Pégale a Reggiardo

"No solo Urresti juega a los dardos con la cara de Reggiardo. Ninguno de los otros candidatos pierde oportunidad de atacarlo".


Maritza Espinoza

Domingo, 9 de Septiembre del 2018

No hay nada que nos guste más a los peruanos que el cargamontón. Basta ver las redes sociales para darnos cuenta de que nuestro deporte favorito es el callejón oscuro y de que somos felices como chanchos linchando a cualquiera que consideremos que se merece un “apanao” en regla. La política, por supuesto, no es la excepción y nadie mejor que Renzo Reggiardo para dar fe de ello.

Tal vez porque tiene ya varios meses en el primer lugar de las encuestas, el candidato de Perú Patria Segura se ha convertido en el punching ball favorito de todos los demás aspirantes a la alcaldía de Lima y no pasa un día sin que alguno de los otros veinte que compiten con él le lance algún dardo en plena cara.

Por ejemplo, el siempre inefable Daniel Urresti -ese mono con metralleta que tan simpático cae a algunos- ha dicho que es Reggiardo, y no Ditel Columbus, el candidato de tapada de Keiko Fujimori. Ha dicho también que es un hijito de papá al que su padre obliga a competir. Y, por si fuera poco, lo ha denunciado ante el Jurado Electoral por nadie sabe qué exactamente.  

Además, Urresti, al igual que los otros 19 candidatos con los que compite, lo ha retado a debatir en todos los idiomas, pero, claro, Reggiardo, ni tonto, sigue zafándose, porque, obvio, cuando eres el candidato que va primero en las encuestas, el que más perdería en un debate serías tú, más si no tienes grandes dotes para la oratoria, como es evidente en el caso del conductor de Alto al crimen y hoy candidato municipal.

Pero no solo Urresti juega a los dardos con la cara de Reggiardo. Ninguno de los otros candidatos pierde oportunidad de atacarlo, más ahora que ha salido la noticia de que la mitad de su plan de gobierno municipal es un plagio de otros documentos. Sin embargo, como ya está históricamente comprobado, en el Perú, los cargamontones solo favorecen a la víctima y podría ocurrir lo que ha ocurrido tantas veces: que no importa cuán cuestionable sea un político, los ataques excesivos solo le generarán efecto teflón y, cuando eso ocurra –si ocurre-, recién todos los que andan de linchadores comprenderán cuánto favor le hicieron, pero será tarde.

Sin embargo, Reggiardo no las tiene todas consigo. Un primer lugar con un quince por ciento no es precisamente para decir “¡guau, está arrasando!”, y menos en un país donde casi todos los candidatos que se mantuvieron primeros en las encuestas perdieron las elecciones y no precisamente por los sablazos de sus contrincantes, sino porque, a lo largo de los meses de campaña continua, se produce un natural desgaste de imagen, un desencanto entre los electores, que les juega en contra.

Otro error de Reggiardo, y que abona a favor de quienes dicen que es el topo de Keiko, es que, a pesar de que se distanció formalmente de los fujimoristas cuando estos desecharon el nombre de Cambio 90 para adoptar alguno de los muchos que han usado hasta hoy, jamás ha deslindado tajantemente con la lideresa del Mototaxi y no hemos escuchado de sus labios ningún cuestionamiento ni crítica contundente al papel de la Señora K en los lamentables acontecimientos políticos recientes.

Pero, con todo, sus detractores tienen que darse cuenta de que, por mucho que lo ataquen, eso no les sumará un solo punto a ellos (tal vez más al candidato Blanco/Nulo, que sigue creciendo) y que solo lograrán que, faltando un mes exacto para las elecciones, Reggiardo se consolide como el postulante de mayor opción. 

Pero, para variar, sé que lo seguirán haciendo ciega y torpemente. ¿Cuándo nuestros políticos entenderán que, en campañas electorales, hacer cargamontón al candidato que va puntero es, como dirían Hitler y Napoleón, más idiota que intentar invadir Rusia en invierno?


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