlas. Esta semana conversó con Domingo.

FIL. José Maza llegó a Lima para dar charlas de difusión científica en la Feria Internacional del Libro. Su libro Somos polvo de estrellas (Planeta. 2017) es un best seller en Chile. (Foto: Michael Ramón)
FIL. José Maza llegó a Lima para dar charlas de difusión científica en la Feria Internacional del Libro. Su libro Somos polvo de estrellas (Planeta. 2017) es un best seller en Chile. (Foto: Michael Ramón)
Emilio Camacho
4 08 2019 | 13:19h

En la vida del astrofísico chileno José Maza las distancias son decisivas. Sus padres, unos españoles que huían del franquismo, cruzaron los 11 mil 700 kilómetros que unen Francia y Chile, ayudados por el poeta Pablo Neruda, en el célebre carguero Winnipeg, para empezar de nuevo en la región del Maule. Años después, el pequeño José tuvo que viajar a Santiago desde Parral, su pequeño pueblo, en el que oía las noticias en un radio Telefunken. Fueron 372 kilómetros. Un chico tímido internado con compañeros que le llevaban dos años. Un niño que prefería la carrera espacial antes que el fútbol. Pero la distancia que lo obsesiona es otra. Los 384 mil kilómetros que Neil Armstrong y su tripulación recorrieron para llegar desde Cabo Kennedy hasta la Luna. El viaje definitivo. La aventura más importante del siglo 20. El académico que inspiró al equipo que ganó el premio Nobel de Física en 2011 y que ha descubierto cientos de quasares y supernovas se ha convertido en un divulgador científico, en un hombre de masas, en el primer astrofísico que llena estadios en Chile (y probablemente en todo el mundo). ¿Por qué lo hace? ¿Cuál es la nueva ruta que lo anima? ¿Por qué ha iniciado este viaje?

¿Tiene 71 años ahora?

Tengo 71 años exactamente. Soy del año 48. Está en mi libro.

¿Y con 71 años tiene las mismas ganas de aprender que las del chiquillo del internado Barros Arana que andaba fascinado por Yuri Gagarin (el primer hombre en el espacio)?

Bueno, no sé si las mismas. Las cosas van cambiando con el tiempo. Pero aún tengo mucha curiosidad. Procuro todos los días interesarme por cosas nuevas. Uno con el tiempo va aprendiendo a mirar, para eso no hay edad. Y mientras el cerebro esté funcionando, las ganas de seguir aprendiendo tienen que estar allí. Descartes decía “Pienso, luego existo”. Sí, creo que lo decía en otro contexto, yo no me voy a poner a la altura del filósofo. Pero para mí, pensar es algo de lo que me encanta hacer habitualmente. Yo no hago deporte ni ejercicio, soy sedentario, así que el tratar de entender es importante para mí.

Ahora que habla de eso. Leí que usted se enteró de lo de Gagarin no en el aula sino en el recreo, mientras sus compañeros jugaban a la pichanga.

Yo era muy chico. Entré de cinco años al colegio, cuando en Chile todos entraban de seis. Y después me adelantaron un curso, así que quedé como si fuera de cuatro. Con eso, en el internado yo tenía 11 y mis compañeros tenían 13. Había un desfase en la estatura, en el desarrollo, en la madurez. Yo no me integraba a las actividades de los demás, era un niño medio solitario y hablaba en el recreo con los que eran igual de tranquilos que yo. Empezamos a hablar del espacio y conquistar otros planetas. El fútbol nunca fue lo mío. A la primera que me patearon a las canillas me pregunté, “¿cómo puede ser simpático esto para los demás?”. Lo que jugué fue ping pong, donde nunca me llegaron pelotazos (sonríe).

Acabamos de conmemorar los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. ¿Para qué sirvió esa gesta? ¿Cómo se ha beneficiado al hombre de a pie de ella?

En Chile, no puedo hablar por la gente de Lima, no son conscientes de que el hecho de ir a la Luna nos cambió la vida radicalmente. Yo vivía en un pueblo chico que se llama Parral, al sur de Santiago, de 7 u 8 mil habitantes, mi propio Macondo. Y había teléfonos en Parral, pero solo tenían dos dígitos. No eran masivos. Hoy hay 23 millones de teléfonos en Chile, y somos 17 millones de personas.

¿Llevamos un smartphone en el bolsillo gracias al viaje del hombre a la Luna?

Absolutamente. Y en este smartphone hay el trabajo de millones de horas hombre. El origen de todo esto, de Sillicon Valley, está aquí. Había un muchachito, un tal Bill Gates, al que le dijeron, “¿oye, cabro, por qué no me haces un programita para operar estas máquinas”. Y Bill Gates tenía un divertimento que se llamaba Microsoft. Mira ahora lo que es Microsoft. Todo, Apple, Google, el cambio tecnológico, vino de esto. Hay otra cosa, lo más trascendente que yo vi en mi vida es que el hombre salió de la Tierra. Eso lo van a recordar en el siglo 25 y en el siglo 30. Nadie se acordará de Fujimori, ni de Pinochet, ni de Maradona, pero sí de la llegada del hombre a la Luna. Maradona es chiquito en comparación a Yuri Gagarin, él fue el primero de los nuestros que salió al espacio. A mí me encantaría ver estatuas de Gagarin en todo el mundo. Se metió a una nave del tamaño de un frigobar y tuvo la entereza de volar al espacio.

¿Hasta qué punto la carrera espacial fue una guerra de propaganda?

Yo creo que hubo un poco de todo. Yo creo que Estados Unidos se sintió humillado. Ellos querían poner el primer hombre en el espacio y los soviéticos les ganaron con el Sputnik, el primer satélite artificial, con la perrita Laika, con Yuri Gagarin…

Pusieron a la primera mujer en el espacio…

La Valentina Tereshkova, sí. Fue allí que Kennedy, en un arrebato, dijo: “Yo quiero que vayamos a la Luna”. Obviamente, nadie le aconsejó decir una cosa así, porque era absurdo. Ningún asesor científico le hubiera dicho que afirmara algo como eso. Y yo creo que la muerte de Kennedy fue instrumental para que se realizara el viaje a la Luna. Como él se comprometió con ese objetivo, a su muerte, el Congreso norteamericano dijo: “Tenemos que cumplir la voluntad del presidente”. Y se pusieron con una cantidad extraordinaria de dinero. La Nasa recibía 20 mil millones de dólares al año, con eso inventaron la tecnología para hacer ese viaje. Inventaron la miniaturización de transistores y circuitos integrados, y con esa misma miniaturización hoy tenemos celulares.

En la luna hay una inscripción que dejaron los tripulantes del Apolo 11. Dice: “Vinimos en paz a nombre de la humanidad. Richard Nixon”. A usted no le gusta este mensaje, ¿por qué?

(Se ríe) Es absurdo. Es que yo no puedo venir a Lima diciendo: “vengo en son de paz”. ¿Y en qué otro son pude haber llegado? Y además el emblema de la Nasa era un águila. Era el “águila de la paz”. Yo creo que en esa fecha estuvieron de vacaciones los que hacían emblemas en la Nasa. Puedo creer lo de la paloma de la paz, ¿pero el águila? Además, algo firmado por Richard Nixon ya me da mala espina.

¿Por qué debemos ir a Marte? ¿Para explorarlo o por supervivencia?

No es por supervivencia. La supervivencia del hombre está en la Tierra, sin ninguna duda. Yo creo que el desafío que tomó Kennedy, al querer ir a la Luna, es mucho más salvaje que el que ahora nosotros queramos ir a Marte. Y lo lindo es que para llegar exitosamente a Marte tenemos que desarrollar una tecnología que hoy no tenemos. Y esa tecnología va a tener un rebote en la Tierra. Mira, Marte comparado con cualquier desierto terrestre es peor. Si logramos cultivar en Marte, vamos a poder cultivar hasta en el desierto de Sahara.

Estaba revisando un dato antiguo. Cuando las primeras mujeres españolas llegaron al Perú, a inicios de la colonia, descubrieron que tenían problemas para salir embarazadas en ciudades altas, cercanas a la cordillera. Si esto ocurrió en un viaje de continente a continente, ¿qué podría pasar en un viaje interplanetario? La pregunta es, ¿podremos reproducirnos en Marte?

Bueno, ese es otro desafío más. No te puedo dar una respuesta. Pero, por otro lado, ahora hay fecundación in vitro. Mujeres que no podían salir embarazadas, incluso al nivel del mar, hoy sí pueden ser madres, con técnicas especiales. A lo mejor, en Marte, las primeras generaciones tendrán que usar esas técnicas especiales. Marte no es un paseo. En Marte uno pesa el 37% de lo que pesa acá. Entonces, las piernas se van a adelgazar. Uno va a perder masa muscular. Y posiblemente también haya cambios en la piel, por la radiación.

¿Cómo serán los primeros marcianos? ¿Serán figuras espigadas, altas?

Sí. Es posible que como uno pesa menos, la columna vertebral va a ser más separada, y uno pueda ganar unos 5 centímetros. Para los marcianos, la Tierra será un infierno, pesarían dos veces y medio más de lo que pesan en Marte. No van a poder caminar acá. Hay mentes acaloradas como la de Elon Musk, este millonario sudafricano que está al frente de SpaceX, que hablan de una civilización binaplanetaria, humanos en la Tierra y en Marte, pero creo que no vamos a ser tan intercambiables. Musk también habla de poner un millón de seres humanos en Marte…

En el próximo siglo, ¿eso es posible?

Yo creo que no. Pero es una buena meta. Ahora, son un millón de personas, tú las sacas de Lima y nadie se da cuenta, el tráfico seguirá igual de caótico. Las sacas de Santiago y pasaría lo mismo. Las sacas de la China y eso sería un chiste. Nadie notará que hay un chino menos. Cuando en Marte haya un millón, acá habrá 20 mil millones. Por cada marciano habrá 20 mil humanos. Esto debe quedar claro: Marte no es el refugio para los seres humanos.

Según su libro Somos polvo de estrellas, entre los siglos V y III, antes de Cristo, se estableció que la Tierra era esférica, ¿por qué hay tantas personas cuestionando eso, desde sus celulares, en la actualidad?

Bueno, la verdad es que esa respuesta la tienen los psicólogos y los psiquiatras. Yo lo que creo es que antes los ignorantes éramos humildes. Yo nací siendo ignorante, porque no sabía las cosas. Si me preguntaban, me quedaba callado y trataba de estudiarlas, para luego dar una respuesta. Hoy los ignorantes se pusieron un poco más arrogantes. En Chile hay personajes, que no te voy a nombrar porque no viene el caso, que dicen con orgullo: “Yo nunca he leído un libro”. Es la arrogancia de la ignorancia. Y, por otro lado, no hay nada mejor que creerse inteligente. Siempre habrá alguien que diga: “Yo sé que a todos ustedes los engañan, pero a mí no. A mí no me engañan la Nasa o los científicos cuando dicen que la Tierra es esférica. La Tierra es plana y es el centro del universo, y en 24 horas el universo gira alrededor de nosotros”. Es la gente que cree. No ha visto aquello en lo que cree, pero cree.

Y eso tiene su lado peligroso. A los terraplanistas se suman los antivacunas.

La historia de las vacunas fue más o menos la siguiente. Las vacunas vienen con un estabilizador, una sal de mercurio, que se llama timerosal. Hubo un laboratorio que hizo unas vacunas con un estabilizador que no era el timerosal, y que eran más caras. Y le pagaron a un médico para que inventara datos de que el timerosal producía autismo. Y este sinvergüenza publicó un estudio de 20 o 30 casos que después de ser vacunados desarrollaron autismo. Se demostró que todo era falso. La revista retiró el artículo. El médico fue echado de la Sociedad Médica Británica. Pero el laboratorio logró su objetivo y pudo vender sus vacunas más caras porque a la gente le quedó la duda. Esta idiotez ha hecho que vuelvan algunas enfermedades que estaban erradicadas porque dejaron de vacunar a los niños.

Pero eso ha ocurrido en países que tienen mucho acceso a la información, como los Estados Unidos, donde hay un rebrote de sarampión.

Es increíble. Lo que pasa es que en Estados Unidos hay un rango cultural que está en los cuernos de la Luna, pero hay otro nivel muy bajo. Hay una ignorancia en la media muy alta, hay unos cien millones de norteamericanos que son ignorantes duros. Quizá 20 o 30 millones pasaron por Harvard o Princeton, pero el nivel de información real, la capacidad de pensar es muy baja. Y allí es muy fácil sembrar la duda.

En tiempos en los que todo se mide en variables de costo y beneficios, ¿qué tan difícil es hacer ciencia? ¿Qué tan difícil es huir de esas voces que exigen resultados inmediatos?

Mira, yo veo que países como Perú y Chile tienen un déficit tremendo en ciencia y tecnología. Y los países que se quieren desarrollar invierten el 4% del Producto Bruto Interno en ciencia y tecnología. Israel, Finlandia, Corea del Sur, esos se están desarrollando fuerte. Nuestros países no se quieren desarrollar. El status quo le conviene al establishment. En Chile, por un siglo nos tuvieron a todos analfabetos. En el siglo 19 los políticos se olvidaron de que en Chile debían haber colegios. A fines del siglo 19, el 92% de la población era analfabeta. Recién en 1920, en Chile, se dio la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. Y se decretó que era ilegal que los niños no estuvieran estudiando de primero a sexto de la preparatoria. Pero eso nunca se cumplió. A lo mucho, los chicos llegaban a cuarto. Se les enseñaba a sumar, restar, multiplicar y dividir. Y que supieran leer y escribir, y chao.

¿Entonces qué priorizar? ¿La educación básica o la ciencia, que es algo más complejo?

Lo que hay que priorizar es todo. Hay que priorizar la educación de los niños de 3 a 4 años. Hay que enseñarles a hablar, a conjugar los verbos, a armar oraciones completas. No todos los niños tienen el mismo nivel de alfabetización oral. Y de allí en adelante, hay que meterlos en la básica, en la media y en la universidad. Y hay que tener ciencia y tecnología. Mira, Chile tiene dos universidades entre las 500 mejores del mundo, en el lugar cuatrocientos y algo. ¿Cómo vamos a competir con el mundo si estamos en esa posición?

Corríjame si me equivoco. Un asteroide lleva su nombre, ha descubierto 120 supernovas y 900 quasares, una investigación que hizo con sus compañeros del Observatorio de Tololo sirvió como base para que un equipo de científicos estadounidenses ganara el premio Nobel de Física en 2011. Con todo ello, de un tiempo a esta parte, ha encontrado tiempo para convertirse en divulgador científico, ¿por qué?

De alguna manera ya te di esa respuesta. Yo, con el tiempo, me he ido dando cuenta de que en Chile la cultura es para los cultos. Uno diría: “Para qué le voy a hablar de astronomía al tipo que aparca los coches. Para qué. Si no lo va a entender. Yo tengo que darle una charla en la universidad a los que les interesa la astronomía”. Entonces, uno termina predicando entre conversos. Pero de a pocos, de repente, por el Día Internacional de la Astronomía, la cosa fue cambiando. La gente de a pie se interesaba. Hace unos años me invitaron al sur de Chile, a un parque, había 1150 personas. Luego fui a un anfiteatro, algo más grande, fueron 5000 personas, eso es lo que dijeron los carabineros. Y ahora último, por el eclipse de inicios de julio, fui al estadio La Serena. Hubo 10 mil personas.

Eso más que charlas de divulgación científica parecen conciertos.

(Sonríe) Me dicen que soy el rockstar de la ciencia. Mira, lo que más emociona es que me reconozca un señor y que ese mismo señor me pida una firma para su hija, “que me admira mucho”. Hubo un presidente que hablaba de la “señora Juanita”, que era el genérico para hablar de una señora de cincuenta y algo, medio gordita, la típica señora en Chile. Yo quiero llegar a esa señora Juanita y a don Lucho, que nunca recibieron educación, porque el país no se la dio, pero que tienen cierta curiosidad.

¿Diría que es un científico que cuenta historias?

Absolutamente. Yo, con el debido respeto, tampoco es que tenga ganas de agrandarme mucho, debo decir que mi modelo no es Maradona ni Pelé, ni Chumpitaz, o algún otro jugador peruano. Mi modelo es Carl Sagan. Era un divulgador científico extraordinario. Yo estudié mi doctorado en astronomía en Canadá, y tuve la suerte de verlo, nos dio un curso de formación de planetas, del Sistema Solar. Un tipo carismático y entretenido. Tenía un histrionismo natural. Y la serie Cosmos, que él dirigía, fue una maravilla.

¿Lee ciencia ficción o solo tiene tiempo para Nicanor Parra?

Un poquito de las dos cosas. De joven, cuando tenía 16 o 18, yo leía a Neruda. Ya de mayor, cuando leí a Nicanor Parra, me identifiqué totalmente con él. Cuando nos dice en La Víbora: “Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable”. Y de allí se va desarrollando el poema. Me parece maravilloso. La de los aromos en flor también es extraordinaria. Es la cosa agridulce de la vida.

¿Y en ciencia ficción qué revisaba?

Bradbury me encantaba. Cuando leí Las crónicas marcianas y El hombre ilustrado quedé loco. Cuando el niño le pide al padre que lo lleve a ver los marcianos, y el padre lo lleva a un lago, y le dice: “mira”. Y era la imagen de ellos dos reflejada en el agua. Ese es un cuento maravilloso.

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