Sinfonía para Juan Diego

La República
2018 M07 1 | 03:17 h
Gala en el Gran Teatro Nacional

El proyecto Sinfonía por el Perú cumplió siete años esta semana y el tenor Juan Diego Flórez llegó al Perú para visitar algunos núcleos donde niños de escasos recursos se forman en música y canto, también los acompañó en un concierto en el Gran Teatro Nacional.

Juan Diego Flórez ha llegado hasta lo alto del cerro El Pino, en La Victoria, y los vecinos no se lo pueden creer. Se arremolinan ante su presencia. Ha llegado para visitar y recoger a Ángel, 11 años, que toca el fagot; y también a su amigo Jeremiah, 9 años, que toca el violín. Cuando los dos niños se suben a la camioneta blanca del tenor lígero más importante del mundo, parece que tampoco se lo pueden creer.

Los pequeños músicos son parte del proyecto Sinfonía por el Perú, fundado por Juan Diego el 2011, y reciben clases en un núcleo que funciona en el parque zonal Cahuide del distrito de Ate. Ángel es hijo de un músico y espera ser un gran fagotista, mientras que Jeremiah toca el violín en la iglesia, a donde acuden sus padres y dice que hacerlo le alegra el corazón.

Son cerca de las dos de la tarde cuando el tenor llega al parque zonal con sus jóvenes acompañantes. En el núcleo que funciona allí, la Fundación Telefónica ha implementado un aula digital donde los niños aprenden sobre partituras musicales y solfeo, ayudados por herramientas tecnológicas. Ese proyecto, llamado Sinfonía Digital, celebra su primer aniversario y por eso todos los salones reciben la visita del cantante lírico.

Juan Diego empieza con los niños de inicial -de cinco a siete años- que le dedican una canción acompañados por flautas, maracas y xilófonos. Después el salón de preinfantil le dedica La flor de la cantuta, el salón de infantil interpreta Kyrie, y los estudiantes de la orquesta tocan con talento y emoción Allelujah. El tenor los escucha con atención a todos y sale de cada salón dándoles consejos y diciéndoles que han tocado, o cantado, muy bien.

En el aula digital, minutos después, se realiza un enlace entre el núcleo de Ate, el núcleo del Rímac, y el núcleo de Cachicoto en Huánuco. Todos pueden verse a través de unas pantallas. Desde el Rímac y Huánuco, los jóvenes de esos lugares saludan y ejecutan piezas musicales para Juan Diego, la persona que fundó Sinfonía por el Perú y que ha hecho posible todo esto.

Al final, los chicos del salón donde estamos le explican a Juan Diego lo importante que son para ellos las herramientas tecnológicas con que cuentan y hasta le hacen una demostración de cómo aprenden a leer partituras y como aprenden canto con los programas que usan. El cantante los felicita a todos, les hace bromas, y habla de lo importante que es hoy la tecnología para los fines del proyecto.

Sobre el tema, Alejandra Gonzales, jefa de proyectos educativos y sociales de la Fundación Teléfonica, explica que el proyecto Sinfonía Digital tiene actualmente 425 niños que van a clases y ha beneficiado desde su inauguración -hace un año- a 950 niños. Ellos trabajan allí con programas digitales, con tablets y hasta con MP4 que les cargan con canciones y pueden llevarse a casa para que ensayen con sus instrumentos.

"Buscamos que con las herramientas de la tecnología, la música y la educación podamos hacer un rescate e inclusión social de niños en riesgo. Con la tecnología queremos enseñar no solo música, sino valores, trabajo en equipo, disciplina, organización y responsabilidad", dice. También cuenta que además de una orquesta sinfónica, tendrán una big band de jazz.

 

Palabras de tenor

Juan Diego Flórez llegó al Perú después de participar en elconcierto de gala del Mundial Rusia 2018. Vino además para celebrar el séptimo aniversario de Sinfonía por el Perú con un concierto que se realizó la noche del miércoles en el Gran Teatro Nacional. El día de la vísita al núcleo de Ate pudimos conversar con él sobre lo conseguido en estos siete años que el proyecto tiene.

-Juan Diego ¿siete años después, cual es tu balance de lo conseguido?

-El balance es positivo, tenemos siete mil niños, veinte centros en todo el Perú, que les llamamos núcleos y que realizan la transformación social que quiere Sinfonía por el Perú. Eso quiere decir que aprenden valores, aptitudes para la vida, que mejoran en el colegio, que mejoran como personas, que aumentan su autoestima. Sinfonía por el Perú usa la música como instrumento de cambio.

-Das conciertos en todo el mundo, ¿cómo sigues los avances del proyecto y de qué manera los apoyas?

-Estoy siempre en contacto con el equipo de trabajo de Sinfonía por el Perú. Incluso realicé un concierto en Viena profondos para el proyecto y se pasó por la televisión en Austria y pudimos recaudar una buena cantidad que después transferimos a Sinfonía por el Perú. (A ese concierto llevó a Diana Espinoza, flautista del módulo de La Victoria).

-Y cuando visitas estos núcleos y ves lo avanzado, ¿cómo te sientes?

-Me siento bien porque demuestra que cuando apostamos a fundar Sinfonía por el Perú el 2011 no nos equivocamos. Hemos podido ayudar a muchos niños y familias y a la comunidad. Porque todos se benefician. No solo les hemos ayudado en lo espiritual, lo intelectual, sino que hemos ayudado a que sean buenos músicos, porque la excelencia es parte de nuestra base. Entonces vemos como en poco tiempo tocan muy bien. Y en muchos casos, la pobreza es un motor que los hace ir más rapido porque se aferran a algo bello que los hace felices, les devuelve la sonrisa, y quieren ir a la orquesta. Muchos caminan a veces hasta 45 minutos para llegar aquí.

La tarde que visitamos el núcleo de Ate pudimos conocer a Selena Bello, 11 años, que llegó al coro porque le gustaba cantar y después se decantó por el contrabajo. "Un día una profesora me hizo una prueba para tocarlo y me gustó el sonido. Con el tiempo he aprendido a leer partituras y ahora me gusta tocar este instrumento", dice mientras sostiene un contrabajo que la supera en tamaño. Vive en La Victoria y hace un año que está en el programa.

A su lado está Fabiola Malpartida, 11 años, que llegó aquí también el año pasado pensando aprender a tocar violín, pero finalmente se quedó en el coro. Le fue tan bien que esta tarde fue la solista del coro que cantó para Juan Diego. "¿Te sentiste nerviosa?", le preguntamos. "Sí, al comienzo, pero después se me pasó", cuenta. Después nos dice que antes era tímida pero el canto la ha ayudado a soltarse.

Juan Diego Flórez dice que en unos años podrían pasar de 7 a 15 mil niños beneficiados a través de la música y también que podrían pasar de los 20 módulos actuales a 50. La idea es darle una oportunidad, sobre todo, a chicos de escasos recursos para que ya no se sientan excluidos sino incluidos a través de la música y el arte.

El martes pasado el tenor visitó a los chicos de la orquesta Sinfonía por el Perú que lo recibieron ataviados con camisetas de la selección peruana. Ese día dijo que esa selección jamás defraudaría. Y la noche del miércoles acompañó a todos los chicos que forma a su concierto de séptimo aniversario. Fueron 800 niños músicos, en orquestas y coro, los que subieron al escenario.

Ese día nuestro tenor más conocido en el mundo interpretó con mucha emoción temas del cancionero peruano como "El Cóndor Pasa", "Zaña", "Ojos Azules / Valicha" y "El Alcatraz" con el Coro y la Orquesta Sinfónica Juvenil de Sinfonía por el Perú. También se mostró orgulloso del nivel musical alcanzado por los niños y adolescentes que el proyecto acoge.

Su esfuerzo para hacer de Sinfonía por el Perú un instrumento de cambio social da frutos y esta semana pudo verlos desde que empezó sus actividades en el cerro El Pino. "La orquesta, el coro, los hace sentir importantes, valorados. Es como pertenecer a una gran familia que te apoya, te protege", nos dijo.