España

El dictador se va del valle

El gobierno español ha decidido retirar del Valle de los Caídos el cadáver de Francisco Franco porque ofende la memoria de las víctimas de la guerra civil. Los herederos del tirano, culpable de cientos de miles de muertos, deberán hallar otro lugar para enterrar su cuerpo embalsamado.


Óscar Miranda

Domingo, 9 de Septiembre del 2018

Bajo una losa de granito de 1,500 kilos, en el corazón de un monte cubierto de pinos, al pie de una cruz de 150 metros de altura, yace el cadáver –la momia– del mayor dictador de la historia de España.

Francisco Franco está enterrado allí desde el 23 de noviembre de 1975, bajo los techos de una basílica –la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos– que él mandó a construir para glorificar su victoria sobre los republicanos en la guerra civil española.

Su cadáver, embalsamado, es el único reconocible. En todo el conjunto están enterrados más de 33 mil combatientes de la guerra civil, de uno y otro bando, entremezclados, anónimos, formando lo que el diario El País ha llamado "la mayor fosa común de España".

Desde hace 40 años, su presencia en este espacio de memoria ofende. Sobre todo a las familias de las víctimas republicanas, entre ellas las de los 15 presos políticos que murieron mientras trabajaban en la construcción del panteón.

Ahora, gracias a una decisión adoptada por el gobierno socialista de Pedro Sánchez, su tiempo en este valle apacible, a 50 kilómetros al norte de Madrid, está por terminarse.

Ofensa a la memoria

La idea de retirar a Franco del Valle de los Caídos se baraja desde hace muchos años, pero cobró fuerza en 2011 cuando una comisión de expertos la recomendó oficialmente al gobierno de Rodríguez Zapatero.

En junio de este año, tras su asunción como presidente, Pedro Sánchez anunció que su gobierno pondría en marcha los mecanismos legales para iniciar la exhumación.

Así fue. El 24 de agosto pasado, el Consejo de Ministros aprobó un decreto que otorga amparo jurídico a la exhumación por medio de una modificación de la Ley de Memoria Histórica. La vicepresidenta, Carmen Calvo, anunció que el procedimiento se realizaría antes de fin de año.

"Es urgente porque vamos tarde. Un dictador no puede tener una tumba de Estado en una democracia consolidada como la española. Es incompatible", aseveró.

Como era de esperar, la familia de Franco puso el grito en el cielo y anunció que agotaría todos los recursos legales para evitar lo que califican como una afrenta a la memoria de su patriarca.

Pero el gobierno de Sánchez está decidido a sacar el cuerpo por las buenas o por las malas. Si en el lapso de un mes los nietos no lo trasladan a otro camposanto –presumiblemente, el familiar, en el cementerio de El Pardo–, lo harán las autoridades, adonde ellas consideren conveniente.

¿Demasiada brusquedad con un muerto, que, después de todo, fue jefe de Estado?

Un poco de memoria:

La guerra civil española comenzó cuando Franco y su cúpula de militares dieron un golpe de Estado a un gobierno elegido democráticamente.

El golpe fue apoyado por Hitler con armas, en un ensayo de lo que sería su ofensiva en la Segunda Guerra Mundial.

Como resultado de la contienda murieron cientos de miles de personas. Todavía hay más de cien mil víctimas enterradas en fosas comunes. España es el segundo país con más desaparecidos en el mundo, después de Camboya.

Las violaciones de los derechos humanos se prolongaron durante todo el régimen franquista, 40 años de fascismo y oscurantismo que aislaron a España del mundo.

El franquismo sobrevive en el país, aunque cada vez con menos visibilidad. Desde el 2007, con la Ley de Memoria Histórica, se han ido retirando los símbolos franquistas de monumentos, plazas y calles.

Aunque el Partido Popular (PP) no es abiertamente franquista, en su seno conviven centroderechistas con nostálgicos de los tiempos del Caudillo, los tiempos del ultracatolicismo y la represión.

El PP ha anunciado ya que no apoyará en el Congreso de Diputados la convalidación del decreto para exhumar a Franco. Tampoco lo hará Ciudadanos, que critica al gobierno por no haber buscado un consenso antes de adoptar esta medida. El oficialismo, sin embargo, está confiado. Sus votos, junto con los de Unidos Podemos, ERC y PDeCAT, serán suficientes para ganar por mayoría simple. Antes de fin de año, el tiempo del dictador en ese apacible valle de pinos y montañas habrá terminado. (O.M)


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