Casinos en Perú: Una apuesta perdida

La República
8 12 2018 | 16:00h

Se legalizaron para atraer el turismo, pero sus clientes son casi todos peruanos. Se creó un registro de ludópatas, pero los inscritos son poquísimos. Deberían funcionar solo en hoteles de lujo, pero están por todo el país. La principal razón para fijar el ISC a los casinos y tragamonedas no es tributaria, es enfrentar un problema de salud pública.

Fue en el año 1979 cuando el gobierno de Francisco Morales Bermúdez autorizó, por primera vez, el funcionamiento de los casinos en el Perú.

El objetivo fue promover el turismo receptivo. Los militares soñaban convertir a Lima en una suerte de paraíso sudamericano al que miles de extranjeros llegarían en busca de los placeres del juego.

Cada gobierno que los sucedió, democrático o autoritario, continuó regulando a esta industria repitiéndose una idea que en el mejor de los casos no les constaba y en el peor era una grosera mentira: "estamos promoviendo el turismo".

Así lo hicieron todos, desde el primer gobierno aprista, a través del Decreto Legislativo 608 (1990), que legalizó la explotación de máquinas tragamonedas, pasando por el fujimorismo y la Ley 27513 (1999), hasta el segundo gobierno aprista, con la Ley 28945 (2006), que reorganizó y formalizó esta actividad.

Durante todos estos años, los gobiernos han insistido en que están permitiendo el negocio de los casinos y tragamonedas "de manera excepcional, como parte de la actividad turística" (Ley 27513 dixit). Por esa razón es que el ente rector es el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo.

Sin embargo, pasados casi 40 años desde que se permitió su funcionamiento, cabe preguntarse si ese viejo sueño de ver turistas de todo el mundo precipitándose a las salas de juego del país tiene alguna chance de hacerse realidad.

Como dice el excongresista Jaime Delgado, solo habría que fijarse cuántos de los clientes de las 754 salas de juego que hay en el país son turistas.

Muy pocos lo son.

 

Un problema urgente

El último martes, la Comisión de Constitución del Congreso aprobó el informe que plantea derogar el Decreto Legislativo 1419, que fija un Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) para los casinos y tragamonedas.

La reacción ha sido, comprensiblemente, de indignación, sobre todo después de descubrirse que el promotor de la derogación, el parlamentario Miguel Torres, tiene como clientes de su estudio de abogados a 16 empresas operadoras de estas salas de juego.

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) salió al frente para aclarar que la norma no es inconstitucional y que, contra lo que alega Torres, el impuesto sí puede trasladarse al consumidor final.

Domingo se reunió con Marco Camacho y Miriam Yepes, director y funcionaria, respectivamente, de la Dirección General de Política de Ingresos Públicos del MEF, para conocer por qué es necesario el establecimiento de este ISC.

Lo primero que explicaron es que este tipo de impuesto grava productos o servicios que generan "externalidades negativas". Como los cigarrillos y las bebidas alcohólicas, que causan problemas de salud, o los combustibles, que contaminan el medio ambiente.

–En este caso, la externalidad negativa a combatir es la ludopatía– dice Camacho.

Y cita cifras de las instituciones especializadas. Según el Instituto Nacional de Salud Mental, el 5% de los limeños padecen de ludopatía. Y, según Essalud, este problema crece a un ritmo de 33% cada año.

A estos números habría que agregar los que nos alcanzaría luego Yuri Cutipé, titular de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsa): mientras que en 2009 los establecimientos de salud del Minsa atendieron 427 casos de ludopatía por juegos de azar, en 2017 atendieron 1,925. Cutipé calcula que este año superarán los 2,000 casos.

El problema crece.

–Cuando un tema como la ludopatía se vuelve un problema de salud pública, hay que actuar con herramientas como el impuesto selectivo al consumo– indica Camacho.

La pregunta es cómo es que el impuesto ayuda a reducir este trastorno. Los ISC a los cigarrillos y a los combustibles se trasladan al precio de venta. Pero en los casinos no se venden las máquinas. En todo caso, se vende una –muy adictiva– forma de esparcimiento.

Camacho explica que los operadores pueden tomar dos caminos: 1) reducir los premios a los jugadores y 2) exigir apuestas mínimas más altas. Actualmente, la tasa de retorno a los jugadores supera el 90%, pero la ley permite reducirla hasta el 85%.

–Cuando uno gana, siente una especie de euforia, que es la que genera la adicción– dice, por su lado, Miriam Yepes. –Si puedes reducir la euforia que produce ganar, vas a atenuar su efecto sobre la adicción.

 

Medidas inútiles

¿Ponerle un ISC a los casinos y tragamonedas es suficiente para enfrentar la ludopatía?

En teoría, no es la única medida. En 2012 se creó un Registro de Personas Prohibidas de Acceder a Establecimientos Destinados a la Explotación de Casinos y Máquinas Tragamonedas. Según información alcanzada por el Mincetur, a la fecha en esa lista hay registradas 450 personas.

Solo 450 personas. Es evidente que en el Perú son muchos más los adictos a los juegos de azar. Hay que recordar que en todo el país hay 754 casinos y tragamonedas. Los registrados y autoexcluidos de estas salas son solo una pequeña parte. Y eso es porque, como recuerda Miriam Yepes, del MEF, el ingreso a este registro es voluntario y los adictos que se reconocen como tales son muy pocos. En el Estudio Epidemiológico de Salud Integral en Lima y el Callao que hizo el INSN en 2012, solo el 14% de las personas que pasaban más de 11 horas jugando juegos de azar admitían que tenían un problema.

–El registro no funciona– dice Jaime Delgado. –¿Acaso les va a interesar a los casinos excluir a los ludópatas? ¡Si son sus principales clientes!

El exparlamentario también considera inútiles medidas como los cartelitos que advierten que "jugar demasiado puede causar ludopatía".

–¿Cuál es la capacidad de persuasión que puede tener un cartelito? Ninguna. Las puertas están abiertas de par en par. Si eres ludópata, anda con tu platita y allí te van a dar desayuno, almuerzo, cena, te van a dar trago y hasta show.

–Son intervenciones de baja potencia– admite Yuri Cutipé, el director de Salud Mental del Minsa. –No pueden ser la solución principal al problema.

Para él, la solución principal debería ser reordenar la ubicación de las salas de juego. Que estén fuera de la ciudad, como sucede en otros países.

–La investigación científica ha demostrado que el riesgo se multiplica cuando estos servicios están dentro de las ciudades, al alcance de los ciudadanos– sostiene.

Lima es una de las pocas grandes ciudades de Sudamérica en donde estas salas proliferan en cualquier esquina. En Buenos Aires solo hay tres casinos y ninguno está en el centro: dos están en barcos atracados en Puerto Madero y el tercero está en el Hipódromo de Palermo. En Santiago de Chile están prohibidos: quienes quieren acudir a alguno deben salir de la ciudad.

–En Perú los casinos están en más de 200 distritos– dice Miriam Yepes. –Y en zonas como San Juan de Lurigancho o Juliaca, casi sin turismo.

–Lo peor es que generan ludopatía en los sectores de los quintiles más bajos de ingreso– agrega Marco Camacho.

Para los técnicos del MEF, establecer el ISC ayudará a desalentar a los jugadores a seguir jugando. Para el director de Salud Mental del Minsa, la salida es mandarlos a los extramuros. Para Jaime Delgado la solución debe ser más radical: simplemente prohibirlos.

Como hizo Brasil hace más de 50 años. Como lo hizo Cuba. Como lo hizo Ecuador en 2012, luego de someter la cuestión a un referéndum nacional.

–Cuando se autorizaron los casinos, nos hicieron creer que iban a atraer el turismo– dice. –Pero todo eso es falso. Los que van a los casinos son peruanos. Los ludópatas son peruanos.

Delgado dice que se engañó a la sociedad con consecuencias sociales nefastas.

–Fue una gran mentira.

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