El sagrado femenino

Maritza Espinoza
9 03 2019 | 16:00h

Podemos terminar como al principio: como un montón de mujercitas aterradas, incapaces de defenderse sin la ayuda de un huevo de leyes proteccionistas y dispuestas a mandar a la cárcel al primer macho que nos mire con deseo.

Esta semana, gran parte de los peruanos nos volvimos tan feministas que hasta Gloria Steinem se hubiera puesto verde de envidia si solo hubiera podido husmear en nuestros muros de Facebook, en nuestro timeline del Twitter, en nuestras fotos de Instagram y, quién sabe, hasta en nuestros chats de Snapchat, porque, juraría que, solo por estos días, hasta los agarres más fugaces se volvieron de lo más educaditos y políticamente correctos.

Ya me imagino a los caballeritos en busca de ligue tratando por todos los medios de no caer en una lescanada imperdonable y proponiendo algo así como: “amiga valiente y luchadora, a la que respeto y considero mi igual, a quien pido perdón por todos los excesos de mis congéneres, porque yo sí fui educado para respetar al otro sexo desde chiquitito, por favor, solo si tú quieres y solo si no te parece un acoso de mi parte, ¿me permitirías follar contigo?”

Claro, no faltaron los aguafiestas que salían con papanatadas del tipo “¿Y el Día del hombre pa’ cuándo, ah?”, o los que acusaban a toda la que hablaba de derechos femeninos de “feminazi”, o quienes daban la vida por defender su sagrado derecho al gileo; o aquellos que, pegándola de cultos, solo daban valor a la primera y la segunda ola del feminismo internacional, “porque las feministas de hoy solo quieren el poder" (o vengarse de los hombres, o abortar por deporte, o destruir a la familia, o dominar al macho, ponga usted aquí la estupidez que prefiera).

Pero fueron los menos, porque la mayoría le entró tanto al espíritu de la fecha que una se preguntaba qué bicho les picó. Tal vez ocurrió que, justo unos días antes del Día de la Mujer, tuvimos que procesar todos los detalles del affaire de don Yonhy “Muéstrameladelantera” Lescano y la cosa nos agarró con la susceptibilidad en cien, porque no recuerdo una celebración en la que se haya derramado tanta palabrería barata exaltando el privilegio de ser mujer, como si haber nacido con el cromosoma XX fuera el equivalente exacto de hacer una maestría en Cambridge, ganarse el Oscar, resolver el teorema de Fermat y recibir el Nobel, todo al mismo tiempo.

Ya, ya, antes de que empiecen a mandar saludos a mi santa madre, advierto que disfruto como nadie de las maravillas de ser mujer y valoro, agradezco y respaldo como nadie las luchas feministas del pasado, del presente y del futuro, pero cuando, de pronto, demorarse más de tres segundos en saludar con besito en el cachete a una compañera de trabajo se convierte en delito de acoso sexual (obviamente, los casos de evidente y brutal acoso cometidos por varios congresistas de la República no entran en esta categoría), una se pone a pensar si no estamos cayendo en la exageración más simplona y poniendo en riesgo el abordaje de casos realmente serios de violencia y acoso sexual que sufren día a día ciudadanas de todas partes del país.

Nada hay más sensato y realista que reconocer que, en efecto, en pleno siglo 21, aún existe una brecha enorme entre hombres y mujeres (laboral, emocional, sexual, social, económica, cultural) que debemos reparar si no queremos seguir siendo una sociedad enferma y disfuncional, pero tampoco le busquemos cinco pies al gato viendo abusos y acoso en todos los rincones, que podemos terminar como al principio: como un montón de mujercitas aterradas, incapaces de defenderse sin la ayuda de un huevo de leyes proteccionistas y dispuestas a mandar a la cárcel al primer macho que nos mire con deseo.

 

¿El regreso del tío romántico?

By the way, preocupados en los detalles del escandalete y dedicados más a husmear en la cochinadita, se nos ha pasado un detalle importante: ahora que el futuro político de Yonhy Lescano, eterno aspirante a candidato presidencial de Acción Popular, se ha desplomado peor que puente de Solidaridad Nacional, ha quedado la cancha libre para el regreso de don Raúl Diez Canseco, el recordado mártir del amor -renunció a ser ministro, allá, por los tiempos de Toledo, acusado de hacer favores al padre de su joven novia-, quien huele a carta fija para el 2021.

¿Y el príncipe Barnechévere? Bueno, él se quedó fuera de carrera el 2016, tras el lío del chicharrón, y perdió las pocas simpatías que le quedaban cuando metió las cuatro apareciendo trepado en un tractor junto a Luis Castañeda Lossio, que, en términos electorales, es como irse de parranda con Freddy Krueger.

Además, no olvidemos que don Jorge Muñoz, quien hizo el milagro de resucitar a su olvidado partido con su espectacular triunfo en las municipales, ya ha declarado que Diez Canseco es su amigo, su yunta, su adú. ¿Qué mayor espaldarazo que ese?

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