Mauricio Fiol: El 'Tiburón' emerge

La República
7 04 2019 | 03:38h

Después de cuatro años rebuscándoselas con retos a mar abierto, charlas motivacionales y realities, Mauricio Fiol está a punto de tocar pared: Lima 2019 marcará su regreso gracias a un permiso especial. Días de aguas tranquilas.

Mauricio Fiol no para de toser. Una, dos, tres, muchas veces. Son los síntomas de una bronquitis mal curada que arrastra desde la semana pasada, y que suspendió sus entrenamientos por dos días a causa de la fiebre.

No es necesario haber estudiado medicina para saber que todavía debería guardar reposo. El cloro le afecta, y mucho. Pero el hombre dice que no puede parar más. Que ya estuvo bueno.

Hace dos viernes, tres días después de cumplir 25, Fiol se enteró por boca del director técnico de la Federación, 'Tato' Moccagatta, que la FINA, la FIFA de la Natación, lo había habilitado para competir en Lima 2019 después de haber sido sancionado con cuatro inacabables años por haber dado positivo en un control antidoping, en Toronto 2015.

Un hecho fantástico que Fiol describe como puede: “me volvió el alma al cuerpo”, “fue como cuando clasifiqué a las Olimpiadas”, “me devolvieron los brazos” , “una sensación indescriptible”, “no tengo palabras”.

Y, en realidad, podría ahorrarse los ensayos. Basta con verle la sonrisa dibujada, y los ojos encendidos. Esa impaciencia infantil para narrar la noticia, y atropellarse en el relato. Qué diferencia con ese otro Fiol lloroso e impotente que se nos ha grabado en la memoria. Ese muchacho hecho añicos que tuvo que devolver su medalla, y salir al frente para pedir disculpas, y decir que no sabía qué había pasado.

Ese Fiol que estaba a punto de lanzar su marca de ropa de baño, pero que comenzó a invertirlo todo para defender su inocencia. Ese Fiol al que Ollanta Humala le bajó el dedo desde su balcón presidencial. Ese mismo que varios meses después de que le impusieran la máxima condena (pudo ser un año si culpaba a su nutricionista), guardó silencio porque, simplemente, ya no había más que decir. Y empezó a buscar qué hacer para seguir nadando.

Travesías a mar abierto cada cual más audaz que la anterior: surcar la Bahía de Paracas; un ida y vuelta, de doce horas, de Chorrillos a La Punta; y atravesar el Titicaca en relevos, a ocho grados, con el wetsuit congelado, y una tormenta eléctrica amenazando su cabeza.

Fiol dejó de nadar por sudamericanos o mundiales. De repente, comenzó a dar brazadas por la trata de personas o por parejas que no pueden procrear. El reto ya no era rebajar sus tiempos en cien, doscientos o cuatrocientos metros. El reto era encontrarle sentido a su vida. ¿Cómo asimila eso alguien que aprendió a flotar a los diez meses? Alguien que acabó en un colegio no escolarizado para priorizar la natación. Un niño hiperactivo con déficit de atención que nadaba para no tomar pastillas. El abanderado de los Bolivarianos 2013. El olímpico de Londres 2012. El oro del Sudamericano 2014. En suma, alguien que siempre ha vivido más en el agua que en la tierra.

He ahí la batalla de estos últimos cuatro años.


El combatiente

“Hasta ahora no termino de costear el juicio. Invertí todo, pero no me arrepiento. Hice todo lo que pude”, dice Fiol, al pie de la piscina del Juana Alarco de Dammert, su nueva casa desde hace varios meses, como liberándose de cualquier remordimiento.

La suspensión por dopaje no solo lo alejó de las competencias federadas. También le ha impedido entrenar junto a sus compañeros de equipo, en el club Regatas Lima, bajo la supervisión de Giuliana Belaunde, su entrenadora desde los diez años, y amiga de colegio de su madre.

En estos momentos, en los que un regimiento de niñas está pataleando a la vez, no parece ser el lugar más idóneo para un nadador olímpico. Pero Fiol se acomoda como puede, muy temprano en las primeras horas del día, y luego por la tarde, cuando las clases han terminado, y las chicas deben ir a casa.

No paga por la piscina. Su entrenadora la alquila para su academia Planeta Aqua, y se la cede las horas que necesite. Un alivio después de asumir un juicio que le ha costado 110 mil dólares, y por el que tuvo que desprenderse de su auto (su madre de su camioneta), dar clases particulares, dictar charlas motivacionales, vender piezas de construcción en el almacén de su abuelo, y ser un chico reality durante una breve temporada.

Fiol viajó a California para hacerse la prueba del polígrafo, mandó a analizar su pelo a Francia, y pasó el examen de testosterona y perfil hepático. Incluso se asesoró con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), y certificó que en el mercado peruano circula carne contaminada con estanozolol, la sustancia que se le halló en la orina. Un anabólico para caballos que aumenta la masa muscular.

Desde entonces, aunque no quiera sonar pituco, consume carne importada. No asegura que sea la causa de su desgracia, pero prefiere cuidarse de todo.

Eso sí, Fiol, quien superó sus marcas largamente en Toronto 2015 (de 1:59.24 a 1:55.15 en 200 metros mariposa), niega que haya pretendido sacar ventaja con la misma firmeza del primer día. Tiempos donde protestaba con el lema: “Nadando por mi verdad”.

Y fue en aras de esa verdad que ingresó a Combate, en la primera mitad del 2018. Una verdad que lo dejó en bancarrota, sin fondos para continuar sus entrenamientos.

“Tuve que entrar al reality porque me quedé sin auspiciadores. Pero tengo claro que lo mío no está en farándula sino en el agua. Soy un deportista”, recalca ante cualquier duda.

Desde el primero de enero, Fiol está enfocado en su preparación. Gracias a nuevos auspiciadores, entre ellos AOC y Philips, ya no tiene que rebuscárselas para llegar a fin de mes. Puede pensar nuevamente en mejorar sus marcas. El mes pasado, de hecho, estuvo en Cuenca, en una piscina particular, adaptándose a la altura. No pudo acompañarlo Reinaldo de Souza, quien lo entrena provisionalmente. Pero asegura que no fue mayor problema.

Si bien la Federación Peruana de Natación ha anunciado que la FINA aprobó su inscripción en los Panamericanos Lima 2019, ha optado por no brindar más detalles. Fiol cumplirá su sanción el 11 de julio. La lista oficial se entregará el 16 de mayo después de los selectivos del 25 y 28 de abril. Es decir, la única manera para que el 'Tiburón' pueda competir en el torneo es que lo inscriban directamente. Un cupo que podría causar protestas en los demás aspirantes. Quizá por eso no se atreven todavía a decirlo con todas sus letras.

Lo que sí le han confirmado es que tentará medalla en 100 y 200 metros mariposa, ese estilo extenuante que quema más calorías que ningún otro, y que le valió para colgarse la plata brevemente en Toronto 2015.

Dos meses después del castigo, con los opinólogos triturando su carrera, Mauricio Fiol se tatuó una frase, en su muslo derecho, en dórico, el idioma de los espartanos: El verdadero guerrero no es el que gana todas las batallas sino el que regresa luego de una derrota.

Son trece las veces que se ha marcado la piel. La antorcha olímpica en las costillas, un ojo de Horus en la espalda, una mantarraya en el gemelo izquierdo, sus apellidos en los antebrazos. Pero hay uno que lo hace flaquear: un colibrí sobrevolando una rosa y una daga. Un tributo a su abuelo Arturo, su Papapa.

A él le dedicó la medalla que no fue. A él le dedicará las que vendrán.

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