Eduardo Herrán, el ángel de las Líneas de Nasca [VIDEO]

Roberto Ochoa
29 07 2018 | 21:15h

Tres años después de la muerte del piloto Eduardo Herrán Gómez de la Torre, la USMP publica un libro ilustrado con cientos de fotografías aéreas que él tomó durante 35 años en Palpa y Nasca.

Las pampas de Palpa y Nasca son un enorme lienzo donde los antiguos peruanos modelaron su enigmática cosmovisión.

Son miles de geoglifos (dibujos en tierra) entre los que destacan líneas de cientos de metros de largo, enormes trapecios que semejan pistas de aterrizaje y representaciones estilizadas de flora y fauna que simbolizaron el origen o la 'paqarina' de las etnias que llegaban a la zona siguiendo una peregrinación ritual.

En la primera mitad del siglo pasado, Paul Kosok identificó decenas de geoglifos, entre ellos un antiquísimo colibrí, cuya cabeza y pico fueron recortados por la posterior elaboración de un enorme trapecio para danzas rituales.

Este detalle le restó importancia turística al colibrí decapitado, sobre todo cuando –años después– María Reiche inició su titánica tarea de recuperar y cuidar las líneas de Nasca, y descubrió nuevas y sorprendentes figuras grabadas en la pampa.

Hoy en día, el "colibrí de Kosok", ubicado sobre unas terrazas aluviónicas en Palpa, se luce en su máxima expresión gracias a la restauración dirigida por el arqueólogo Johny Isla. Y pronto se integrará al circuito de las famosas líneas de Nasca.

Tanto Kosok como Reiche y otros investigadores de la talla de Johan Reinhard y el propio Isla comprendieron que los dibujos se podían contemplar desde las cimas de los contrafuertes andinos que rodean las pampas y desiertos de Palpa y Nasca. Pero fue Reiche la primera en insistir que desde el aire serían todo un espectáculo. Y es aquí donde surge Eduardo Herrán Gómez de la Torre, un personaje ajeno a la arqueología pero que terminó "flechado" por los enigmáticos dibujos.

Formado en la Escuela de Oficiales de la Fuerza Aérea del Perú, Herrán llegó a ser piloto de caza bombardero para luego dedicarse a las actividades propias del pilotaje civil. Sufrió un grave accidente mientras fumigaba extensos campos de cultivo hasta que, un buen día, en un inolvidable viaje piloteando un Piper desde Collique hasta Nasca, descubrió esos dibujos que le dieron sentido a su vida.

Herrán adquirió un equipo fotográfico Pentax K1000 y retrató los geoglifos desde diferentes alturas y en diversos horarios durante 35 años.

Fue así como se convirtió en un aliado fundamental de María Reiche y en el "ángel de los geoglifos". Sus vuelos también sirvieron para advertir invasiones de terrenos, el paso de vehículos por zonas prohibidas, la existencia de yacimientos mineros ilegales y otras actividades que amenazan los geoglifos.

También fundó el Instituto de Investigaciones Aeroarqueológicas, que auspició el expediente técnico que permitió declarar a Palpa y Nasca como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Y se desempeñó como director de la empresa Ojos de Cóndor, dedicada a captar imágenes aéreas y preparar a los aspirantes a guardaparques de las "líneas".

Con más de doce mil horas de vuelo en aviones ultraligeros (con motor de motocicletas), Herrán logró registrar 324 geoglifos. Sus fotografías sirvieron para mostrar las "líneas de Nasca" a todo el mundo.

 

Archivo invaluable

Herrán falleció el 2015. Y este año se hizo realidad su sueño editorial. El libro Líneas de Nasca. De los hombres que dibujaron el desierto fue editado por el Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la USMP. Cuenta con un completo registro fotográfico de los geoglifos en las áreas de Ica, Pisco, El Ingenio, Santa Cruz, pero por primera vez se muestra en su máxima expresión las figuras de Palpa y Nasca.

"La excepcional documentación que Eduardo supo guardar en más de 35 años, con el fin de realizar un sistema ejemplar de catastro fotográfico de los geoglifos, aparece hoy como un verdadero y preciosísimo tesoro, porque no existe en el mundo otro archivo que incluya también dibujos que ya desaparecieron o que en muchos casos –por el avance de la urbanización y la minería– serán borrados irremediablemente", sostiene el arqueólogo italiano Giuseppe Orefici, director del Proyecto Nasca, célebre por las investigaciones y recuperación de la ciudadela de Cahuachi.

 

Leyendas del colibrí

Las lluvias y aluviones propios del fenómeno de El Niño fueron una bendición para los antiguos peruanos. El mundo se pintaba de verde, se multiplicaban los pastizales, los aluviones producían toneladas de lodo y tierras para la renovación agraria, la cerámica y los adobes. Y los pozos colapsaban por las aguas subterráneas.

Las sequías, empero, fueron una maldición.

No son pocos los mitos asociados a la remediación de la sequía. Muchos provienen precisamente de las zonas desérticas de la costa peruana, como Palpa y Nasca. Entre estos relatos orales figura el origen del colibrí. Luego de una larga temporada seca, un pequeño y bellísimo picaflor brotó de la flor de la Cantuta y voló hasta las cordilleras nevadas. El avecilla murió por el esfuerzo. La tragedia hizo llorar de pena al apu nevado. De sus lágrimas brotaron los ríos que acabaron con la sequía.

Será por eso que el colibrí es el ave más representada en las pampas de Palpa y Nasca. Algunos dibujos son tan antiguos que luego fueron borrados por otros grupos humanos que dibujaron líneas y trapecios.

Johny Isla atribuye a los Paracas la elaboración de los geoglifos más antiguos, entre ellos, e del "colibrí de Kosok" y una orca recientemente restaurada.

Eduardo Herrán registró este colibrí con sus aviones ultraligeros y realizó una reconstrucción hipotética de cómo pudo lucir la figura en todo su esplendor (ver foto que ilustra este reportaje).

En los últimos años, Isla –con el equipo de Luis Jaime Castillo– reemplazó los incómodos aviones ultraligeros con sofisticados drones que vienen captando imágenes espectaculares.

Ambos arqueólogos coinciden en que el "colibrí de Kosok" debió ser la representación más bella de Nasca. Y una de las más antiguas.

También queda demostrado que los geoglifos se pueden contemplar desde los cerros vecinos y con drones y avionetas que vuelan a mediana altura. Las imágenes satelitales captan las grandes líneas y trapecios, pero no sirven para identificar a la mayoría de figuras. Y las nubes afectan las imágenes satelitales. De ahí que el uso de drones no solo sirva para obtener imágenes inéditas de los geoglifos, sino para identificar nuevas figuras que permanecieron ocultas durante siglos bajo la arena del desierto.

Sin duda, Palpa y Nasca albergan las manifestaciones artísticas mas grandes y hermosas de la humanidad.

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