Assange: un hacker en jaque

Renzo Gomez
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Perfil

El creador de WikiLeaks, el programador que hizo temblar al Pentágono, fue arrestado el último jueves en Londres tras asilarse por casi siete años en la embajada de Ecuador. ¿Quién es el hombre que divide al mundo?

Paladín de la transparencia, villano de las conspiraciones, genio informático, hacker miserable y malcriado.

Vaya que el mundo se está esforzando en definir a Julian Paul Assange. Se ha dicho y se dice tanto del creador de WikiLeaks, de una y otra orilla, que es preciso hurgar en la vida del hombre barbudo y desaliñado que fue arrestado el último jueves en la embajada ecuatoriana, en Londres, muy cerca a los lujosos almacenes Harrods, acusado de conspirar contra el gobierno de los Estados Unidos.

Fueron casi siete años, 2 mil 487 días, desde el 19 de julio de 2012 hasta el 11 de abril del presente, que Assange vivió en una oficina de 30 metros cuadrados convertida en habitación.

Elegido por la revista Time como el hombre del año, en el 2010, Assange saltó a las primeras planas, cuando filtró un video aterrador donde un helicóptero de las fuerzas estadounidenses disparó sin piedad contra un grupo de civiles en Bagdad, cobrándose la vida de 12 personas, entre ellas dos niños y un fotógrafo de la agencia Reuters.

Para aquel entonces, a través de su portal WikiLeaks (unión semántica de Wikipedia, la enciclopedia virtual más completa, y leaks, filtración en inglés), Assange ya había revelado la ejecución extrajudicial de 500 jóvenes en Kenia, el derramamiento de 500 toneladas de residuos tóxicos de una transnacional en Costa de Marfil, y el manual de la Armada de Estados Unidos para los soldados que se ocupan de los prisioneros en el Campo Delta, en la Bahía de Guantánamo.

En total, fueron 40 mil archivos sobre la guerra de Irak y 77 mil que documentaban 20 mil muertes en la misión en Afganistán. Nunca nadie se había atrevido a abrir esa cerradura.

Assange, por esos días, rasurado, lozano y bien peinado, alababa a su organización sin fines de lucro, con sendos discursos, donde hacía gala de sus pausados dotes de orador: “WikiLeaks ha publicado más documentos clasificados que toda la prensa mundial junta”.

A decir del colegaje, cinco de los diarios más importantes del mundo, The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y El País, difundieron, en coordinación con el portal, 250 mil cables diplomáticos del Departamento de Estado.

Assange era la mano que mecía la cuna. Las condecoraciones se sucedieron una tras otra: Premio Sam Adams, la medalla de oro de la Fundación de la Paz de la Universidad de Sidney, el Premio Martha Gellhorn de Periodismo, y un etcétera nada corto.

En el 2011, un parlamentario noruego lo nominó al Premio Nobel de la Paz, y en el 2013 fue inscrito por sus seguidores para tentar un escaño en el Senado australiano.

¿Por qué entonces su cabeza corre peligro? ¿Qué ocurrió para que Ecuador le retirara el asilo político y lo pusiera en bandeja de plata a los Estados Unidos?

 

Escapar o vivir

Lo primero que hay que decir de Assange es que su vida es una fuga. A los ocho años sus padres se separaron , y años más tarde le tocó por padrastro un músico, devoto de Anne HamiltonByrne, una mujer australiana que decía ser la reencarnación de Jesucristo y que fundó una secta apocalíptica en los sesenta donde se cometieron abusos sexuales. El chico nacido en Townsville, una ciudad en la costa noroeste de Australia en julio de 1971, huyó en cuanto pudo junto a su madre.

Su fecha de nacimiento y sus datos personales no han sido proporcionados por él. Se trata de un rompecabezas que han armado sus biógrafos. Assange dice haber asistido a 37 escuelas y seis universidades debido a la compañía teatral itinerante de su mentado padrastro. Ha estudiado diversas carreras como física, matemáticas, neurociencia y filosofía, pero sin concluir ninguna.

Lo suyo se forjó tempranamente, antes de la mayoría de edad, a los 16 años, cuando se adentró en el sistema informático de una compañía canadiense de telefonía, bajo el seudónimo de Mendax, junto a dos amigos. Fue su estreno como hacker.

La Policía Federal Australiana ingresó a su casa de Melbourne. Y tiempo después se declaró culpable de 24 cargos por delitos informáticos, siendo liberado por buena conducta y pagando la venial multa de 2100 dólares australianos.

Con el tiempo se volvió experto en lenguajes de programación y hasta creó un programa de cifrado llamado Rubberhose, así como Strobe, el primer escáner de puertos gratuito.

“En cuestiones de espionaje, ya hace mucho que pasamos ese punto. Internet es una gigantesca máquina de espionaje al servicio del poder. Debemos luchar contra esta tendencia y convertirla en un motor de transparencia para el público, no solo para los poderosos”, dijo alguna vez.

En agosto de 2010, su repuración sufrió una modificación abrupta. Enfrentó un doble cargo de delito sexual en Suecia: uno por violación y otro por acoso. Assange negó las acusaciones y las atribuyó a una “campaña de intoxicación contra WikiLeaks”.

El proceso siguió su curso, y en el 2012 Assange se refugió en la embajada de Ecuador, en Londres. El presidente Rafael Correa aceptó su solicitud en términos de derechos humanos pues consideraba que la vida de Assange corría peligro por una hipotética extradición a Estados Unidos -donde se encuentra vigente la pena de muerte- por infiltrarse en los ordenadores de sus fuerzas militares.

Desde entonces, Assange se dejó ver en un par de balconazos, pero su imagen no paró de crecer. Incluso grabó un tema con Calle 13, los boricuas del rap fusión. Pamela Anderson, la célebre actriz de Baywatch, empezó a visitarlo a menudo, removida por una enorme admiración que, según dicen, ha devenido en un intenso amorío. Tras su detención, Anderson lanzó una andanada de rabiosos tuits.

“¿Cómo has podido, Ecuador? ¿Por qué te ha destapado? ¿Cómo has podido, Reino Unido? Claro, eres la perra de América y necesitas desviar la atención de tu estúpida mierda del Brexit”.

El actual mandatario ecuatoriano, Lenín Moreno, expuso razones que van más allá de tintes políticos, y que están más ligadas a saludables normas de convivencia.

“Instaló equipos electrónicos de distorsión no permitidos, bloqueó las cámaras de seguridad de la misión. Ha agredido y maltratado a guardias de la sede diplomática, ha accedido sin permiso a archivos de seguridad. Posee un teléfono móvil con el que se comunica con el exterior. Por último, Wikileaks amenazó hace dos días al Gobierno del Ecuador”.

Eso no es todo. Se han conocido detalles más impactantes, como que Assange solía pasear en ropa interior por la residencia, escuchaba música a todo volumen y, lo que es peor, alguna vez manchó las paredes con sus heces.

De momento, el fundador de WikiLeaks permanecerá bajo custodia y recibirá su sentencia definitiva en el Reino Unido, en una fecha aún por determinar en la Corte de la Corona de Southwark, en Londres. Por otra parte, Assange volverá a comparecer el próximo 2 de mayo ante la Corte de Magistrados de Westminster, en relación con el proceso de extradición a EEUU. Está previsto que aparezca en esa sesión por videoconferencia desde prisión.

Fugitivo o héroe, hacker o periodista, Assange ha sabido ser la pesadilla de bancos, multinacionales y potencias, aunque por ahora esté en jaque.