“Recién la gente comienza a preguntarse por quién votar”

Maritza Espinoza
29 Sep 2018 | 16:00 h

Psicólogo social. Gerente general de la empresa de estudios de mercado GfK CE Perú.

Estas elecciones municipales marcadas por la desafección ciudadana hacia la política y en las que, a apenas una semana de ir a las urnas, no hay auténticos favoritos, serán también las últimas en las que Hernán Chaparro dirija una encuesta de opinión política al frente de GfK, la empresa de la que ha sido country manager por quince años. Lo seguirá haciendo desde otra casa, que aún no quiere revelar. Pero, antes de liar bártulos, se animó a hacer un análisis de las cifras hasta el momento y de lo que nos espera en los días que se vienen.

En estas elecciones tan atípicas, se ha dicho que, de repente, el ganador va a ser el blanco/viciado. ¿Es posible?

Yo creo que no. A mí lo que me mortifica, te soy sincero, es cuando escucho comentarios de gente que dice “¡Ay, la gente que toma la decisión a último minuto!”, “¡Ay, la gente que no piensa el voto!” Pero, ¿qué cosa quieren que haga la gente cuando el ciudadano no tiene más que mensajes de que los políticos o los funcionarios están metidos en temas de corrupción o malos manejos? La gente toma distancia de eso.

¿Y esa es la razón de que estas elecciones hayan estado tan en segundo plano?

Hoy, las elecciones municipales son ya la puesta en evidencia de que hay un quiebre de la crisis política del Perú. Lo que fue en su momento la crisis de los partidos nacionales en las regiones -que hace tiempo que ganan muy pocas- llegó a Lima. Ya venía del interior, donde hace tiempo que ganan independientes.

¿Es el fin de los partidos?

No, pero la dinámica de los partidos es otra… Antes tú necesitabas la militancia de un partido para ganar. Hoy ese aparato es importante pero no lo más importante. En la medida que la tecnología y las redes sociales se van sofisticando, hay un menor peso. Y lo otro es que, en este país, las élites no se renuevan. Entonces, en ese contexto, llegamos a las elecciones con un electorado más distante y más desafecto que nunca, con una oferta política desestructurada, porque ya ni siquiera hay partidos ni nombres clásicos.

Yendo al retrato del momento, hay una tendencia a la caída de quienes eran los primeros (Reggiardo y Belmont) y una tendencia a la subida en Urresti. ¿Se podría decir ya que es el favorito?

No. Cuando hemos medido en otras oportunidades, más o menos el 25% de la gente decide el último día. Además, el 50% de Lima te dice que va básicamente para evitar la multa. Entonces, recién en estos días la gente comienza a preguntarse por quién votar.

Como no hay un gran favorito, ¿con ese 25% podría alterarse todo? ¿Uno de los chicos podría crecer?

En el 2014, el 50% votaba por alguien, pero la otra mitad estaba como ahora todo Lima: no sabía por quién votar. Y, mira, Cornejo, en 10 días, pasó de 3% y terminó en 17%. Para mí el mensaje es: uno que tiene 3% hoy puede terminar mucho mejor en los días que faltan.

Y los antivotos no son tan altos como para los presidenciables.

En una encuesta que hicimos, donde pusimos “ninguno” (no es una opción en la boleta), salía 30%. El ánimo es ese. Por eso hay tanta dispersión, pero dentro de esa dispersión hay como dos grandes corrientes: una más populista, más obrista, que podría estar representada por estos tres primeros, o sea Reggiardo, Belmont, Urresti. Creo que la performance del debate ha ayudado a Urresti y ese cambio tiene que ver con que le habló a la gente.

Pero hoy día ha vuelto a saltar el tema de las firmas falsas para su inscripción. ¿Eso lo puede afectar todavía?

No lo sabemos. En el balance que comienza a hacer la gente, podría no afectar. En el 2014, todas las denuncias que se hicieron contra Castañeda sobre Comunicore no le movieron un punto.

Pero su mayoría era bien sólida.

Sí, ahora no tanto. Y hay otras opciones. Ahora, este es un núcleo de sentido común, social-política, que privilegia casi de manera exclusiva a la mano dura… Pero hay otro grupo de gente que, si bien quiere firmeza y orden, además quiere honestidad, buenos modales políticos, y que podría hacer que suba uno de estos otros que están ahí pugnando.

¿Y el fenómeno Belmont? Del rubro “Otros” tuvo un levantón con su discurso xenofóbico y, sin embargo, cayó de inmediato. ¿Qué pasó ahí?

Yo he estado haciendo trabajo de campo justo cuando hizo sus declaraciones contra Venezuela, y en nuestra encuesta no se movió ni un punto.

¿Qué factores lo favorecieron?

Tiene este estilo entrador, más horizontal, es un lenguaje parecido al de Urresti, pero menos actual. En el 90, yo acababa de llegar de hacer el doctorado y estaba asesorando una tesis en Comunicaciones de la de Lima haciendo una dinámica grupal sobre él, y la gente te decía “Belmont es de izquierda”. ¿Por qué?, preguntábamos. “Porque defiende al pueblo”. Entonces, ese estilo y ese recuerdo está en algunos y es lo que le ha servido para subir, pero cuando se puso en palestra, también aparecieron un montón de denuncias que lo han frenado.

¿Y qué pasó con Reggiardo? Veinte meses primero en las encuestas y, de pronto, en las últimas semanas, tendencia a la baja.

Mira, los políticos y las campañas están para que se muevan los números. Como te digo, esos tres comparten un electorado semejante. Por lo tanto, si sube uno va a bajar el otro. Y lo que es evidente es que, con un electorado desafecto y distante, la intención de voto ha sido casi más un test de recordación. ¿Por quién va a votar? ¡Reggiardo será, pues! Los tres eran los más mediáticos: Belmont, Urresti y Reggiardo.

Y durante toda la campaña a Reggiardo se le ha achacado ser el candidato topo del fujimorismo. ¿Eso lo ha afectado para bien o para mal?

Mi sensación es que no mucho, que, probablemente, en el sector más antifujimorista sí hace que no se quiera votar por él, pero eso es menos de un tercio de la población.

En una entrevista hace unos meses, me dijiste que el cariño a Vizcarra era muy volátil en ese momento, ¿ahora se ha consolidado?

Ha aumentado, pero sigue siendo un cariño frágil. Yo parto siempre de la hipótesis de base: estamos en una población muy desilusionada. Pero está claro que en todos los indicadores que tenemos de ganancia y de capital político, él ha aumentado. Ha aumentado la percepción de que él tiene una idea clara, que con él se va a reactivar la economía y que lucha contra la corrupción. Pero para que eso se consolide, se grabe en piedra y resista las tormentas que siempre están en la política, uf, tiene que haber otros logros.

Cuando él da este discurso sobre la corrupción, pechando al fujimorismo, duplicó su popularidad. ¿Debe seguir por ese camino?

Sí… Pero finalmente es una estadista. El gran reto en la política es poder transar entre conectarte bien con la ciudadanía, que si está apática y distante es porque siente que no se conectan con ella, y lo que ha hecho Vizcarra es conectarse con ella; y, por otro lado, poder canalizar de las maneras más racionales e institucionales posibles ese sentir. Creo que en ese camino tiene que seguir andando.

Por su lado, Keiko Fujimori rompió el piso del voto duro del fujimorismo, que solía ser un 25%, y ya está en 14%. ¿Esa tendencia es reversible?

Yo creo que sí. Hay una marca ahí. La marca K. Uno escucha a Salaverry y claramente está buscando tomar distancia, por temas personales, de querer hacer bien una gestión, o porque se da cuenta que el fujimorismo lo está llevando a la deriva. Como decía él, “¿por qué no pueden pensar que hay un ala diferente a la otra dentro del espacio fujimorista?” Y comienzan ellos a hacer sus propias renovaciones. Es una posibilidad.

Pero vamos a la persona. ¿Qué podría hacer Keiko Fujimori para revertir esa tendencia, para que la gente vuelva a confiar en ella?

Yo te diría que más o menos por ese punto: empujar la lucha contra la corrupción, la reforma de las instituciones… Mira, eso es lo que debieron hacer desde el comienzo.

Alan García salió a decir que tiene intenciones de volver a candidatear el 2021. ¿Tiene alguna opción o ya es un cadáver político?

Yo creo que su primer punto es venir para hacer sentir su peso político, porque también hay temas judiciales ahí de por medio. Ese es el objetivo número uno. Me imagino, como fue la otra vez, que él estará pensando en la posibilidad de ser el mal menor, asumiendo que a los que salen hoy como más rankeados (Guzmán, Mendoza), a partir de una jugada legal, los podrían sacar eventualmente.

Los Humala, alguno de los dos, ¿tendría todavía una posibilidad el 2021 o hay demasiado anticuerpo con ellos?

Ollanta está complicado, con juicios y tantas cosas. Lo que sí creo es que una propuesta populista más radical tiene un espacio, pero en el país casi siempre ha ganado el centro. El gran problema de la izquierda es que no tiene un modelo económico creíble. La gente quiere luchar contra la corrupción, pero quiere vivir bien. Entonces, para la izquierda es un gran reto, sobre todo cuando hemos vivido los diez años de mayor liquidez, y la gente ya ha llegado a un cierto nivel de calidad de vida que no quiere perder. Los sectores medios, y eso hemos medido, se han duplicado en los últimos 10 años.

¿Esa es la razón por la que consistentemente Julio Guzmán esté primero en las encuestas?

Sí, creo que parte de su posicionamiento es ese. Es más, uno de los motivos por los cuales él comienza en las redes sociales y sale al off line es porque también se pone en evidencia que sus abuelos son uno del sur, otro del norte. Él mismo es una persona que salió de Lima norte, pasó por la universidad, hizo un post grado fuera. Es la historia que muchos quisieran tener y, claro, con una propuesta de gestión económica más cercana a lo liberal, si hay que ponerle una etiqueta.

¿Cuáles son las tres características que busca la gente en un candidato con opciones para el 2021?

Firmeza contra la corrupción. Cuando hemos preguntado “¿qué es para ti mano dura?”, la gente lo tiene claro: es que se haga justicia, que se aplique la ley, que Pepe El Vivo no gane, sino el de las buenas intenciones, que ganen los fiscales y jueces buenos, no los corruptos… Lo otro es tener claridad sobre qué se quiere hacer con la economía. Y lo tercero -y esto no es algo que se inventa, los candidatos no son latas de producto-, empatía. La gente huele la empatía.

Entiendo que hoy es tu último día en GfK. ¿Cuál es el balance de estos años del trabajo realizado?

Sí, hoy es mi último día. Tradicionalmente, este domingo deberíamos haber publicado una última encuesta de intención de voto, pero no se hará, porque todo lo que era el área de opinión pública y otras divisiones de GfK se han vendido a otra empresa. A futuro, GfK va a seguir en el mundo de la investigación de mercado, pero ya no va a hacer opinión pública.

¿Y tú seguirás en el rubro?

Yo sí, pero en otra casa, que ya anunciaremos luego. Pero estoy muy contento. Han sido quince años de retos y aventuras diversas. Estoy orgulloso de haber ayudado a que la culinaria peruana termine en la mesa, porque hicimos todas las pruebas de producto y estudios de concepto de muchos productos de ese rubro en el país. Y con EY y Beatriz Boza desarrollamos un indicador de buen gobierno corporativo, con tan buenos resultados que se terminó exportando a Ecuador y Chile y hoy es un elemento que toma en cuenta la bolsa para relacionarse con las empresas en el país.

¿Y a nivel político?

Dos cosas. Uno, comenzamos las encuestas con La República –y continuaremos desde otro lugar- y fuimos aportando al debate tratando de dar una mirada un poco más allá de las preguntas que se hacían siempre. Por otro lado, más que orgulloso de lo que hicimos el 2016, en las presidenciales: estuvimos a menos de un punto de distancia del resultado oficial.

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