Personajes

Hola de nuevo,Yola

Un aneurisma cerebral puso un alto a la trajinada vida laboral de la chica de la tele. Tras ser operada, Yola Polastri se resiste a dejar el trabajo que más ama: animar fiestas infantiles y sentir el cariño de su público.


Juana Gallegos

Domingo, 16 de Septiembre del 2018

“¡Mira! Es mi cerebro”. Yola, manicura francesa perfecta, pasa el dedo pulgar por las fotografías de su cerebro, guardadas en su iPhone. No son fotografías propiamente dichas, son imágenes radiográficas de los vasos sanguíneos de su cerebro, parece el dibujo en acuarela de un arbolito con ramitas alargadas y una de las ramitas está hinchada.

Este es el aneurisma -señala Yola-, y medía once milímetros”. Suena pequeño, pero para el cerebro, ese diminuto tamaño puede ser definitivo.

“¡Siempre he querido ver mi cerebro!”, dice Yola Polastri con voz de niña, y se queda mirando las imágenes de su interior como Narciso mirando su reflejo en el arroyo.

Yola admira a Yola. Alguna vez, en uno de los innumerables reportajes tributo que le han hecho en la tele, celebrando una década más de su carrera artística, Yola -la súper estrella que por veintidós años alumbró sola la televisión y monopolizó la atención de los niños con su programa infantil-, dijo que no tenía sucesora porque tendrían que trasplantarle su cerebro. Y hasta ahí no ha llegado la ciencia. No podrá clonarla pero sí salvarla.

Yola Polastri, de 68 años, fue operada hace catorce días de un aneurisma en el cerebro. Esa manchita abombada que nos mostró es, en términos médicos, un ensanchamiento de las paredes de una arteria que transporta la sangre a su cerebro, y cuando se rompe, puede causar hemorragia cerebral, y a veces, la muerte súbita.

“Estaba caminando en un campo minado con una bomba de tiempo en la cabeza”, dice la animadora infantil que ya había pasado por situaciones parecidas. A los siete años fue desahuciada por una rara enfermedad conocida como “púrpura sanguínea” (un trastorno de la producción de las plaquetas sanguíneas), y a los cuarentas estuvo a punto de perder un ojo porque le entró un parásito.

Lo sorprendente en Yola es que a la semana siguiente de ser operada ya estaba dando una conferencia de prensa, totalmente caracterizada, con el gorro baker boy cap, que es un clásico en ella, y los vestidos con aplicaciones de lentejuelas, como si fuera a dar un show. Y lo hizo, postoperada bailó con sus muñequitas en vivo.

"Quería hablar de la enfermedad que es poco conocida y dar a conocer que la ciencia ha avanzado a tal punto que puede salvar a la gente que tiene aneurismas", dice Yola.

Y es que el show debe continuar.

En la sala de Yola Polastri se respira una tranquilidad de santuario. Un oso de peluche con un globo metálico sujeto en la pata mira a la nada con su sonrisa congelada. En la mesa de centro, dos elefantes de yeso apuntan la trompa hacia el cielo, son el símbolo de prosperidad en el imaginario peruano.

La gata Titita es el único animalito con vida de la sala y se pasea entre los sillones. Hay tanto silencio en este lugar que se pueden escuchar sus pasitos.

Yola se tomó unos minutos antes de dar esta entrevista. Nosotros cumplimos el deseo de quienes fueron niños en los ochentas: conocer la casa de quien fue una celebridad de la tele, la conductora del programa infantil Hola Yola.

Y aparece. Yola no deja de ser Yola. Viste el ajuar típico: el gorro, el minivestido short de lentejuelas, el saquito, la sonrisa que redondea sus cachetes.

El aneurisma se anunció a través de un incidente con su memoria. Yola se acomoda en su sillón reclinable y rememora los hechos: el 29 de julio, durante un función del musical Bla bla bla con Yola, olvidó que había cantado el coro de su hit La gallina turuleca y lo repitió. Lleva más de treinta años cantándolo. Nunca le había pasado.

Sus médicos le dijeron que el olvido podía ser producto de un cuadro de fatiga crónica. Hacía semanas que Polastri se trasnochaba planeando sus shows, las coreografías, el vestuario de su elenco, el libreto, la musicalización.

Tras su inminente salida de la televisión en 1994, y cuando se dio cuenta que su ciclo en la pantalla chica había acabado, la animadora volcó toda su energía en su negocio de shows infantiles... y no tan infantiles, pues es muy requerida entre los cuarentones y cincuentones cumpleañeros que la contratan para alimentar la nostalgia de sus años felices.

"Tenía insomnio -dice Yola recordando los días previos al olvido-, no podía dormir, me amanecía mirando al techo hasta las ocho de la mañana, tomaba melatonina [la hormona natural que regula el sueño], pero no hacía efecto".

La animadora dormía apenas tres horas diarias, el ritmo de trabajo era intenso, un show diario, tres a cuatro veces por semana, es una rutina trajinada para una mujer que está cerca a los setenta.

Lo del olvido fue como una señal que le envió su cuerpo. Entonces Yola consultó a varios médicos. El primero la asustó:

"Fue como entrar a un túnel del terror, no me dio un trato humano, me mencionó el nombre de una clínica donde hace ocho años dejaron inválida a una muñequita mía por una apurada operación en la columna", cuenta.

Henry Pacheco fue el neurocirujano que le realizó la delicada operación al cerebro. Yola revela que cuando el médico le confirmó que tenía un aneurisma en el cerebro y le indicó que debía ser operada lo antes posibles, la animadora, irreflexiva, quiso posponer la intervención hasta enero del 2019.

"Tenía todo el 2018 agendado con shows y giras al interior. Iba a descansar recién el 5 de enero, pero cuando se lo dije al doctor me miró y con sinceridad me dijo: no deje pasar el tiempo". Fue profético, le hizo caso, pero aún así, la incansable animadora cumplió con todos los shows programados en agosto.

La noche previa a su internamiento en la clínica dio un show para un "niña de cincuenta", así llama ella a sus seguidores maduros. Un dolor de cabeza intenso y la sensación de fiebre antecedieron al día cero. Todo salió bien, Yola solo tiene una leve tos adquirida por la intubación endotraqueal, un procedimiento común en las operaciones de este tipo.

- ¿No crees que trabajas mucho?, le pregunto a Yola.

- Otras personas hacen otras actividades a esta edad, viajan mucho, van a la casa de los hijos y los nietos, van a reuniones sociales, yo me siento bien cuando voy a ver a mi público, a quienes considero mi familia, recibo mucho cariño de ellos y los hago muy felices y me voy contenta.

- ¿Si no lo harías te sentirías sola e incompleta?

- No tanto, tengo mi familia verdadera, la sanguínea, pero tengo mi otra familia, mis burbujitas, y mi centro cultural Hola Yola, y un elenco de 120 niños.

- La pregunta más común que te han hecho, y que más sonaba a reproche, ha sido porqué no te casaste o tuviste hijos.

- Yo no nací para el matrimonio realmente. Si alguna vez estuve a punto de casarme fue porque mis amigas y mis primas se casaban, nada más. Pero eso sí, yo le dije que no íbamos a tener hijos en los primeros tres años de matrimonio para ver si esto marcha bien.

Polastri estaba en sus veintes, subiendo hacia la cumbre de su carrera, cuando le dijo esto a su prometido con quien finalmente no se casó. Eran los setentas, esta mujer adelantada a su época, decidió que el éxito en su vida no se coronaría con el 'vivieron juntos por simpre' sino con su carrera profesional.

- El matrimonio no era algo que me preocupaba, yo había encontrado ese mundo de la comunicación y la producción de la televisión en vivo, dice Yola.

Y entonces, la animadora de televisión que llenó estadios, que compuso el soundtrack de la infancia de muchos, que fue una celebridad, se hizo realidad. Yola Polastri que pronto cumplirá 50 años de carrera artística, sigue remando con sus burbujitas.


Te puede interesar


Nuestras portadas