Las rejas de Judas

Lo cierto es que, con Keiko o sin Keiko, Fuerza Popular tiene tantas probabilidades de resurgir de sus cenizas como un cigarrillo pisoteado en el césped.

Maritza Espinoza
14 Jul 2019 | 8:56 h

Por los aspavientos que hacen y los improperios que lanzan contra los fiscales de Lava Jato, contra Martín Vizcarra, contra Gustavo Gorriti y otros presuntos Darth Vaders de su mundo de ficción (aquel donde Fuerza Popular es un partido al borde de las catacumbas, perseguido por una feroz dictadura), uno pensaría que los congresistas de la ex mayoría del Congreso están desesperados porque Keiko Fujimori salga de la cárcel.

Hummm… Pero basta detenerse un poco en sus actos y rascar una nadita debajo de las apariencias, para darse cuenta que todo es pura palabrería y que, realmente, todo, absolutamente todo lo que hacen parece destinado más bien a retenerla tras las rejas, más o menos como cuando la propia Keiko juraba que quería a su padre libre, pero saboteaba todo intento real de liberarlo (Kenji desaforado por el indulto, ¿remember?)

Ahora, la pobre está probando una sopa de su propio chocolate y, aunque se diga que desde la cárcel digita todas las trapisondas que perpetra su bankada, juraría que le hacen caso a regañadientes en aquello en lo que no tienen más remedio, pero que, en asuntos de estrategia política, cada uno de sus antiguos pongos baila con su pañuelo, trabaja por sus propios intereses y hace lo posible porque la doña siga viendo el sol a rayas.

Es que no hay que ser muy zahorí para darse cuenta de que la salida de Keiko pondría en riesgo otras candidaturas. ¿La de Julio Guzmán? Naaa. ¿La del príncipe Barnechea, hoy convertido en holograma? Meeenos. ¿Tal vez la de Salvador del Solar, el presunto delfín de Martín Vizcarra y punching ball favorito de efepé? Nop. Hablo de las (soñadas) candidaturas que algunas/nos de sus propias/os congresistas acarician en sus noches de insomnio.

¿Cómo, si no, se entiende que se dediquen a insultar a los fiscales del caso, a entorpecer su trabajo y armar intrigas de lo más evidentes (como ir a buscar gente en Tarapoto que declare contra ellos), sabiendo que lo único que hace todo eso es empeorar la situación judicial de su lideresa? ¿Acaso no recuerdan que los chats de la Botika fueron pruebas (válidamente) esgrimidas para justiciar su carcelería preventiva? ¿No podrían, en serio, parar un poco el ruido si realmente la quisieran libre?

Eso, sin contar con que la payasada de acudir a las instancias internacionales es más inútil que un inodoro en la casa de Christian Cueva, sobre todo en quienes miles de veces han insistido en que el estado peruano debería mandar al cuerno a esos organismos. Y, ahora, han anunciado que se pasearán por las embajadas denunciando que su lideresa es una perseguida política. ¿Really? Saben perfectamente que nadie los tomará en serio, pero de eso parece que se trata.

Por si fuera poco, hace unos días, Héctor Becerril salió a proponer un armisticio con Kenji y sus Avengers. ¿Juat? Pues sí, y con la cara más dura que el porcelanato de su baño, como si no hubiera sido él uno de los que más humillaron al defenestrado hermanito menor. ¿O será que sabe que una invitación suya a la reconciliación es la única que Kenji jamás aceptaría?

Pero, ¿quiénes son las/los aspirantes que se alucinan presidenciables y que harían lo que sea por tomar la posta de Keiko? Bueno, se dice que hay varias/os, pero juraría que es la indescriptible Rosa Bartra la que ensaya todos los días ante el espejo su discurso de asunción de mando. Ya la imagino, con los ojos en blanco, la sonrisita de costao y apartando los rulos de los pechereques para que se luzcan los… colores de la banda presidencial. Basta ver la cantidad de sospechosos tuits de irredentos trolls que la lanzan como la mejor figura del Congreso y la dan por absolutamente presidenciable. ¿Casualidad?

Bueno, cada quien tiene derecho a soñar, pero lo cierto es que, con Keiko o sin Keiko, Fuerza Popular tiene tantas probabilidades de resurgir de sus cenizas como un cigarrillo pisoteado en el césped. La gente los conoce demasiado bien. La única que parece que todavía les cree algo, aunque pronto se dará con la verdad en la cara, es su propia lideresa que sigue esperando un poco de lealtad en aquellos a quienes enseñó que la política está hecha de traiciones.

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