El hombre de El Pentagonito

La República
2019 M04 7 | 02:00 h
Teatro

Muerte en el Pentagonito, el libro de Ricardo Uceda sobre la lucha antiterrorista del Ejército peruano, llega al teatro con el mismo título. La obra se centra en Jesús Sosa, miembro del brutal Grupo Colina, y se estrena el 25 de abril en la Alianza Francesa .

Esta historia empieza de forma coral: varias personas hablando del Perú a comienzos de los años 80, cuando Ayacucho empezaba a desangrarse por las acciones de un grupo terrorista que cometía crímenes y atentados atroces, y al cual se conocía como Sendero Luminoso.

"En 1982 un pedazo del país era destruido por la feroz guerrilla del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. Su jefe, Abimael Guzmán, anunciaba la demolición del viejo Estado, colonial, semifeudal, capitalista, burocrático", dice una voz. "Ese año los senderistas estaban a punto de adueñarse de Ayacucho. El 11 de diciembre, el alcalde de Huamanga fue acribillado. El 20, el subprefecto recibió cuatro balazos. El día siguiente fue asesinado el director del Instituto Nacional de Cultura", dice otra.

La historia, nuestra historia real, dice que el presidente de entonces, Fernando Belaunde, cedió a las voces que le pedían enviar a los militares a la zona. No solo llegaron tropas y oficiales a los cuarteles, sino que también arribaron agentes de inteligencia que debían realizar labores de infiltración para identificar a los senderistas.

"Haciéndose pasar como ciudadanos comunes, ellos debían reunir la mayor información posible acerca de Sendero Luminoso. Vivirían al margen de los militares de la zona, reportando a sus jefes en Lima. En el grupo que llegó a Huamanga faltaba el suboficial de segunda Jesús Sosa Saavedra. Llegó recién el 6 de febrero de 1983", cuenta otra voz.

 

Así empieza la obra de teatro Muerte en el Pentagonito, basada en el libro del mismo nombre, del periodista Ricardo Uceda, una investigación que ahonda en la estrategia de lucha antiterrorista del Ejército peruano. Alejandro Guzmán, director de la obra y también periodista, leyó por primera vez el libro para un curso de la universidad y desde entonces quedó atrapado, impresionado, por todo lo que allí se contaba.

"Debe ser el libro que más veces he leído", cuenta. Él plantea ahora una historia y una reflexión sobre esos tiempos violentos a través de la figura de Jesus Sosa Saavedra, suboficial del Ejército peruano, agente de inteligencia y miembro del Grupo Colina, un escuadrón que actuaba al margen de la ley y donde se le llegó a conocer como "Kerosene".

"Una de las razones que me llevó a pensar que Muerte en el Pentagonito era un buen texto para llevar al teatro es que, pesar de que es una investigación con muchos ángulos, había una historia dramática sobre un personaje que se va transformando. Que empieza joven, inocente, con ideales, y termina siendo otra persona: Jesús Sosa", dice el director. El agente de inteligencia terminó convertido en un ejecutor eficaz y despiadado en la lucha antiterrorista.

Contar para recordar

El suboficial Sosa intenta dormir pero no puede. Está en un hospedaje de Ayacucho y tiene su arma de fuego cerca. "Se imaginaba cadáveres destrozados regando de sangre los cerros", dice un actor mirándolo. (Se oyen golpes en la puerta). "Se imaginó que los senderistas entrarían, lo identificarían, hallarían su arma y lo matarían. Pero no pasó. Entonces decidió dispararle al primero que ingresara. Pero faltaba un mes para que viviera la experiencia de matar", dice otro actor.

La historia que se cuenta en la obra es la biografía vital de Sosa, desde que llega a Huamanga en 1983 y empieza su labor de agente de inteligencia. "He querido contar la historia de Sosa peleando contra Sendero, otros capítulos del libro no respondían a esa línea dramática", explica el director.

Muerte en el Pentagonito es una adaptación del libro de Uceda, con autorización del autor. Cuenta con las actuaciones de Alaín Salinas en el papel de Jesús Sosa Saavedra, personaje principal de la obra; Sandro Calderón, como Santiago Martin Rivas, y Emmanuel Caffo, Daniel Cano, Haysen Percovich y Carolay Rodríguez. Todos ellos, a excepción de Alaín, hacen de numerosos personajes: investigadores, militares, senderistas.

Para Alaín Salinas, hacer de Jesús Sosa ha sido retador. "Me acerqué al libro hace unos años, cuando hice (la obra de teatro) La Cautiva, y es un personaje difícil, con muchos matices. Además debo interpretar distintos pasajes de su vida, desde que era joven hasta que es más maduro, y eso es también una mezcla de energías", precisa.

Salinas comenta que, ahondando en el libro y la información que existe para construir su personaje, ha llegado a la conclusión de que lo ocurrido con Sosa le pudo pasar a cualquiera en sus mismas circunstancias. "Hace poco, en la presentación de la nueva edición de Muerte en el Pentagonito, el ex ministro Carlos Basombrío dijo que él (Sosa) era una persona ordinaria en situaciones extraordinarias y reaccionó ante ellas", remata.

Sandro Calderón, actor que hace de Santiago Martin Rivas, comenta que él vivió ya adulto las noticias del juzgamiento de los Colina y se interesó mucho en el tema. Sobre su personaje señala que le ocurrió lo mismo que a Sosa: que Martin quizá llegó al Ejército con ideales y el conflicto que se desató después alteró su vida, lo transformó.

"Lo que me sorprende es que estos personajes convocan sentimientos enfrentados: hay gente que dice que nos salvaron del terrorismo y hay otros que los condenan por sus crímenes. A mí me hace pensar sobre en qué momento cruzas la línea. Eso es interesante para la obra y para los actores", explica.

Carolay Rodríguez, la unica mujer en la obra, cuenta que hace todos los personajes femeninos que aparecen en la historia y ha sido un reto para ella entrar y salir de los personajes. "Hay un cambio de emociones de uno a otro. Por ejemplo, cuando hago de Carlota Tello, una líder senderista, el papel me demanda mucha fuerza, una mirada retadora, un tono de voz. Y cuando me convierto en una investigadora, debo ser muy calmada, con las frases precisas. Y en medio de todo, hacer que el público se dé cuenta del paso de uno a otro".

A Daniel Cano, que hace trece personajes en la obra, le parece muy importante la historia que se cuenta. Él tiene 27 años y no vivió de cerca los hechos que ahora protagoniza en la obra. Pero considera que su generación debe conocer lo ocurrido. "El plus del teatro es que te acerca a la historia que cuenta, le da humanidad a los personajes y te puede hacer entender sus motivaciones, más allá de cómo los juzgues según tu moral", dice.

Guzmán, el director de la obra, se reunió con Uceda para explicarle su proyecto y pedirle autorización para llevarla al teatro. Uceda no puso objeción y no intervino en ningún aspecto de la propuesta escénica.

El director de Muerte en el Pentagonito estudio Periodismo en la PUCP y actuación con Roberto Angeles, además de llevar otros talleres de formación teatral. Hace tiempo que pensaba en cómo entablar un vínculo entre el periodismo y el teatro. "Por ejemplo, me hacía la pregunta: ¿que pasa si se hace una investigación periodística y, con eso, en vez de ensamblar un reportaje o un documental, montas una obra de teatro".

La historia de Jesús Sosa que se desarrolla en varios de los capítulos de Muerte... era perfecta para el formato en el que pensaba. "He tratado de mantener la rigurosidad e imparcialidad que tiene la investigación de Uceda", dice. La historia nos muestra los hechos, fríos, duros, dramáticos. "La violencia, cuando se combate con violencia puede provocar situaciones mucho peores. Eso es lo que hace que esta obra sea actual y vigente", agrega. Quien vaya a verla, podría no encontrar muchas respuestas, pero se irá con muchas preguntas en la cabeza.