Carmen Mc Evoy: “¿Por qué estamos condenados a elegir entre el sida y el cáncer?”

Historiadora. Presidenta de la Comisión Consultiva del Bicentenario.

PRODUCCIÓN. Acaba de presentar, en la FIL, su libro Perú: reflexiones sobre lo cotidiano y la historia, compendio de sus columnas y el próximo viernes, a las 5, también en la FIL, presentará En pos de la república: ensayos de historia política e intelectual. FOTO: Michael Ramón
PRODUCCIÓN. Acaba de presentar, en la FIL, su libro Perú: reflexiones sobre lo cotidiano y la historia, compendio de sus columnas y el próximo viernes, a las 5, también en la FIL, presentará En pos de la república: ensayos de historia política e intelectual. FOTO: Michael Ramón
Maritza Espinoza
28 07 2019 | 06:00h

Embajadora del Perú en Irlanda, presidente de la Comisión Consultiva del Bicentenario y, sobre todo, historiadora apasionada por nuestro período republicano, Carmen Mc Evoy suele mirar la política local a través del prisma de la historia. Hoy, cuando se cumplen 198 años de la proclama independentista, la prestigiosa intelectual derriba algunos mitos y, de paso, lanza una mirada clarividente -y casi optimista- al futuro del país.

Cuando te entrevisté la última vez, me dijiste que “la independencia es un proceso, y 1821 es un recodo en el camino”. Entonces, ¿cuál es la importancia de esta fecha?

Para mí, la fecha de la independencia es el momento en que nos convertimos en república, en 1822, con la instalación del primer Congreso Constituyente, cuando se tiene una constitución en la que ya se habla de derechos, de deberes, y se utiliza el término ciudadano y nación peruana.

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Se suele pensar que el Perú entero estaba clamando por la independencia, pero gran parte del país no la quería. Si hubiera habido una encuesta Ipsos en 1821, ¿cómo habrían sido los porcentajes?

Por ejemplo, pues, están estos indios iquichanos que pelean por el rey. Dentro de la población hay un sector realista duro, que considera que la corona ha podido satisfacer sus necesidades, que los ha protegido… Hay un status quo que hay que defender. Y hay muchos.

¿Y eran una mayoría o una minoría?

Esa es una buena pregunta. Si hubiera existido un Ipsos, probablemente la mayoría dudaba.

¿Hubiera sido “no sabe, no opina”?

Sí, porque era entrar en una dimensión desconocida. Es una ruptura y lo nuevo aterra, porque, como te puedes imaginar, son nuevos funcionarios, es un nuevo estado, todo tiene que cambiar. Entonces, creo que sí, que habría habido muchísimo “no sabe, no opina”, pero, por otro lado, había un núcleo, al que yo llamo el núcleo republicano, con estos líderes con mucha convicción…

Que no eran limeños necesariamente, ¿verdad?

No solamente limeños. Por ejemplo, el vocero de la república frente a la idea de una monarquía constitucional es de Huamachuco (José Faustino Sánchez Carrión), un provinciano que dice: “sí, seríamos muy buenos vasallos, pero nunca ciudadanos. Este paso lo tenemos que dar a pesar que todos saben que lo que se viene es un momento difícil, de efervescencia e incluso de guerra”. Y eso pasa.

¿En Lima cómo habrían estado los porcentajes?

Creo que mucha gente iba viendo cómo se desarrollaba la guerra y, al final, cuando San Martín llega e instala el gobierno, se vuelven sanmartinianos. Entonces, no es una convicción absoluta. Hemos vivido obsesionados con que todos tenían que estar convencidos por la libertad, pero eran 300 años de haber estado bajo un régimen, donde la base de la legitimidad era el rey. Si mueves esa legitimidad, ¿con qué la sustituyes?

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Sin embargo, la constitución se escribe todavía con parte del país en manos españolas. ¿Se podría decir que eso sella la independencia?

Hay una combinación. Un poco utilizando lo que el gobierno de Velasco rescata, la figura de Túpac Amaru, que es un movimiento anticolonial, un momento en que el sistema se muestra en todas sus contradicciones. Es un movimiento precursor, pero ya lentamente la parte más republicana de la independencia es cuando los peruanos expulsan a Monteagudo y obligan a irse a San Martín, que sería el gobierno protectoral, que dura un año.

El arco temporal para ti es de Tinta a Ayacucho, ¿verdad?

Así se llamaba el primer proyecto que tuvimos en el bicentenario, “De Tinta a Ayacucho”, que es un arco amplio que te permite ver todas las rebeliones regionales, la revolución del Cusco, Tacna… Todos van haciendo su propia contribución al proceso.

¿Cuándo se implanta la independencia en el imaginario colectivo?

Yo creo que con Ayacucho. Cuando los españoles firman la capitulación finalmente aceptan que ya el Perú es independiente. Para los peruanos, cuando los españoles ya dejan el territorio y ya tienen su constitución, ya hay un estado republicano. Ese estado republicano, como tú bien dices, está lleno de taras coloniales, es un sistema de prebendas, hay corrupción, autoritarismo, racismo, exclusión, pero, políticamente, es una república. Tiene su bandera, tiene su escudo, tiene una personería jurídica y comienza a tener representantes en el mundo.

Cinco presidentes se involucraron en la corrupción y están presos. ¿Ves a Vizcarra capaz de abstraerse de ella?

[Risas] Bueno, hasta ahora, por más que le han buscado y rebuscado, parece que él se ha dado cuenta que "El mecanismo" te lleva a la cárcel. Ahora, el problema de no desbaratar esta maquinaria del mecanismo es que ya la gente buena no quiere hacer nada, porque tiene miedo, porque todo está armado para la coima. La persona honesta que entra tiene un millón de trabas. Tenemos que hacer un ejercicio de ver qué es lo que no ha funcionado para haber atrapado en este laberinto a gente de diversos antecedentes: un hombre pobre de Cabana, un intelectual de Princeton, de Cambridge, un viejo aprista, un militar, un japonés… ¡Todos entraron!

Vargas Llosa, ahora en la FIL, dijo “sí, yo recomendé votar por todos estos corruptos”. ¿Teníamos opción?

Yo descubrí tempranamente que uno no puede estar de sermoneador de nadie. Creo que la lección para Vargas Llosa es que uno no se puede hacer responsable de las decisiones de los demás, y si la gente quiere cometer sus errores, que los cometa. Ese es un pensamiento liberal.

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¿Pero fue un error votar por García y no por Humala, por Humala y no por Keiko, por PPK y no por Keiko? ¿Teníamos opción?

La pregunta sería: ¿por qué no podemos producir políticos a la altura de nuestras expectativas? ¿Por qué siempre estamos condenados a elegir entre el sida y el cáncer? Es una pregunta que viene de partidos políticos que no funcionan, de personas que no quieren entrar a la política… Entonces, la gran lección es que, si tú quieres adecentar la política, ¡tiene que entrar gente decente!

Pero corre el riesgo de terminar atrapada por El mecanismo…

¿Por qué se dejan comprar? Yo creo que acá no se ha delimitado la frontera entre lo público y lo privado. O sea, tú crees que el erario público es tu chacra. Entonces, utilizas al chofer del Estado para tus cosas, agarras la caja chica para pagar tus propios almuerzos. Una cosa que siempre cuento, porque hasta es graciosa, es que Ramón Castilla era jugador de rocambor. Entonces, cuando perdía decía: “hoy perdió el fisco”. [Risas] Lo que significa que probablemente tenía una caja chica y él creía que eso le pertenecía por todo el bien que él le hacía al Perú.

Me viene a la cabeza el caso Alan García. ¿Qué simbolismo te sugiere su suicidio?

Otro de los grandes temas bicentenarios es que los presidentes van a ser privados de su libertad y lo que hizo el Perú fue conseguir su libertad. Entonces, hay un juego como de espejos. Eso, por un lado. Y lo otro es que, con Alan García, hay una percepción exagerada de él mismo, pero también este tema de la confrontación permanente con sus enemigos, tanto que al final de su vida les dice: “Yo les tiro mi cadáver”.

¿Pero es un canto de inocencia, como dicen sus seguidores?

No, no lo creo. En la parte interpretativa de ellos es: “Yo muestro valor”, pero también lo puedes ver como miedo… Él ha podido entrar a prisión preventiva, probar que no era culpable, poner a sus abogados a trabajar… Pero toma la parte más radical y dramática. “¡Te tiro mi cadáver!”. Creo que no existe en la historia conocida de los presidentes latinoamericanos de alguien que haya tirado su cadáver a los que no lo quieren. ¡Es bien soberbio!

Vizcarra, que entra con un perfil muy bajo, empieza a tener éxito cuando comienza a encabezar la lucha anticorrupción. ¿Es alguien que pueda consolidar un proceso de institucionalización del país?

Mira, es un presidente que tiene poco tiempo. Él ya entra con el partido empezado y que no ha empezado bien. Lo que él conoce es de las coyunturas, porque eso es lo que se aprende mucho en la política de la provincia, donde tú tienes que tener un olfato muy desarrollado, porque tienes fuerzas que están en permanente estado de ebullición. Nunca logras hacer coincidir. Entonces, con ese conocimiento, lo que ha entendido es que existía como una ola en la que se sube, pero no creo que tenga una visión de un proyecto nacional, porque la coyuntura se lo devora. El proyecto de institucionalización del país es para un momento de tranquilidad, para cuando tengas un Congreso menos virulento, una ciudadanía que ya quiere salir de la guerra…

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¿Nos aguantamos hasta el 2021, entonces…?

Creo que sí, porque, a estas alturas, en vísperas del Bicentenario, vacar a un presidente, cerrar un Congreso, ya es demasiado. Ahora, vamos a tener que vivir en permanente enfrentamiento hasta el 2021 probablemente…

Con todos los presidentes presos, con una crisis permanente, ¿el 2021 te suscita algún optimismo?

Es que es como un arma de dos filos, porque, por un lado, puedes tener a una ciudadanía pasiva, cansada, desencantada, cínica, que ya no quiere participar. Pero puede ser lo opuesto: que la gente joven tiene hambre de un país mejor. En las pequeñas esferas en las que puedan hacer algo, lo están haciendo. Muchos de los jóvenes que conozco han sido socializados en que no al racismo, no al sexismo, no a la violencia contra la mujer, sí a la democracia, sí al respeto por el orden. Ahí está una especie de reserva…

¿Moral?

No la llamaría así, sino la reserva política para el futuro, la reserva de la esperanza. Pero por otro lado puede ocurrir, y es el escenario más difícil, la aparición del outsider, el Bolsonaro peruano, que va a apelar a todo lo horrible que se han venido acumulando en todos estos años: la mentira, la guerra como estilo de relación con el otro. Mira las redes. ¡Todos los días hay un asesinato virtual! Hay un sector que está siendo azuzado para agredir, insultar y destruir…

¿Y ahí se enmarca está con corriente de Con mis hijos no te metas?

Claro, no te metas con mis hijos, no te metas con mi modelo, no te metas con mi versión de la historia. Hemos creado como una polarización.

Antes se pensaba que era el fujimorismo el que encarnaba esa polarización…

Está funcionando a todos los niveles. O sea, nos hemos exacerbado, nos hemos exasperado tanto que un escenario posible es que todos estos odios y rencores sean representados por un líder carismático, un populista, un loco, que parte de la población va a seguir y que sabe Dios dónde nos va a llevar.

Tu decías que el siglo XIX nos imprimió esto de la necesidad de aniquilar al otro…

Bueno, pues, esta es la post guerra, que es apelar a la cultura de la paz. Yo puedo discrepar contigo, pero mis maneras tienen que ser civilizadas, republicanas. Yo no puedo discrepar contigo y eliminarte, porque tú como El Otro debes tener algo de razón.

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