“Si el líder opositor es García, pues habla muy mal de la oposición”

Maritza Espinoza
15 M12 2018 | 16:00h
José Carlos Requena

Analista. Socio principal de la consultora de análisis político 50+1. Magíster en Humanidades por la Universidad de Carolina del Norte. Comunicador social por la UNMSM. Autor del libro Una gran ingenuidad: el movimiento Libertad 1987-1989.

Por estos días sobran lecturas de lo ocurrido con el referéndum del pasado domingo, incluso algunas peregrinas que hablan de un gran fraude perpetrado por las encuestadoras coludidas con Martín Vizcarra. José Carlos Requena, destacado analista político, toma distancia del batiburrillo y echa una mirada desapasionada a lo que se viene tras lo que muchos califican como el gran plebiscito que ha catapultado al presidente a su mejor momento.

Has dicho que la gran perdedora del referéndum es la clase política. ¿Toda la clase política o solo el bloque “apro-fujimorista”?

El apro-fujimorismo principalmente, pero el golpe arrastra al Congreso en su conjunto. Gente que ha apoyado al referéndum, como el Frente Amplio o Nuevo Perú, también ha sido golpeada.

¿No tenemos más clase política que la congresal?

El principal ámbito de acción de la clase política es el Congreso, y es ahí donde veo que se ha castigado a la clase política en su conjunto. Eso era algo que decía Hernán Chaparro en una entrevista en La República: que Vizcarra está ocupando el espacio de outsider. No es que Vizcarra sea un outsider…

No, es un político recorrido.

En efecto. El 2006 fue candidato regional por el Apra, por lo cual no podemos decir que sea antiaprista, pero sí está ocupando este espacio de rechazo a la clase política que, lamentablemente, en estos dos años y medio, ha sido liderado por el apro-fujimorismo.

Es un consenso decir que, más que un referéndum, ha sido un plebiscito. ¿Ha ganado solo el presidente o el gobierno?

Creo que el presidente principalmente. Y sin duda era más un plebiscito que una consulta reformista. Las cuatro cosas que se han discutido y las tres que se han aprobado van a tener efectos limitados. Si comparas los resultados del domingo con los de Fujimori en el 93 para aprobar la Constitución, las diferencias son de más de 30 puntos. Entonces, Vizcarra está en un gran momento.

¿La gente le ha extendido un cheque en blanco a Vizcarra?

Sí, por ahora, la gente le ha extendido un cheque en blanco. Aunque se suele promover el voto informado, la gente vota mitad con la cabeza, mitad con el corazón, y en este caso creo que el corazón ha primado mucho.

La inducción presidencial ha sido arrasadora...

Absolutamente. El resultado de las tres preguntas en las que el presidente dijo “sí” y en una en la que dijo “no”, tiene una gran relación con lo que él sugería. El domingo, la gente le ha extendido el cheque en blanco. Falta ver hasta cuándo. Por ejemplo, ha habido un conato de lanzar una reforma de productividad que involucra una reforma laboral y, después de haber lanzado la idea, como que el gobierno hubiera reculado. De hecho, García ha hecho eco de las críticas. En la práctica, García ahora es el único vocero opositor…

Pero un líder de la oposición bastante golpeado...

Muy golpeado. Lo cual te habla de la calidad de la oposición. Creo que Vizcarra, en los dos años y medio que le quedan, va a gobernar con un Congreso rengo, o lame duck (pato rengo), como dicen en la política estadounidense, y sin oposición. O sea, si el líder opositor es García, pues habla muy mal de la oposición.

Con ese pato rengo hay una nueva correlación de fuerzas. ¿Esto es bueno o malo para la gobernabilidad?

Seguramente en las próximas semanas o meses veamos que el fujimorismo termina partiéndose.

Hasta el momento, Salaverry disimula sus distancias, pero ¿podría darse una escisión franca?

Podría darse, pero en el caso de Salaverry falta ver si toma el control del partido o si se va del partido, pero está claro que tiene un juego propio desde que se instaló. En las últimas semanas se ha estado reuniendo dos o tres veces en Palacio con el presidente.

El Congreso ha acusado al golpe y, por lo pronto, van a trabajar hasta quincena de marzo.

Bueno, Salaverry ha acusado el golpe y todos se tienen que plegar. Creo que, efectivamente, ahora el espacio de gobernabilidad se abre con mucha más calma. Lo complicado es cómo esto afecta el equilibrio de poderes. O sea, cómo algunas cosas que hace el Ejecutivo terminan pasando por agua tibia, porque tenemos un Congreso débil, que regularmente tendría que ejercer control político.

¿Ahora Vizcarra puede darse el lujo de ningunear al Legislativo?

Yo creo que tenemos a un Congreso supeditado a la voluntad presidencial. Eso se ha acrecentado el domingo, sin duda. No descarto que el fujimorismo, que aún controla en términos numéricos el Congreso, no haga caso a la nueva realidad y continúe con cosas como la Ley del Financiamiento Ilícito o la Ley de Casinos, pero no veo al Congreso o al fujimorismo con fuerza como para poder impedir el trabajo de Vizcarra.

Hay quienes piden a Vizcarra aprovechar la hora para cambiar de gabinete y hasta de premier.

Yo no veo a una persona distinta a César Villanueva, por lo menos en el plazo inmediato, que pueda cumplir este rol de equilibrio que da a Vizcarra. Entiendo que Villanueva tiene razones personales para distanciarse pronto, pero no veo una fecha de expiración tan próxima. Pero sí es necesario hacer cambio de gabinete.

Entre las propuestas más insólitas está la de Víctor Andrés García Belaunde: que el Congreso se debe autodisolver.

Ayer he escuchado de un colectivo en Chiclayo, el colectivo Anti Zombie, que efectivamente quiere que el Congreso se disuelva. Entiendo que eso legalmente puede propiciarse, pero no hay una base. Es decir, el Congreso no puede decir “me autodisuelvo”, sino como que tiene que forzar al Ejecutivo a que lo disuelva. Eso no lo veo en el futuro cercano. No veo tampoco al presidente que cambie una situación que le resulta favorable. Igual, en política, mejor historiador que profeta.

Ha pasado inadvertido en Lima lo ocurrido en regiones: ha ganado gente que, aun sin partidos grandes, tiene carrera política.

Entre las 30 personas que fueron a segunda vuelta en las 15 regiones, uno identificaba excongresistas, exgobernadores regionales, exalcaldes... Es como que se estuviera constituyendo o renovando una élite regional. Vemos también, si juntamos los resultados de octubre, a partidos nacionales que ganan en 10 de las 25 regiones. Tenemos a siete gobiernos regionales entre APP y Acción Popular, pero otros tres que son básicamente membretes. Y hay que ver con interés el desarrollo de Alianza para el Progreso, que trasciende los linderos del norte.

Es su mejor momento, ¿no?

Sí. Falta ver si se confirma una evolución a un liderazgo menos familiar. Y también Acción Popular, un partido viejo que, sin embargo, no ha dejado de participar. No siempre gana, pero ya el participar como que te da una idea de que nunca han bajado los brazos.

Y si eso sumas al triunfo abrumador de Muñoz en Lima.

Ahí vamos a ver qué liderazgo termina imponiéndose. Hernán Chaparro hablaba en una columna de cómo la gente buscaba algo que no sea antifujimorista, pero tampoco fujimorista. Sí creo que estamos hacia el final de una época. El postfujimorismo significó básicamente seguir sobre lo que había planteado el fujimorismo en los 90 sin cambios mayores…

¿En términos económicos…?

Y también políticos. Si te pones a pensar en los liderazgos que han surgido en el nuevo milenio, son muy parecidos a Fujimori: personalistas, con partidos sin rendición de cuentas, que privilegian las obras y el pragmatismo sobre cualquier otra cosa. Y ahora como que esto estuviera cambiando y creo que, en este viraje, el referéndum es un signo concluyente.

En estas elecciones se ha visto una radicalización en el sur. Por lo pronto, el primer encuentro de Walter Aduviri (Puno) y Zenón Cuevas (Moquegua) con un presidente ha sido con Evo Morales. ¿Qué significa eso para Vizcarra?

A Vizcarra y al gobierno tal vez termine dotándolo de una oposición que requiere, al final de cuentas. O sea, le puede convenir incluso tener personas de ese tipo a las que pueda contener. Pienso que van a optar por el pragmatismo, por lo menos en estas dos regiones que dependen en gran medida de la minería.

Pero tiene un simbolismo reunirse con Evo al día siguiente de su elección, ¿no?

Es sin duda un gesto político importante y seguro van a continuar con esta retórica, pero no necesariamente obstruyendo la inversión minera, sino más bien viendo qué tanto le saco a esta inversión, más o menos en la tónica de Evo Morales, que arrincona la inversión privada y le plantea unas condiciones, pero no la expulsa.

El otro fenómeno es que casi la mitad de los candidatos, y muchos que han sido elegidos, tenían prontuario más que currículum.

De hecho, las credenciales morales de los gobernantes son más preocupantes que la posición pro o antiinversión. Estas son cosas que se deberían ver con lupa y que, en la medida de lo posible, cuando sea necesario, optar por remover a estas autoridades, con un debido proceso, además con la facilidad de que no tienen inmunidad de ninguna naturaleza.

Mientras en el mundo las opciones populistas se refuerzan, en nuestro país el populismo, encarnado en fujimorismo, como que se pulveriza. ¿El populismo está conjurado o tomará nuevas formas?

Podría tomar nuevas formas. Juan Carlos Tafur habla del surgimiento del vizcarrismo y cómo la elección del domingo como que hubiera contenido al populista de derecha o de izquierda. Yo no estaría tan seguro. Hay que ver qué es lo que viene. En Perú, además, las olas suelen llegar un poco tarde.

O al revés…

Sí. Hay gente que ve en rostros como el de Rafael Rey o Fernando Cilloniz una suerte de Bolsonaro peruano. Sí es cierto que el electorado peruano es primordialmente conservador y quizás en una segunda vuelta entre alguien de derecha y alguien de izquierda (para ganar) tendría que pasar algo como lo que pasó con Humala el 2011. De otra manera no veo por dónde pueda ganar una opción de izquierda sobre una de derecha.

Pero en una de las últimas encuestas, el 54% de peruanos se autocalificaba de antifujimorista.

Así como tras la caída del fujimorismo, el antifujimorismo terminó reforzando al fujimorismo, ahora lo que ha habido es que el fujimorismo ha reforzado el antifujimorismo. Tú vas escarbando y ves que, lamentablemente, la representación que llevó el fujimorismo al Congreso ha terminado exacerbando o incrementando este antifujimorismo. Lo que falta es una suerte de identidad que junte a todos estos grupos que se reclaman antifujimoristas y que están dispersos. No hay algo que los cohesione. Ahora, quizás esa cohesión momentánea puede ser la figura de Vizcarra, pero ante el pragmatismo de Vizcarra y no saber bien lo que piensa…

¿No es transparente?

Es difícil de leer si es proinversión, si es promercado, si es pro algo. Es cierto que en su gestión en Moquegua hubo muchas cosas importantes, pero ya gestionando un país, una cosa pendiente que tiene es brindarle al Perú es una visión para el centenario, si queremos hablar de un hito.

¿O sea que Vizcarra es una gran incógnita?

Para mí, todavía lo es. Más allá de su retórica anticorrupción, no termino de leer bien hacia dónde quiere ir. Tiene aquello de “el Perú primero”, pero eso puede significar cualquier cosa. Creo que ha optado en sus primeros meses por tener un perfil más reactivo, más coyuntural, más agarrando las cosas según vengan.