“Si Trump me ve como enemigo, ese es su problema”

La República
22 Sep 2018 | 16:00 h

Jorge Ramos es el periodista hispano más influyente de los Estados Unidos. Su estilo frontal lo ha llevado a chocar con líderes como Hugo Chávez, Fidel Castro, Evo Morales, Enrique Peña Nieto y Carlos Salinas de Gortari. En agosto de 2015, llamó la atención por un incidente con el entonces candidato presidencial Donald Trump. Desde entonces, no ha dejado de cuestionar su política antiinmigrante. Esta semana recibió a Domingo en Miami.

En Miami, la capital mundial del aire acondicionado, Jorge Ramos se ha detenido. Hasta hace unos segundos era un pequeño meteoro que, en mangas de camisa, se desplazaba de un lado a otro por la gigantesca redacción de noticias de Univisión, el canal en español más grande de los Estados Unidos. Ha terminado una reunión en inglés con ejecutivos de su canal y debe preparar, en español, los temas de su programa dominical; luego volará a McAllen, Texas, a la frontera que Donald Trump quiere cerrar con un muro de 1.600 kilómetros de largo y 15 metros de alto. A lo largo de su carrera lo han presentado de varias maneras. Periodista. Ganador de 8 premios Emmy. Una de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Time. Inmigrante. Anfibio. Traductor. Stranger. Ramos ha hecho suya la causa de los inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos, algo que lo ha enfrentado al inquilino rubio de la Casa Blanca. No es la primera vez que ocurre. También ha tenido momentos ásperos con Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro. Dice que disfruta eso, interrogar a los poderosos. La impertinencia es su divisa.

¿Eres un enemigo de Donald Trump?

Mira, yo creo que como periodista me equivocaría al definirme con Donald Trump. Lo que me define es ser periodista, ser un inmigrante y ser el papá de Nicolás y Paola, eso es lo que me define. Pero si Donald Trump hace comentarios racistas, sexistas y xenofóbicos, creo que como periodistas sí debemos tomar una postura. Creo que la idea de ser neutrales no va de acuerdo con nuestra responsabilidad social. Creo que la principal responsabilidad social que tenemos como periodistas es cuestionar a los que tienen el poder. Así que si Donald Trump me ve como su enemigo, ese es problema de Donald Trump. Interesante, hace poco el director del Washington Post se reunió con su equipo y les dijo: “No somos enemigos de nadie”. Coincido en eso. Yo no tengo una lista de enemigos, pero si hay un presidente que hace comentarios racistas en contra de los mexicanos, de los africanos, de los haitianos, creo que estamos obligados a convertirnos en sus opositores.

En algún momento sí has usado la palabra enemigo al hablar de Trump. A fines del año pasado le dijiste a Javier del Pino, de Cadena Ser de España: “Hay veces en que la única manera de hacer buen periodismo es siendo enemigo”.

Cuando este personaje hace comentarios racistas, claro que te tienes que convertir en un enemigo. Me refiero a eso. No soy un enemigo de Donald Trump solo porque es Donald Trump, pero cuando él hace comentarios racistas claro que tenemos ser opositores. Si no lo hacemos nosotros, quién lo va a hacer.

En agosto de 2015, en Iowa, en plena campaña presidencial, Trump te echó de una de sus conferencias cuando ibas a preguntarle sobre cómo iba a hacer para sacar a 11 millones de inmigrantes de los Estados Unidos. Unos meses antes, en junio, tú le pediste una entrevista en un manuscrito en el que incluías tu celular. Él no aceptó la entrevista y en cambio publicó tu carta en Twitter, con tu número de celular…

Así es, tuve que cambiarlo.

Claro. Porque te llegaron mensajes de supremacistas blancos. Lo que quiero preguntarte es, si estos dos hechos no hubieran ocurrido, ¿tú serías igual de crítico con Trump?

Quiero creer que sí. De verdad concibo nuestro trabajo de periodistas como una labor social. Y la principal responsabilidad que tenemos es cuestionar a los que tienen el poder. Y estos dos hechos que has descrito, el enviar una carta y que luego la publicara, y el ir a una conferencia de prensa y que no me dejara preguntar, responden a una estrategia para ir a cuestionar al que tiene el poder o a quien busca el poder. Son reacciones a una actitud que constantemente busca respuestas. Si en tu pregunta va la sugerencia de que es por una cuestión personal, bueno, claro que sí…

¿Te estás cobrando una revancha?

No, no es de revancha. Como periodista, dos veces traté de hablar con él y no quiso hablar conmigo. En este caso, Donald Trump estaba hablando de los inmigrantes mexicanos y yo soy un inmigrante mexicano. Y Donald Trump, que ahora nos considera enemigos de la gente, en lugar de contestarme, publicó mi número celular. Pero, insisto, el conflicto Trump-Ramos no importa, aquí lo importante es el conflicto de Trump con la verdad y la democracia.

Después de estos dos incidentes sentiste que Trump había levantado algunos odios contra los inmigrantes y decidiste recorrer el territorio de los Estados Unidos para hacer un documental sobre eso, ¿qué encontraste al hacer ese documental?

Lo que encontré es que el número de grupos de odio y racistas había aumentado. Lo que encontré es que Trump parecía haberle dado permiso a muchos de sus seguidores para hacer los mismos comentarios racistas que él estaba haciendo, encontré mucho miedo en la comunidad latina, conversé con unos niños que temían que Donald Trump fuera a deportar a sus padres, y encontré un país increíblemente dividido. A ver, hay que recordar que Estados Unidos es un país que cuando fue fundado tenía todavía esclavos. Y pasó de la esclavitud al racismo y la discriminación. Todavía esas son heridas que están presentes en el pueblo de los Estados Unidos.

¿Hubo algún momento de la filmación del documental en el que tu vida estuviera en riesgo?

Personalmente nadie me apuntó con una pistola, pero estuve en dos eventos, uno del Ku Klux Klan y otro de grupos racistas donde la gente iba armada. Recuerdo que en uno de ellos la directora del documental me pidió que no hablara, porque eso hubiera sido peligroso. Yo hablo inglés pero con acento. Ellos no sabían que yo era un inmigrante mexicano metido allí, haciendo un reportaje. De hecho, cuando llego a hablar con uno de los líderes del Ku Klux Klan, este líder creía que iba a hablar con la directora del documental, que es una estadounidense. Lo que hicimos fue que ella se levantó, y yo la seguí. Tan pronto llegamos a la silla, ella siguió caminando y yo me senté. El tipo quedo totalmente sorprendido.

Quiero llegar a ese punto. Estás en Texas, en medio de la noche, frente a un hombre del Ku Klux Klan, escoltado por dos encapuchados, que te dice: “Mi raza es mejor que la tuya”. ¿Qué se siente al escuchar eso?

Por principio estoy frente a un tipo absolutamente ignorante. Pero estoy en su territorio, en un lugar en el que sus guardias están armados y él seguramente está armado. Quizás, ingenuamente, con la elección de Barack Obama, yo pensé que eso había terminado. Pero no. Todavía hay gravísimos elementos racistas dentro de los Estados Unidos. Y eso es lo que quería exponer.

¿La jaula con niños latinos es la mejor metáfora que resume la política antiinmigrante de Trump?

Es que hay muchos ejemplos. O sea, las jaulas con niños es uno de los más claros ejemplos de la política discriminatoria dentro de los Estados Unidos. La crueldad de separar a una madre de su hijo me parece brutal. Pensar que este gobierno se ha dedicado a separar tres mil niños de sus padres me parece increíble. Otro ejemplo es el muro que quiere construir en la frontera, que es absurdo porque casi la mitad de los inmigrantes llegan por avión o con visa.

En tu último libro, Stranger, dices que el 2044 será clave en la historia de los Estados Unidos, ¿por qué?

Porque en ese momento todos vamos a ser minorías, todos. Los blancos, que están acostumbrados desde la creación de este país a ser una mayoría, van a ser una minoría. En 1965, más del 80% de la población era blanca. Actualmente es cerca del 60%. Y en 2044 van a ser menos de la mitad. Si quieres ver el futuro, date una vuelta por Los Ángeles y allí el futuro ya llegó. Allí todos son minoría. Y en el 2044, todos serán minorías en los Estados Unidos. Donald Trump dice que quiere convertir a América en un gran país. No, él lo que quiere es convertir a Estados Unidos en un país blanco otra vez, y eso es imposible. Él no puede cambiar esta increíble revolución demográfica. Estados Unidos es como alguien que se ve al espejo y se sorprende de su color. ¿Tú ya te has hecho la prueba genética?

No.

Yo ya me la hice. Me sorprendí al ver que no soy de un solo país, sino de muchas regiones del mundo. Tengo parte europea, parte americana, parte asiática y parte africana. Estados Unidos es como la persona que abre el sobre para ver su análisis genético y se da cuenta que no es lo que se imaginaba.

Cometiste un error en la última campaña presidencial en los Estados Unidos. Dijiste que quien no obtuviera el voto latino no ganaría las elecciones.

Ese fue un error. Yo creía que los latinos ya habíamos llegado a un nivel tal de participación en el que nadie podría llegar a la Casa Blanca sin el voto latino. Y Donald Trump llegó a la Casa Blanca sin el voto latino. Tarde o temprano vamos a llegar allí. Pero me equivoqué al creer que el voto latino iba a ser más importante de lo que fue. Y me equivoqué por lo siguiente: hubo 27 millones de latinos elegibles para votar. De esos 27 millones, imagínate, solo trece votaron. Catorce millones se quedaron sin votar. Entonces es culpa de nosotros. Que Donald Trump esté en la Casa Blanca es en parte culpa de nosotros los latinos, y de todos los que no salieron a votar.

Quizá hay una explicación a la ausencia de latinos en la votación. En Stranger dices: “El tema migratorio no es el más importante para los latinos, según la mayoría de encuestas. La economía, la educación y la salud suelen ser la prioridad”. Si esto es así, quizá el público al que te diriges no está interesado en tu mensaje.

No. Si sigues los noticieros y las columnas, ciertamente me he dado a conocer por el tema de los migrantes y la confrontación con Trump, pero reportamos sobre todo. Yo tendría otra explicación. ¿Por qué 14 millones de latinos no fueron a votar? Muchos porque no querían votar por Donald Trump. Pero no confiaban en el Partido Demócrata y en Barack Obama, y en sus promesas de reforma migratoria que no cumplió. Estos 14 millones de latinos estaban entre un Donald Trump en el que no confiaban y un Partido Demócrata que les había fallado.

Un Partido Demócrata que había deportado a miles.

Un Partido Demócrata que había deportado a dos millones y medio de personas.

Sé que recibes muchos ataques de republicanos y seguidores de Trump, ¿recibes ataques de latinos?

Muchos.

¿Qué es lo que dicen de ti?

Bueno. Basta con que te metas a mis cuentas de Twitter, Facebook e Instagram. Me atacan por defender a los indocumentados, a otros inmigrantes. Una de las cosas más tristes que yo he visto en este país es cuando un latino ataca a otro latino, o un latino trata de cerrarle la puerta a los que vienen detrás. Y mucho de ellos me atacan. Pero, nada, yo voy a seguir hablando por los inmigrantes.

Hablemos de tu estilo de periodismo. Evo Morales cortó en vivo una entrevista contigo. Hugo Chávez llamó basura a tus preguntas y te rodeó de sus seguidores en una escuela del estado Táchira. Un miembro de la seguridad de Fidel Castro te derribó de un codazo cuando tú le preguntabas si iba a haber un plebiscito en Cuba. No eres el periodista favorito de Donald Trump, ¿qué tienes que irrita tanto a los líderes de la región?

Pero de eso se trata, ¿no? De lo que se trata es de hacer preguntas incómodas. Y la gente espera que hagamos esas preguntas incómodas. Yo aprendí de la escuela de Oriana Falacci, la periodista italiana, que entendía a la entrevista como una guerra, en la que a veces ganaba el entrevistado y otras el entrevistador. Si nosotros no hacemos esas preguntas, ¿quién las va a hacer? Hay una palabra en inglés que no tiene traducción al español. Se llama a accountability, la idea es hacer responsable de sus acciones a los que tienen el poder. A esta gente no le gusta que los cuestionen. A Castro no le gustaba, ni a Chávez, ni a Evo, ni a Trump, ni a Salinas de Gortari, ni a Zedillo, ni a Peña Nieto. A ver, empezaste esta entrevista preguntándome si era enemigo de alguien. Si en un momento dado, tú tienes que escoger como periodista entre ser amigo o enemigo de alguien, siempre es preferible ser el enemigo.

Quiero confirmar un dato. Dicen que hay un hombre armado en las montañas de Tora Bora, en Afganistán, que piensa que tu vida vale 15 dólares. ¿Es correcto?

Sí (se ríe). Después de los ataques del 11 de septiembre, Estados Unidos le declaró la guerra al régimen talibán en Afganistán. Y una de las cosas más estúpidas que hice en la vida fue haberme ido solo, primero a Pakistán y luego a Afganistán, para ver qué estaba ocurriendo. Pedí vacaciones y me fui, porque en Univision pensaban que era muy peligroso enviar a alguien. Fue una absoluta estupidez. Tu vida en esos momentos no valía absolutamente nada. Una de las mejores recomendaciones que me dieron fue llevar muchos dólares, billetes de un dólar. Para irme de Pakistán a Tora Bora, donde se escondía Osama Bin Laden, le pedí ayuda a un grupo de guerrilleros que controlaban esa carretera. Me fui con ellos junto con mi traductor. Y uno de ellos, mientras íbamos en el carro, me dijo en un inglés muy básico: “I am follower of Osama” (Soy un seguidor de Osama). Recuerdo que él iba con un fusil, iba jugando con él y de vez en cuando me lo apuntaba. Yo no sabía si estaba cargado pero estaba absolutamente aterrado. Hasta que le dije en inglés: “You take care of me, I take care of you” (Si tú me cuidas, yo te cuido). Y allí parece que entendió que había un billete de por medio. Al final metí la mano, habré sacado unos 15 dólares, se veían muchos. Él en su vida había visto un billete de dólar, se los di, los vio, me dejó salir del carro, me empujó con el fusil y me dejó ir.

En Stranger dices: “Me he pasado la mitad de mi vida tratando de volver a casa, a México”. ¿A qué México te refieres? ¿A este de Peña Nieto y los 43 de Ayotzinapa? ¿O al de la casa de Hacienda de Piedras Negras?

¿Tú has sido inmigrante alguna vez?

No.

John F. Kennedy decía que no hay cosa más difícil en la vida que dejar a los que más quieres para irte a un lugar que desconoces. Y aquí, a mis espaldas, (señala la redacción de Univision) vas a encontrar a muchos inmigrantes. Y como inmigrante es inevitable sentirse solo. Y casi todos los inmigrantes que yo conozco están pensando en regresar, todos estamos pensando en regresar. Llevo 35 años aquí y siempre pienso en mi casa. Cuando piensas en regresar, no piensas en el México de hoy. Piensas en esa casa donde yo tenía 10 años. Fíjate, trato de regresar a la casa donde siempre fui aceptado, a la casa en la que me querían, donde me abrazaban, donde estaban mis hermanos, donde probaba esos sabores que me eran absolutamente familiares, la casa de mis amigos. Me he mudado tantas decenas de veces en los Estados Unidos que he perdido la cuenta. Pero para mí, mi verdadera casa es esa casa en México.

¿Los mexicanos se están yendo de Estados Unidos?

Sí. Después de la migración más grande en los Estados Unidos, estamos hablando de 15 millones de mexicanos que se vinieron aquí, ahora estamos viendo lo opuesto. Hay cada vez más mexicanos yéndose a México que viniendo a los Estados Unidos. Lo que estás viendo ahora es más centroamericanos viniendo.

Esperaste hasta los 50 años para hacerte ciudadano estadounidense, ¿por qué?

Era una aritmética muy personal, había vivido 25 años en México. Y me tardé otros 25 para convertirme en ciudadano de este país. Por otra parte, yo estaba muy molesto y muy preocupado con George W. Bush, por haberse inventado una guerra en Irak, en el 2003. Se inventó, como recordarás, una guerra, diciendo que había armas de destrucción masiva y no las había. Yo estaba preocupado por mis hijos. Quería asegurarme de votar en la siguiente elección por un presidente que no fuera a enviar a esa generación a la guerra. Esa fue otra de las razones.

¿Alguna vez te has avergonzado de tu inglés que tiene acento chilango?

No alguna vez, sino todas las veces (se ríe). Por más que he tratado de aprender a hablar el inglés sin acento, me es imposible. Aprendí el inglés muy tarde en la vida.

Tres preguntas y acabamos. ¿Nunca le ganaste en el ajedrez a tu padre?

(Sonríe) Una vez le gané. Y tengo el mal sabor de boca de pensar que se dejó ganar o que estaba distraído. Pero mi papá era muy tradicional, con el cual casi nunca jugué. Recuerdo haber tenido ese partido de ajedrez y un partido de fútbol en el que él no le pudo pegar a la pelota. Fíjate que tengo una sola fotografía con él.

Tú dices que era una figura un poco autoritaria.

No, no. Quítale el poco. Era una figura muy autoritaria.

Pero te reconciliaste con él.

Sí. Después de venirme a los Estados Unidos, él me veía mientras yo hacía el noticiero, me veía por satélite. Y se preocupaba más por las corbatas que usaba que por lo que decía. Es que, lo único que él quería era verme. Regresando a eso. Crecí con un papá autoritario; en un país antidemocrático, que ya no lo es, pero lo era; en un colegio de curas católicos golpeadores; entonces no tuve más remedio que ser periodista, para enfrentarme a la autoridad.

Cuando falleció tu padre, leíste Paula, la novela de Isabel Allende, un poco para sobrellevar la pérdida.

Sí, y conocí a Isabel.

Es verdad. Y ella te escribió una postal tras la muerte de tu padre, ¿qué decía ese mensaje?

Yo creo que es el consejo más sabio que he recibido en toda mi vida. Isabel me dijo que los muertos nunca se mueren del todo, la gente que de verdad quieres nunca se va porque la empiezas a repetir en tus gestos y movimientos. Y sorprendentemente, mágicamente, después que pasó el dolor, después de los primeros meses, me empecé a encontrar a mi papá en todos lados, en mi estómago, en mi panza, que es la misma que de él. En el color de mi piel. Mi papá tenía una maldita costumbre de tratar de matar a las moscas en vuelo, y poco a poco me he encontrado yo mismo tratando de matar moscas y mosquitos en vuelo. Así que ese consejo de Isabel es realmente maravilloso y es lo único que te puede ayudar a sobrellevar una muerte.

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