Mil maneras de ser

La República
20 M04 2019 | 21:00h
Puesta en escena

Sus genitales no definen quiénes son. Y, por ello, la sociedad los invisibiliza o violenta. Transhistorias, una puesta en escena interpretada por trans y dirigida por trans con el fin de autoconcederse el derecho a la expresión cultural.

Ser trans, es decir, alguien que no está conforme o no se identifica con su género al nacer, es andar por el mundo bajo un yugo verbal: tener que explicar todo el tiempo, una y otra vez, quién eres. Muchas veces al día, todos los días.

Que no todo se circunscribe a los genitales. Que hay vida más allá del pene y la vagina.

Entenderlo sigue costando víctimas. Cuerpos torturados que amanecen en descampados. Personas que no fueron consideradas como tales por sus asesinos.

Ser trans es padecer. La familia suele darte la espalda. Eres llamado con un nombre que no deseas. Difícilmente encuentras trabajo. Y en cada esquina se burlan de ti o, cuando menos, te descalifican.

"La persona del DNI no es usted". "¿Qué hace aquí, este es el baño de hombres?". "Señorita, disculpe, este no es el perfil que buscamos".

Pero ser trans también puede ser una oportunidad para instruir. Con esa inquietud pedagógica y liberadora se formó Transhistorias, un colectivo integrado por personas trans, en su amplia diversidad, que lanzó el 31 de marzo una obra testimonial con el mismo nombre.

Obra que tengo el privilegio de contemplar esta noche, en la víspera de Semana Santa, en una función resumida y exclusiva, en el tercer piso de una casa, en San Miguel.

Aunque el fucsia y el turquesa de las paredes calzaría perfectamente con la sala de algún fanático de 'Con mis hijos no te metas', en realidad es una oda a Frida Kahlo, la pintora favorita de Lucía Córdova, la novia de Fran Lecca, uno de los testimoniantes.

Ambos conviven desde hace cinco años. Se conocieron en la universidad después de salir de relaciones complicadas. “Un día Lucía me besó, y me di cuenta de que ser un chico trans no era ningún impedimento para que se fijara en mí”, dice Fran en uno de los pasajes de la obra.

Suena sencillo y maravilloso, casi a cuento de hadas. Nada más cándido. Lucía fue echada de su casa después de contárselo a sus padres. “Nunca te hará feliz porque no tiene pene”, fue el último argumento de su madre. Tenían apenas dos meses de relación.

Por fortuna, la madre de Fran, curada tras vivir su proceso y aceptar a su hijo, acogió a Lucía. Desde entonces viven todos juntos, aunque en pisos diferentes. Es un hogar tolerante. De ello pueden dar fe los tres gatos y los tres perros que también la habitan.

Sobre un cómodo sillón, Fran Lecca, Emi Godos, Tomihas Benjamin Calle y Ale Sotelo me dan un curso intensivo de identidad de género. Salen a relucir los todas, todos y todes. Los él, ella y elle. Pronombres y morfemas inclusivos que dividen aguas. A unos les parece un atentado lingüístico. A otros, un mecanismo para construir su realidad. A mí me hace algo de ruido, pero planteo el trato: que cada quien hable como mejor se sienta.

“Somos más que VIH y prostitución”, afirma Emy, una trans femenina que, a pesar de haber estudiado Comunicaciones en la Universidad de Burgos, en España, no halla estabilidad laboral. Su último trabajo duró cuatro meses y terminó en diciembre. Paradójicamente, se trató de un mecanismo de coordinación comunitaria que tenía por objetivo capacitar a la población trans y realizarles despistajes de VIH. No le queda otra que ejercer su profesión desde el voluntariado.

Arturo Dávila, el director de Transhistorias, se define como un moche trans masculino y pansexual. Es decir, nació con genitales femeninos, se identifica social, física y psicológicamente como hombre, pero puede sentirse atraído por hombres, mujeres o trans.

Una abstracción difícil de comprender enseguida. Cuando Ale Sotelo, una persona no binaria, o sea que no se encasilla en un solo género, que puede acoger todos o ninguno, salió del clóset con su familia, les entregó un cuadernillo. Su proyecto de tesis sobre la violencia transfóbica en Lima. Les ha costado asimilarlo.

Pero quizá dentro de todos los caminos ese sea el correcto. Desde la educación y la cultura. Hoy tendrán una función en la asociación cultural Winaray, en el Centro de Lima. Y el 17 y 19 de mayo estarán en los dos locales de la Biblioteca Nacional.

No están confundidos ni tienen algún trastorno. No son una comedia. Solo quieren ser. De mil y un maneras.

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