Hamlet y Vizcarra

Solo por eso, desde acá, le imploramos, señor presidente: disuélvalos con confianza, tiene todo nuestro apoyo.

Maritza Espinoza
28 Jul 2019 | 9:19 h

Tal vez, entretenido como estaba en la inauguración de los Juegos Panamericanos o furibundo por los atascos generados por la genial idea de don Jorge Muñoz de imponer su “pico y placa” justo cuando hay avenidas cerradas por los benditos juegos, por la construcción de los estrados del desfile de fiestas patrias o, simplemente, porque se le ocurre a cualquier hijo de vecino, usted no se ha dado cuenta que hoy mismo, dentro de unas horas, el destino del país podría cambiar radicalmente.

Todo depende de que el presidente decida entre dos opciones claramente opuestas: uno, convertirse en la versión “reloaded” de Pedro Pablo Kuczynsky (algo así como un Goofy moqueguano), haciéndose el sueco con el tremendo desaire que le ha hecho el congreso aprofujimoristas a sus propuestas de (je, je) reforma política y poniendo la otra mejilla para que le sigan dando tremendas cachetadas de payaso o, dos, escuchar el pedido mayoritario de la población y cerrar de una vez ese antro de matonería que queda justo frente a la Plaza Bolívar.

Cuál de las dos vías tomará sólo lo sabe su almohada y, suponemos, su ministro de Justicia (que ha tratado de huir de la definición con todos los galimatías a su alcance), además de su guapérrimo premier, quien -de eso sí estamos seguros- parece haberle agarrado gusto al “más me pegas, más te quiero”, a juzgar por su terror a mostrar cualquier indicio de confrontación con el aprofujimorismo, que ya ha demostrado que le tiene menos respeto que El Sinchi a Pantaleón Pantoja y se muere de la risa cada vez que las palabras “diálogo” y “consenso” salen de su boca.

Pero, claro, los líderes del fujiaprismo no han perdido un minuto en anunciar el apocalipsis si el presidente decide cerrar el Congreso y, aterrados de quedarse sin la quincena que justifica sus vidas, la han emprendido con amenazas que más que miedo mueven a risa. Por ejemplo, el otro Salvador (sí el feo, ese que fue alcalde de algún distrito limeño) decidió disfrazarse de Pasionaria y anunció que se atrincherará en el Congreso si Vizcarra opta por disolver, diiisolver… Ojalá hubiera tenido esos impulsos institucionalistas cuando sus amigotes Félix Moreno y Alex Kouri hacían de las suyas con los dineros del Callao en los tiempos en que militaba en Chim Pum ídem.

Menos sutil y más matón, el inefable Jorge del Castillo ha dicho que, si Vizcarra disuelve el Congreso, lo vacarán en una. Sí, cuñao. Como si su partido, socio del fujimorismo, no fuera aquel que apenas si pasó la valla electoral el 2016, con su líder vivo y todas las condiciones a favor, y como si las multitudes que exigen el cierre estuvieran pintadas en la pared.

Pero, repito, el jefe de Estado no ha soltado prenda y me atrevería a apostar que todavía ahorita, mientras se pone la banda presidencial para su discurso, anda con su calaverita en la mano y su dilema a cuestas, preguntándose si le conviene más quedarse con el roche de las propuestas desnaturalizadas (monstruosamente deformadas, para ser más precisos) o ponerse los pantalones y mandarlos por donde vinieron.

Claro que, a juzgar por la indecisión con la que se ha manejado en el caso Tía María -al punto que Elmer Cáceres, el gobernador arequipeño tres veces denunciado por violación, se ha dado el lujo de amenazarlo prácticamente con una sedición-, tal vez los otorongos no tengan mucho de qué preocuparse: el Martín Vizcarra post referéndum parece haber agarrado alergia a las confrontaciones y optado por el modo peace and love a todos los desafíos de la presidencia.

Aunque, de otro lado, le ha ido tan bien en las encuestas cada vez que le ha parado el macho al aprofujimorismo que sería un tonto de desperdiciar esta oportunidad de llegar a 150 puntos de popularidad en dos papazos y, de paso, librarnos de las Betetas, Bartras y Arimborgos que nos afean el panorama día a día. Solo por eso, desde acá, le imploramos, señor presidente: disuélvalos con confianza, tiene todo nuestro apoyo.

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