El regreso del sarampión

La República
15 M04 2019 | 07:39h
Salud

El sarampión, un mal que se suponía en retirada, ha resurgido en Nueva York, sobre todo en los barrios de judíos ultraortodoxos. La causa: la oposición de estas comunidades a recibir vacunas. El gobierno del estado ha declarado la emergencia de salud pública.

Todo empezó con el inocente viaje de un niño a Israel.

Un niño no vacunado, vecino del barrio de Bensonhurst, Brooklyn, miembro de la comunidad judía jasídica, que viajó con su familia a Jerusalén, en octubre, como parte de un peregrinaje a la Tierra Santa.

El niño regresó con sarampión y contagió a otros niños no vacunados de su comunidad.

La enfermedad se propagó por Bensonhurst, Borough Park, Williamsburg y otros vecindarios judíos de Nueva York. Cruzó a Nueva Jersey y llegó hasta California y Michigan.

Hasta esta semana se habían contabilizado 465 casos.

La mayoría de las víctimas son menores de edad de Nueva York. Y sus padres son judíos ultraortodoxos, que se oponen a aplicarles vacunas a sus hijos porque creen que les provocan autismo y otras enfermedades.

Podría parecer una historia acaecida en una zona rural de Asia o Europa del Este, pero ocurre en el Primer Mundo. Lo que demuestra que ninguna parte del planeta está a salvo de la superchería de los antivacunas, una de las mayores amenazas a la salud pública mundial.

"Tienen ADN de rata"

Estados Unidos había declarado erradicado el sarampión en el año 2000. Desde entonces ha sufrido algunos rebrotes, el más grave de ellos en 2014, cuando se reportaron más de cien casos originados en los parques de atracciones de Disney.

Pero nada parecido a lo que está viviendo hoy. En Nueva York no se había tenido noticias de la enfermedad en décadas.

Según un reportaje de The New York Times, entre los judíos de Brooklyn circula una publicación que anima a esa comunidad religiosa a no vacunarse porque la vacunas "tienen ADN de mono, rata y cerdo".

En el "Manual de seguridad de la vacuna", una publicación dirigida a miembros de la comunidad judía ultraortodoxa, se advierte a los padres que las vacunas causan autismo y otras enfermedades y que contienen células de fetos abortados.

El manual fue creado por un grupo llamado Padres que Educan y Abogan por la Salud de los Niños y se ha convertido, según el reporte del Times, en uno de los principales vehículos para la desinformación entre grupos ultraortodoxos.

Una vez que saltaron las alarmas, los equipos de salud del estado de Nueva York trataron de frenar la expansión, pero en el camino se encontraron con la resistencia y la falta de cooperación de estas familias, que se niegan a abrirles la puerta para que les apliquen el suero.

También hay razones culturales en esta negativa. Los judíos ultraortodoxos rechazan la interferencia del mundo moderno. Por esa razón también han rechazado los intentos de la oficina de sanidad por ponerle freno a su práctica de la circuncisión, la que se cree es la causa del herpes en los niños.

Temores infundados

La creencia de que la vacuna contra el sarampión produce autismo fue propagada en 1998 por Andrew Wakefield, un médico británico al cual, posteriormente, se le retiró la licencia para ejercer la medicina. Sucesivos estudios han desmentido esa afirmación. El último de ellos, difundido en enero pasado, dio seguimiento a 657 mil niños daneses nacidos entre 1999 y 2010 y concluyó que "la vacuna SPR no aumenta el riesgo de sufrir autismo, no detona el autismo en niños susceptibles ni se relaciona con el aumento de casos de autismo después de la aplicación de la vacuna".

Sin embargo, el movimiento antivacunas sigue difundiendo la teoría de Wakefield por el mundo, provocando rebrotes de una enfermedad que, según la OMS, estaba en retirada.

El último martes, el alcalde de Nueva York, Bill Blasio, declaró una "emergencia pública de salud" e instó a las personas no vacunadas (niños y adultos) que viven, estudian o trabajan en los barrios más afectados por el sarampión a inmunizarse "para proteger al resto de la comunidad y ayudar a reducir la epidemia". Quienes no cumplan la orden podrían recibir multas de hasta 1.000 dólares o incluso ir a prisión. Representantes del movimiento antivacunas han respondido que nadie tiene derecho a obligarlos a vacunar a sus hijos. Sin embargo, Blasio y el resto de autoridades han sido enfáticos: esta es una emergencia de salud. Y tienen el poder para obligarlos. (O. M.)

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