¿Tiene sentido un perdón de quinientos años?

La República
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Internacional

Después de cinco siglos de la conquista española en México, una carta reaviva responsabilidades históricas en pleno siglo XXI. Posturas rotundas de un debate candente.

A espada y cruz. Así se forjó la Conquista de América ha declarado hace unos días el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, días después  de que se conociera un hecho insólito: una carta, con su puño y letra, dirigida a España y al Vaticano, donde exige disculpas públicas por las matanzas e imposiciones ocurridas hace 500 años. Nunca antes un mandatario mexicano   lo había hecho. Lo que generó, además de un "No" muy firme del gobierno español y una proliferación de memes, que se especulara sobre un mensaje encubierto. ¿Estaba dirigido a los consorcios trasnacionales acusados de corrupción en suelo azteca? ¿Se trata de una estrategia para consolidar su modelo de gobierno? Sea como fuere, el documento filtrado ha atizado una discusión que dormitaba. Tres especialistas tienen la palabra para echar más luces sobre el tema. 

Francisco Belaunde: "¿Disparate o pedido legítimo?"

Ciertamente se han dado diversos casos en el mundo de pedidos de disculpa por un Estado a causa de los crímenes y abusos cometidos en el pasado contra uno o varios pueblos. El reclamo del presidente López Obrador sería entonces congruente con esas experiencias. No obstante, sí se distingue por el lapso de tiempo transcurrido. Hay acá un primer punto de controversia. ¿Cuánto se puede retroceder en el tiempo para activar legítimamente pedidos de disculpa?
En ese sentido, cabe diferenciar los casos de España  y del Papa: hay una continuidad en la existencia de la Iglesia. Suena entonces razonable que el Sumo Pontífice exprese su pesar a los pueblos afectados, como, por cierto, ya lo ha hecho Francisco I.
No se puede decir lo mismo de la Corona española de hace 300 o 500 años y el Estado español actual. Por otra parte, en la línea de lo dicho por Mario Vargas Llosa, AMLO representa a un Estado que tiene una inmensa deuda con sus poblaciones indígenas.
Más allá de ello, hay un tema de fondo que sí merece ser tratado, pero con seriedad, como parte de un reencuentro intercultural  y de una reflexión común. Según el diario El País, había conversaciones en curso al respecto entre España y México con vistas al Bicentenario de la Independencia del segundo. En ese contexto, la iniciativa del presidente sería impertinente, además de desafortunada. 

Mayte Dongo: Una carta impertinente

No habrán sido de quinientos años, pero sobran ejemplos de actores que han hecho pedidos similares. Francia con Argelia por citar un caso.  Lo curioso en la exhortación mexicana es que haya sido ahora y no antes. Ello ha provocado que el mundo hable de esta carta, cuando en México hay temas trascendentales como la desaparición de miles de personas. 
Ahora, cuando ocurren estos sucesos las personas suelen caer en  una confusión: los españoles actuales no tienen la culpa de lo que hicieron sus antepasados. Eso hay que zanjarlo. Se trata de una disculpa institucional. La carta fue dirigida al Rey Felipe VI. Sin embargo, ha causado sorpresa que haya sido el gobierno español quien haya respondido a través de un comunicado que no lleva la firma del presidente. Un manejo errado a todas luces. España bien pudo mantener el diálogo abierto si no pretendía aceptar las vejaciones que hizo durante la Conquista. Pudo haber reaccionado de una manera más conciliadora, pero optaron por el pragmatismo. Decir que no estuvo de más.
¿Caben las disculpas a fin de cuentas? Como una cuestión simbólica puede tener sentido, desde luego. Pero, ¿por qué no se pudo dar en una reunión bilateral o en encuentro regional? Hubiese sido mucho más pertinente. Tal vez la carta no fue la mejor vía. Con el pasar de los días ha quedado más claro.

Ramiro Escobar: La historia no es olvidable

Así como errar es humano, perdonar también lo es, solo que es muy difícil porque implica una emoción noble, algo extraño en la política. De allí que el pedido de Andrés Manuel López Obrador a España y al Papa haya caído como un meteorito.
Es posible que en la propuesta del presidente mexicano haya un cálculo político, tal vez para desplazar la atención de ciertos tacos calientes (uno de ellos es construir el Tren Maya afectando territorios indígenas). Lo que sorprende es la reacción.
Sí, puede que no sea elegante poner eso sobre la mesa cuando en el 2021 se preparaba una conmemoración mexicano-española de los 500 años de la caída de Tenochtitlán. Sí,  también debe recordarse la alianza de algunas etnias con Hernán Cortés.
Pero cinco siglos no han apagado todos los recuerdos tormentosos, especialmente en el mundo indígena, que tras la Independencia siguió siendo ninguneado. Que incluso hoy sufre las consecuencias de un proceso histórico con episodios de crueldad.
La Conquista implicó niveles de mestizaje muy complejos que nos hicieron lo que somos. Para muchos, algo de nuestro corazón está en Madrid o Barcelona, y a la vez en Huamanga, en el Cusco o en la morena Virgen de Guadalupe. Toda esta historia, en suma, no fue plana, ni olvidable. Tuvo luces benignas, como las misiones jesuíticas del Paraguay, y sombras violentas, como los obrajes.