Posverdad, noticias bajo la lupa

La República
2019 M04 14 | 12:19 h
Informe

En tiempos de posverdad, hoy la internet y las redes sociales son el principal vehículo para la desinformación y la manipulación de la realidad. ¿Hay mecanismos de control para esa avalancha de información sin filtro?

El acuerdo de colaboración eficaz con Odebrecht polarizó a la sociedad peruana empezando el 2019. Un operador del Poder Judicial vinculado al juez César Hinostroza -hoy en España- filtró en enero un documento de 17 páginas que varios medios vinculados al fujimorismo y al Apra, o contrarios al trabajo del Equipo Especial de Fiscales del Ministerio Público publicaron señalando que era lesivo al país, una verguenza, una traición.
"Acuerdo completo con Odebrecht", publicó un sitio web poniendo un enlace al documento e indicando que con él se salvaba a la empresa brasileña. "De rodillas ante Odebrecht", indicó un diario al día siguiente. Y ofrecía una separata especial con todo el documento. Otros voceros de esos sectores azuzaron un ambiente de linchamiento a los fiscales.
Pero ese documento de 17 páginas no era, ni por asomo, el acuerdo final con Odebrecht. "El verdadero acuerdo se firmó el 14 de febrero -casi un mes después- en Sao Paulo. Y cuando entregaron el documento final, todos hemos visto que se trataba de 600 tomos con no sé cuántos miles de páginas. Ese es un caso reciente de distorsión de la información", explica Jacqueline Fowks, periodista, investigadora en temas de comunicación y autora del libro Mecanismos de la posverdad.
El diccionario de Oxford señala que el término posverdad denota circunstancias en que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal influyen más en la formación de la opinión pública, que los hechos objetivos.
En el Perú la cruzada anticorrupción que llevan adelante los fiscales del caso Lavajato ha desatado en el país una polarización en la que en verdad ya poco importa la información real, verificada: desde el lado del aprofujimorismo -unidos en el Congreso y en sus críticas al gobierno- se señala que los fiscales son controlados por el presidente Vizcarra, que protegen a corruptos, y que hasta serían parte de una "mafia caviar".
Ese discurso acusatorio a los fiscales investigadores es parte de un ambiente de posverdad que se ha construido desde que estalló el caso Lavajato en el Perú y varios expresidentes y líderes de partidos empezaron a ser investigados. Contra las pruebas que se consiguen en su contra, los acusados tienen una maquinaria de medios, columnistas y voceros para contratacar. Y sus seguidores les creen.
"Este fenómeno no es nuevo. La historia del Perú está llena de mentiras y el tema de la corrupción lo estamos viviendo desde el Virreynato. La forma de protegerse de los corruptos siempre ha sido acusar a otros de ser corruptos, y la gente que los sigue cree en lo que quiere creer", señala Rici Lake, exinformático de Google y experto en temas de internet.

Democracia debilitada

Para Jacqueline Fowks, hoy existen ciertos reparos al término posverdad porque algunos expertos señalan que las mentiras siempre han existido y quizá es más conveniente hablar de 'desinformación en el ámbito digital'. A diferencia de los casos de manipulación o desinformación del siglo XX, con la radio, la prensa, y mucho antes, con los panfletos, actualmente, debido a los millones de personas que tienen teléfonos con conexión a internet, la dimensión y gravedad del problema se ha hecho mucho mayor.
Con la tecnología existente, la internet y las redes sociales, los procesos de desinformación son cada vez más rápidos, más baratos y más frecuentes.
"Eso se debe al tipo de relación que las personas tienen con la tecnología: estar todo el tiempo conectado, querer compartir lo máximo para generar reacciones, likes, y además es un ámbito en donde las emociones operan más fuerte que en el papel. Es mucho más simple que los procesos de desinformación se conviertan en virales y que las personas crean que lo que tienen en su pantalla es verdad, especialmente cuando aquello que ven coincide con sus prejuicios, sus estados de ánimo y su manera de pensar", argumenta Fowks.
Rici Lake señala que cuando el fenómeno de la posverdad crea realidades paralelas en la que distintos sectores se acusan mutuamente, por ejemplo, de corrupción y todos acaban siendo corruptos, eso debilita o ataca la democracia. "La democracia se basa en la confianza en el otro. Si perdemos la confianza ¿qué nos queda?", dice.

El triunfo de la mentira
Hay casos en el mundo en el que la posverdad se ha impuesto. Donald Trump ganó la presidencia de EEUU con una campaña que se basó en información que sus votantes querían escuchar. A través de Facebook le llegó a miles de votantes noticias como que el Papa apoyaba su campaña para que "América vuelva a ser grande", o que Hillary Clinton quizá tuvo que ver con la muerte de un agente del FBI que la investigaba. Todas noticias falsas.
Otro caso conocido es el del plebiscito por la paz en Colombia. Allí los seguidores del expresidente Uribe, que se oponían a un acuerdo con las FARC, iniciaron una campaña por el No apelando al miedo: indicaron que los sectores marginales perderían los subsidios para su subsistencia, porque el dinero pasaría a los guerrilleros desmovilizados. Llegaron a decir incluso que el líder guerrillero Rodrigo Londoño, alías Timochenko, sería presidente y que Colombia se haría "castrochavista".
En el caso del Brexit, Boris Johnson, un defensor de que Inglaterra abandone la Unión Europea, repitió que ahorrarían 350 millones de libras a la semana saliendo de la UE y que ese monto se destinaría a la salud. La cifra era falsa. Hay otros temas globales sustentados en mentiras, como el movimiento antivacunas (que es peligroso por el daño que puede hacer a la salud pública), los terraplanistas (que creen que la tierra es plana porque comparten información 'conspiranoica' con visos de cientifica) o la negación de grupos de poder acerca de que no existe el calentamiento global.
Mucha de la información que difunden estos grupos se comparte masivamente por las redes sociales. Jacqueline Fowks señala que las corporaciones dueñas de estos medios (Facebook, Twitter, Youtube, etc) actúan como transportadores de contenidos que otros colocan y no se hacen responsables de lo que circula por ellas.
"A su vez los usuarios han convertido las redes sociales en espacios de confianza en los que, cuando alguien en quien confío, es mi amigo o cercano, y comparte una información que coincide con lo que pienso, lo comparto.No buscan verificar o corroborrar si aquello que ven es verdadero o no", comenta.
Para Rici Lake las redes han llegado a un nivel de irresponsabilidad tal que ya es peligroso. "En el atentado en Nueva Zelanda, Facebook permitió que el asesino transmitiera en directo mucho tiempo. Debe mejorar sus controles".
¿Son posibles mecanismos para controlar la avalancha de información en internet?
Jaqueline Fowks explica dos casos: "Cuando hay campañas electorales en otros países hay medios de comunicación, periodistas, organizaciones de la sociedad civil, empresas de tecnología y donantes que trabajan para verificar la información que circula en redes sociales y que puede contaminar las campañas electorales. Son proyectos de factcheking con colaboración de medios independientes y tradicionales. Y en Europa Facebook tiene acuerdos para que solo puedan poner publicidad los partidos políticos que se han registrado y han informado de donde viene el dinero. Quien no esté registrado es eliminado por Facebook. Tendríamos que hacer esfuerzos para que eso ocurra aquí pronto".