Informe

Grilletes y desnudos en Maranguita

Desvestimiento colectivo. Jóvenes esposados en celdas de castigo. Tendencias suicidas. La situación que encontró la Defensoría del Pueblo en el Centro Juvenil de Lima es "cruel, inhumana y degradante", según el informe que presentó hace unos días. El Poder Judicial ya cerró el área más problemática. Pero todavía falta.


Óscar Miranda

Domingo, 7 de Octubre del 2018

Quizás hubieran dudado de sus palabras. Quizás habrían desconfiado del muchacho cuando este se los dijo. Pero allí estaba la prueba, colgando de la ventana de una de las celdas: unos grilletes. Allí estaban las heridas en sus muñecas.

El muchacho, de 18 años, les dijo que al menos dos veces había sido esposado a la ventana y que había tenido que permanecer así cada noche.

Los comisionados del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, dependencia adscrita a la Defensoría del Pueblo, no lo podían creer.

No fue el único. Otro de los jóvenes encerrado en esas celdas pequeñas y sombrías les dijo que también había sido engrilletado por las noches y como prueba les enseñó sus propias marcas en las manos.

Estaban en el "Cielo". Uno de los dos ambientes del Programa de Intervención Intensiva (PII), adonde llevaban a los internos del Centro Juvenil de Rehabilitación y Diagnóstico de Lima (antes conocido como "Maranguita") que habían cometido faltas disciplinarias muy graves, como golpear a un compañero o faltarle el respeto a los educadores o guardias.

–Era un ambiente que nos impactó– dice Ester Crispín, coordinadora del equipo de comisionados que realizó la inspección. –Tenía celdas pequeñas, oscuras, con baños con duchas compartidas, donde te chocaba el olor a suciedad. Se asemejaba mucho a las condiciones en las que viven los adultos en los penales.

–Era bien feo –dice, por su parte, Carlos Jibaja, psicólogo del Centro de Atención Psicosocial, que colaboró con los comisionados del Mecanismo en la inspección. –Eran como ocho celdas, cuatro a cada lado, oscuras, y en cada una había por lo menos cinco o seis chicos. Tú pasabas por el medio y los chicos te llamaban "oye, para conversar, qué cosa me puedes dar"... Siglo XVI.

Jibaja dice que una de las cosas que más le sorprendió fue que el PII "Cielo" estuviera ubicado exactamente encima de la oficina del director.

–Que el director sepa que eso pasaba encima...

Las imágenes descritas quizás no sorprendan demasiado al lector acostumbrado a las sórdidas escenas que todavía se ven en penales como el de Lurigancho, donde el hacinamiento y la suciedad son el pan de todos los días. Pero no hay que olvidar algo. "Maranguita" –ni ninguno de los otros siete centros juveniles que hay en el país– no es un penal.

Es un lugar para reorientar y reinsertar a los adolescentes en conflicto con la Ley.

Se supone que aquí tienen que "desarrollar sus potencialidades, habilidades, valores y hábitos adecuados", como indican la normativa del Poder Judicial, que administra estos centros desde el año 1996.

Pero lo que encontraron los comisionados de la Defensoría del Pueblo, sobre todo en los ambientes del Programa de Intervención Intensiva, fueron espacios de aislamiento "que presentan condiciones inaceptables por ser crueles, inhumanas y degradantes, que podrían configurar el delito de tortura". Así lo señalaron en el segundo informe del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, que presentaron hace unos días en la capital.

 

Desnudos a la fuerza

El Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, creado en abril de 2017 en cumplimiento de un protocolo mundial de Naciones Unidas, tiene por función principal conocer cuáles son las condiciones en las que viven las personas privadas de la libertad en el país y el trato que les dan los servidores que los tienen a su cargo.

No solo las que están encerradas en penales y centros juveniles. Su director, Porfirio Barrenechea, dice que también les preocupa lo que ocurre en las escuelas de formación de la Policía y las Fuerzas Armadas, en los albergues para menores y para adultos mayores, en los establecimientos psiquiátricos y en las comunidades terapéuticas.

Sus inspecciones comenzaron recién este año. Barrenechea dice que decidieron empezar en los centros juveniles porque los adolescentes son una población vulnerable.

"Maranguita", Santa Margarita y el Anexo 2 del establecimiento penal de Ancón fueron los espacios elegidos, a los que decidieron añadir la carceleta del Palacio de Justicia.

El 21 de febrero se presentaron en "Maranguita". Una decena de comisionados del Mecanismo y de otras áreas de la Defensoría, junto con psicólogos de instituciones aliadas y médicos independientes.

Llegaron sin avisar.

Los expertos recorrieron las instalaciones donde funcionan los cuatro programas de reinserción social y los ambientes del PII. Había 797 internos ese día. Conversaron solo con los que quisieron hacerlo. Encuestaron a 114 jóvenes, entrevistaron a 18 y realizaron evaluaciones físicas y psicológicas a otros 17.

Por las encuestas y las entrevistas se enteraron del desvestimiento colectivo.

Ester Crispín dice que habría ocurrido poco después del motín de setiembre del año pasado. Según varios internos, el psiquiatra del centro reunió a un grupo de unos 50 y les ordenó que se desnudaran. Quería ver si tenían ácaros. Muchos chicos lo consideraron una agresión sexual y así se lo dijeron a los comisionados.

–Esas revisiones pudieron hacerse por separado para que no todos tuvieran que verse– dice. –Este es un acto que afecta su integridad moral.

Cuando recorrieron las instalaciones del Programa de Intervención Intensiva se dieron cuenta de que las cosas estaban realmente mal.

En el primer ambiente, llamado PII "Gimnasio", en un espacio de las dimensiones de un salón de clases encontraron a una docena de chicos. Dormían en el suelo, sobre colchonetas. Pasaban casi todo el día allí, algunos durante semanas y hasta meses. Sin nada que hacer. Y, como anota Carlos Jibaja, sin tratamiento profesional de ningún tiempo.

Fue allí donde Jibaja conoció a un muchacho al que, presuntamente, los golpes en la cabeza le habían dejado secuelas. Solía tener estallidos de furia, se golpeaba la cabeza contra la pared y con frecuencia pensaba en la muerte. Era evidente para el psicólogo que necesitaba ayuda urgente.

En el PII "Cielo", en las celdas sombrías, entre la suciedad y el hacinamiento, los comisionados encontraron a los internos a los que engrilletaban por las noches.

En abril, el director del Mecanismo de ese momento, Percy Castillo, pidió a la Gerencia de Centros Juveniles del Poder Judicial que investigara esta situación. Tanto el caso de los engrilletamientos como el del desvestimiento colectivo.

La citada oficina permaneció en silencio. Hasta hoy.

 

Cierran el "Cielo"

Domingo solicitó una entrevista a la encargada de la Gerencia de Centros Juveniles, Manyori Vega. La funcionaria prefirió responder nuestras preguntas por escrito.

Lo primero que informó es que el ambiente llamado "Cielo", que al parecer había sido implementado luego de los motines del año pasado, ya ha sido cerrado, precisamente a raíz del informe que presentó la Defensoría el último lunes.

Vega afirma que este informe "ha develado una situación evidentemente preocupante" sobre la que ya se había informado en el pasado. Sin embargo, relativiza hechos como el engrilletamiento y el desvestimiento grupal y los llama "situaciones irregulares".

La gerente, que lleva en el cargo dos meses, dice que estas irregularidades provocaron, en su momento, el cambio de algunos directivos, aunque no brindó más detalles. Dijo, en todo caso, que las investigaciones "continúan en trámite".

La funcionaria y los comisionados del Mecanismo coinciden en algo: se necesitan más recursos. Para enfrentar la sobrepoblación, la falta de especialistas, de medicinas. Se espera que una vez que los centros juveniles pasen a la administración del Ministerio de Justicia, la situación mejore.


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