Lecciones con la tía regia

Maritza Espinoza
18 05 2019 | 21:00h

Cuando la justicia toca a cualquiera que huela a izquierda, la DBA se convierte en la versión resinosa de don Tomás de Torquemada y reclama la hoguera ante la menor sospecha.

La detención de Susana Villarán dejó sin piso a todos los que hace meses repetían el mantra bobalicón ese de que los jueces y fiscales del caso Lava Jato la “protegían”, a diferencia de los otros implicados en las coimas de Odebrecht, tanto aquellos que recibieron dinero para sus campañas, como los que, además, siguieron coimeando una vez encaramados en el poder.

“¡Cliri, ni Guirriti ni lis fisquilis tiquin i li Villirín pirqui tidis sin inis rijis tirriquis!”, clamaba hasta la afonía la derecha bruta y achorada, pero quedaron rochosamente desmentidos cuando vimos a la tía regia camino a comerse su cana como una Keiko cualquiera, con la única diferencia de que no hubo portátiles insultando a los fiscales, ni compañeros de partido “denunciando” persecución política, ni medios “amigos” simulando “entrevistas objetivas” con grupies disfrazados de opinólogos. Susana Villarán se fue sola, pero, sin duda, es su carcelería la que ha dejado más lecciones sobre la manera en que se mide el comportamiento de los políticos involucrados en la corrupción. Aquí algunas:

 

1. Mi corrupto es mejor que el tuyo

Todos los políticos que fueron corrompidos por míster Barata y compañía han sido desenmascarados básicamente con las mismas pruebas y testimonios, pero los defensores de Keiko y García miden los casos con diferente rasero: interpretan como pruebas de inocencia detalles tan insignificantes como el hecho de que Barata comentara que Keiko siempre se mostró “fría y distante” (lógico, Yoshiyama era el encargado de los arrumacos correspondientes) o, en el colmo de la ceguera, quieren presentar un suicidio inducido por la cercanía de la justicia como un alarde de dignidad. En cambio, cuando se trata de Villarán (o de los Humala, en su momento) todo testimonio es prueba irrefutable y no se diga más, ¡a la reja!

 

2. ¡Qué desleales son los caviares con sus corruptos!

Todos los que, en su momento, apoyaron a Villarán en el proceso de la revocatoria deslindaron de inmediato, como debe ser, porque, evidentemente, votaron por ella de buena fe, como lo hicieron probablemente los peruanos que votaron por la opción contraria. En cambio, los del otro bando, sin excepción, han optado por cerrar filas en un mal entendido espíritu de cuerpo que revela que, antes que la ética pública que tanto pregonan, más les interesan sus conveniencias de corto plazo.

 

3. ¡Córtenle la cabeza… si es de izquierda!

Cuando la justicia toca a cualquiera que huela a izquierda, la DBA se convierte en la versión resinosa de don Tomás de Torquemada y reclama la hoguera ante la menor sospecha, porque allí sí, claro, Barata es la Biblia y los jueces y fiscales son probos y rectos. Pero cuando se trata de SUS líderes, dudan de la palabra de todos los testigos, niegan todo con fe fundamentalista y hasta exigen videos y fotos del momento en que recibieron el dinero, como si la corrupción diera boleta y cambio con sencillo.

 

4. La izquierda en llamas

Lo ocurrido con Susana Villarán ha puesto en entredicho el futuro de la izquierda peruana (que no es que estuviera en muy buen pie, dividida y confusa como anda siempre) y todos los grupos que, de uno u otro modo, la representan han quedado calcinados como si Drogon les hubiera pasado por encima. A pesar del deslinde, para el ciudadano común, ese que ha sido bombardeado con terruqueo constante durante dos décadas, la izquierda va desde la tía regia, hoy presa, hasta Antauro Humala y, de taquito, el Movadef. Va a ser bien difícil que logren desmarcarse de lo ocurrido con Villarán antes del 2021, por mucho que despotriquen de ella.

 

5. Que le den la misma pena que a los otros

A este tipo de desinformados no hay forma de hacerles entender que la prisión preventiva no es una sentencia y que incluso pueden dársela a alguien que, al final, resulte absuelta. La Villarán tiene 18 meses de prisión preventiva (dos años menos que Keiko Fujimori), porque nunca trató de huir ni cuenta con una bankada saboteando mañana, tarde y noche el trabajo de la justicia. Su conversa telefónica dizque concordando versiones con José Miguel Castro y Gabriel Prado no se compara, ni por asomo, con los planes del chat La Botika para desprestigiar y bloquear a los fiscales.

En fin, se podrá acusar a jueces y fiscales de cualquier cosa –por ejemplo, de repartir un recurso extremo como la prisión preventiva como caramelos, de haber planteado mal el cuadernillo de extradición de Toledo que sigue muerto de la risa en los yunaites, de irse a veces de lengua sobre sus casos-, pero que están tratando a todos con la misma vara es innegable. No puede decirse lo mismo de los defensores de lo indefendible que gustan tanto de tirar piedras cuando tienen el techo de cristal.

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