He Jiankui: El científico que juega a ser Dios

Redaccionlr
01 Dic 2018 | 16:00 h

Ha cruzado una barrera hasta ahora infranqueable para la ciencia. Este genetista chino dice haber creado los primeros dos bebés modificados genéticamente. La comunidad científica mundial está horrorizada. El gobierno chino ya inició una investigación.

"Si es cierto, este experimento es monstruoso".

La frase de Julian Savulesco, profesor de Ética Práctica de la Universidad de Oxford, resume la reacción de la comunidad científica internacional ante el anuncio que el genetista chino He Jiankui hizo esta semana: después de "años de trabajo", él y su equipo habían logrado crear los primeros dos bebés modificados genéticamente.

Así que, al fin, alguien había cruzado la línea. Había roto ese pacto no oficial que los científicos del mundo habían respetado hasta ahora de no usar las técnicas de edición genética en embriones humanos y células reproductivas. Hace tan poco como el 2015, Edward Lanphier, presidente de la Alianza para la Medicina Regenerativa de Washington,había pedido públicamente respetar esta moratoria hasta estar seguros de que estos procedimientos no tendrían consecuencias catastróficas en los humanos.

"Ni es ético ni es seguro", dijo en ese momento.

A He Jiankui (34) esas advertencias no lo detuvieron.

 

Experimentos riesgosos

En su laboratorio, en la ciudad china de Shenzen, He y su equipo llevaban un tiempo reuniendo a parejas que deseaban tener hijos y que tenían VIH. Concebían embriones mediante inseminación artificial y les aplicaban reactivos CRISPR, una especie de tijeras moleculares de precisión, para activar el gen CCR5, que impediría que el VIH ingresara al sistema inmunológico.

Se desconocen los resultados de los experimentos previos. Lo único que se sabe es lo que anunció He esta semana: que el gen había sido modificado exitosamente en las dos niñas y que ningún otro gen había sufrido alteraciones.

Su objetivo, dice, es altruista: darle a los padres la oportunidad de tener hijos sanos.

Pero, según los expertos que se han pronunciado en todo el mundo, su experimento es terriblemente peligroso.

Primero, porque cruza una línea ética: manipular embriones humanos, que después serán destruidos. Pero, además, porque no es posible saber qué ocurrirá con esos genes en el futuro. "Al hacer esto, He está cambiando el conjunto genético humano. Es posible que no podamos ver el impacto de esto hasta varias generaciones después", dice Dennis Lo, jefe del Departamento de Patología Clínica de la Universidad de China de Hong Kong.

Por si fuera poco, hace unos meses, la revista Nature Medicine publicó dos artículos que alertaban que la aplicación de CRISPR-Cas9 podía desencadenar todo tipo de mutaciones y alentar la aparición de tumores cancerígenos.

Lo que más preocupa en lo inmediato es que la obra de He podría conducir al temido escenario de la industrialización de los "bebés de diseño". Niños modificados genéticamente antes de nacer no solo para protegerlos de enfermedades, sino para que tengan, por ejemplo, la piel blanca, los ojos azules y los cabellos rubios. Sin que sus "diseñadores" ni sus padres adviertan los cambios ocultos y terribles que podrían ocurrir en sus cuerpos.

Por esta razón el mundo científico le ha dado la espalda. En un comunicado, 122 científicos chinos han dicho que su proyecto es una "locura". El Congreso Mundial de Genetistas, donde He se presentó esta semana, esperando ser aclamado como un visionario y recibiendo en cambio una lluvia de críticas, emitió un pronunciamiento en el que señala que su accionar fue "irresponsable". Para el gobierno chino, que le ha ordenado detener sus experimentos y ha iniciado una profunda investigación, se trata de un asunto "extremadamente abominable". (O.M.)

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