La identidad del vino peruano

La República
13 Oct 2018 | 16:00 h

Cata a ciegas con los vinos más importantes de la región por segundo año consecutivo en Lima, en el Premium Tasting.

¿Cómo inspirar a una capital gastronómica que se desvive por la cerveza y el vino dulce?

Trescientas personas escupen en un amplio y lujoso salón del Country Club, en San Isidro. No a la vez sino alternadamente, sin dilemas ni titubeos.

En traje y vestido, iniciados y profesionales se distinguen entre quienes inclinan la cabeza y dejan que la gravedad se encargue o quienes, preocupados por la estética, forman una o con la boca escupiendo chorros perfectos con soltura y hasta podría decirse que elegancia.

Cuarenta vinos por delante, en tandas (flights) de tres y cinco etiquetas por cepa. Según la crítica internacional, los más destacados de Latinoamérica. La entrada, que ha costado casi la tercera parte de un sueldo mínimo, bien lo vale.

En la mesa cada catador cuenta con tres aliados: agua mineral, galletas de agua y un bote de plástico. Sus funciones: limpiar la boca entre cada flight, hidratarse, pero sobre todo expulsar lo succionado para mantener la sensibilidad de las papilas gustativas.

Ay de quienes no cumplan el protocolo. Los espera la sospecha y, con seguridad, la borrachera.

Pero esta reunión es más que una reivindicación del acto de escupir en público. En realidad, es una misión para los mendocinos Nicolás Alemán y Rodrigo Kohn, creadores del Premium Tasting, una cata que reúne al universo vitivinícola de la región: enólogos, sommeliers, bodegueros, exportadores, estudiantes y periodistas especializados.

En siete años de fundados han llevado el evento a Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y Sao Paulo. Todos mercados muy dinámicos donde el vino es una bebida bandera o, en todo caso, de industria creciente.

Este es el segundo año consecutivo que se realiza en Lima, y es la primera vez que el Premium Tasting incluye cuatro vinos de bodegas peruanas. Han sido tomados en cuenta a pesar de no contar con el puntaje de la crítica. Cortesía o no, se trata de un hito en un país cervecero que consume apenas 1.8 litros de vino al año.

Para poner en perspectiva: incluso con la crisis económica que arrastra desde hace una década, Argentina consume 23 litros por persona. Uruguay ni se diga: 28 litros. Ambos seguidos de cerca por Chile con 17 litros. La misión está clara: acercar el vino al peruano, tan dado al vino dulce de baja gama. De otra forma, el título de ser la capital gastronómica de Latinoamérica es un truco publicitario.

Uvas pisqueras

Ausencia o presencia de mar. Notas golosas. Textura en boca. Granulometría. Herbóreo. Afrutado. Calcáreo. Levemente cítrico. Levemente dulce. Rígido. Ligero. Lineal. Vertical. Notas herbales. Amplitud en boca.

Cuando un sommelier describe el sorbo escupido, poetiza. Comunica de la manera más bella y precisa que le es posible. Teje un discurso para agradar y serle fiel a los sentidos.

Más agradable aún que las botellas desfilen con un sobre que oculta su etiqueta. Sí, el Premium Tasting es una cata a ciegas.

Los poetas y guías de esta noche primaveral son la argentina Paz Levinson, la cuarta sommelier del mundo, y el chileno Patricio Tapia, periodista especializado y temido.

En el segundo flight, integrado por la terna peruana (Gran Blanco de Tabernero, Tinto de Ica de Mimo, Reserva Malbec de la finca Rotondo y Gran reserva N° 1 de Intipalka), el popular 'Pato' fue implacable: “Hay diversidad pero no capturan la fruta. Hay que olvidarse de ser el mejor. Veo ambición, pero también muchos defectos”.

Para Paz Levinson, quien tuvo la oportunidad de visitar bodegas y viñedos en Chincha e Ica un par de días antes del evento, la complejidad reside en qué esencia pretendemos transmitir.

“Ustedes tienen un patrimonio muy grande de uvas pisqueras. Pero las uvas son pisqueras hasta que alguien empiece a producir vino con ellas. La identidad del vino peruano está en esa búsqueda todavía”.

Curiosamente, son los vinos blancos chilenos del primer flight los que 'Pato' y Paz recomendarían para maridar un cebiche o un tiradito.

A no equivocar el camino. Y como en esta noche, escupir cuantas veces sea necesario.

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