“La mejor decisión que tomamos fue grabar en quechua”

La República
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Álvaro Delgado-Aparicio:

Retablo se estrena el 16 de mayo en salas comerciales. La ópera prima de Álvaro Delgado-Aparicio, que aborda el complejo mundo de las personas LGTBI en los andes peruanos, llega al gran público con un largo recorrido y 22 premios internacionales en su haber. Domingo habló con su director. 

Para muchos, los retablos son la estampa de los andes y una de las expresiones de arte más respetadas del Perú. Para Álvaro Delgado-Aparicio son la inspiración que necesitaba para grabar su ópera prima. Un riesgo que no dudó en tomar y que lo ha llevado a ganar distintos premios en festivales internacionales, entre ellos el ‘Teddy Awards’, del Festival de Cine de Berlín. El director se inspiró en estas cajas adornadas de flores, que en su interior guardan recuerdos y festividades, para brindarnos una de las cintas más desgarradoras de los últimos años.

Retablo es única en su especie. Fue grabada en quechua, casi en su totalidad, respetando un idioma milenario que va perdiendo difusión en el país. Delgado-Aparicio ha sabido equilibrar los extremos de la trama y cuidar hasta el milímetro los detalles.

Por otro lado, el tema LGTBI en escenarios andinos es ignorado en las películas peruanas, a excepción de Pecado (2009), del recordado Palito Ortega.

Álvaro Delgado- Aparicio se sienta ante nosotras. Quizá sea la entrevista número cien que tiene que dar este día, pero se ve que no le importa, lo disfruta. Ante cada pregunta se toma su tiempo para dar la respuesta perfecta. Es el padre orgulloso de un primogénito que se ha graduado con laureles.

¿Siendo psicólogo cómo decidiste incursionar en el cine?

Desde siempre quise estudiar cine, pero por alguna razón nunca se pudo dar.

¿Tenías miedo a estudiarlo?

No, no, no. Comencé a hacer otras cosas. Estudié psicología e hice mi maestría en psicología organizacional.

¿Y como retomas el camino cinematográfico?

Me gustaba mucho escribir y en un momento dije: Me tengo que atrever a hacerlo realidad. Empecé con un par de cortos y, mientras que aprendía, escribí este largometraje.

¿Cuáles fueron los pilares del guion?

El guion inició con tres ingredientes: La primera fue la relación de dependencia familiar. El segundo ingrediente es la idealización del padre y darse cuenta de que no es como te lo imaginaste. El tercero fue el retablo en sí. Es así como inició la idea de la película.

¿Como fue el desarrollo de Retablo?

A mi corto anterior, El acompañante, le fue muy bien. Estuvo en el Festival de Sundance y conocimos al equipo de Robert Redford, que terminó becándonos para escribir un nuevo libreto. En ese momento ya habíamos escrito con Ronnie Temoche un guion que se llamaba El retablo de los sueños, pero trataba de otro tema. Cuando pasé por el proceso de laboratorio de guionistas después de ciento veinte páginas que tenía me quedé con una sola palabra, que era retablo, todo lo demás cambió.  

¿Se rehizo todo de nuevo?

A raíz de eso comenzamos a coescribir toda la historia de nuevo, con nuevos personajes, nuevas tramas e invité a Héctor Gálvez para irnos por este viaje. Con ese guion ganamos el fondo de Dafo, ganamos el fondo de Alemania, el fondo de Noruega y otros fondos internacionales. Con eso nos atrevimos a empezar este viaje para hacer la película.

El retablo es la fotografía de los andes.

Sí. Algo que a mí me movió bastante fue cuando conocí al primer maestro retablista. Él me dijo: “La diferencia entre tú y yo no es mucha. Cuando yo observo una festividad, algo religioso o algo que me gusta, cierro los ojos y me quedo con la imagen. En cambio, tú necesitas recurrir a una cámara”.

¿Cómo te adentraste en una tradición que no es la tuya?

La primera decisión que tuvimos con el equipo fue hacer la película en Ayacucho, porque los retablos nacieron allí. Antes del rodaje fuimos a convivir con los maestros retablistas, para comprender un poco el contexto. Por otro lado, estuvimos con Magaly (Solier) que es de Huanta y nos dio un montón de información.

¿Cómo nació la idea de filmar en quechua?

Era difícil, porque, claro, nosotros no hablamos ni entendíamos el quechua. Pero lo interesante es que para los tres actores principales era su lengua materna. Entonces comenzamos a ensayar con un intérprete al costado, poco a poco, con mucha paciencia íbamos creando este mundo que nos habíamos imaginado.

¿Qué te dijeron cuando cambiaste el idioma a la cinta?

Tuve que convencer al equipo que grabaríamos en quechua y todos me decían que no, que era muy riesgoso, que era mi ópera prima y que ya estamos filmando en sitios con gran altura, me preguntaban, “¿por qué te vas a meter en un espacio tan complicado?”, pero ya nos estábamos arriesgando tanto que seguimos. Fue la mejor decisión que tomamos.

¿De qué manera investigaron sobre el tema LGTBI en los pueblos de Ayacucho?

Bueno, primero la película tiene muchas capas, una de ellas es el tema de la sexualidad. En los andes es un tema tabú, no se habla. Eso fue lo que nos llamó mucho la atención y queríamos explorarlo más. Conversamos con varias personas y fuimos cotejando historias. Con eso pudimos crear esta cinta que es una ficción, no es un documental.