“No es justo enfrentar a las mujeres a la muerte para satisfacer los caprichos de un grupo de hombres antiderechos”

Gabriela Wiener
02 Jun 2018 | 17:17 h

Enfermera que cuida la salud sexual y reproductiva de las mujeres peruanas del norte del Perú.

De pequeña, Reyna se preguntaba: “¿Por qué Dios, si todo lo puede, permite que mi madre se embarace tanto para que después mueran mis hermanos?”. En su pequeño pueblo no se conseguían anticonceptivos, tampoco había información a mano. Su madre no tenía ni menstruación, simplemente se embarazaba en cadena, y así encadenó 16 embarazos. De todos sus hermanos, 11 murieron y solo cinco sobrevivieron. Margarita es la mayor, su madre tenía 15 años cuando nació. “Esta era la realidad de muchas mujeres como mi madre. Leí mucho la Biblia, me pregunté mil veces cómo pudieron soportar nuestras antecesoras tanta injusticia, discriminación extrema y dolor. Dejé de creer en ese Dios”. Por eso Reyna (no es su nombre real) se hizo enfermera, una que cuida la salud y la vida de miles de mujeres en nuestro país. Lo hace desde hace 25 años dirigiendo una institución sin fines de lucro, con sede en una ciudad del norte andino –con fuertes niveles de discriminación y de machismo–, que ofrece servicios educativos, clínicos y de investigación en Salud Sexual y Reproductiva, con énfasis en la disminución de los embarazos no deseados y las secuelas de abortos inseguros. A la fecha han atendido ya a 42 mil mujeres. “Es el Estado el que tendría que hacerlo, pero mientras el aborto esté penalizado y criminalizado, nosotros trabajamos por ellas”.

¿Por qué no puedes darme tu nombre real?

Por temor a los fundamentalistas que son capaces de los crímenes más extremos.

Ves actuar a los fundamentalistas de cerca todos los días…

Una niña de 12 años acaba de parir por cesárea en el hospital. La madre es una mujer muy pobre que cometió el error de contarle a un sacerdote fundamentalista que su hija estaba embarazada. Este le habló de las cunas salvadoras y el valor de la vida; y allí está el resultado: sufren la madre y la niña, con un bebecito con el que no saben qué hacer. El violador es el padre de la niña, que ya está en la cárcel, y la madre llora porque el violador traía de vez en cuando algo para comer y ahora no hay nadie que les traiga nada. El sacerdote desapareció.

¿A qué se dedica tu institución?

Nuestro lema es “ninguna mujer debe dejar de ser atendida por asuntos de dinero”. No tenemos financiamiento, pero sí costos diferenciados. Ofrecemos orientación personalizada, para que cada mujer ventile sus razones, mitos, temores, realidades que la hicieron enfrentarse a un embarazo no deseado y tomar la decisión de no continuarlo. Las acompañamos, sin juzgarlas, pensamos que están en su derecho, les damos información y métodos.

¿Cuántos abortos has realizado en este centro, qué técnica se utiliza?

Hacemos un promedio de 1.000 abortos al año. Utilizamos la técnica de AMEU (Aspiración Manual Endouterina) y en los últimos años usamos misoprostol, para el 15% de mujeres que lo solicitan.

¿Hay más hostilidad desde que los ProVida se organizaron?

Los antiderechos están moviendo mucho dinero. Utilizan las mismas estrategias de los malos políticos: engaño, escándalo, morbo. Lo peor es que manipulan a la población escolar. Su hostilidad es una respuesta a las movilizaciones de “Ni una menos”.

¿Te acosan?

Tenemos intervenciones del poder de turno: sanitario, municipal, político, legal, policial y religioso. Nos tratan como si fuéramos delincuentes.

¿A qué red latinoamericana de profesionales perteneces?

Por cuestiones de seguridad no puedo decir el nombre, pero soy parte de una Red Latinoamericana iniciada hace más de 30 años en Colombia por un brillante gineco-obstetra. Yo hice una réplica de esta red en Perú porque me parece una labor de gran importancia para la salud y el bienestar de las mujeres y sus familias. Hemos capacitado a 60 profesionales entre obstetras, médicos y auxiliares de enfermería para ofrecer servicios similares a los nuestros en toda la zona norte del país.

Poca gente sabe que una enfermera puede realizar un aborto.

Yo fui atendida por un auxiliar de enfermería y tengo mucho respeto a esta profesión y a las parteras empíricas, porque han sido las primeras en sensibilizarse con esta tragedia de las mujeres. Hay una canción que refleja lo que significa parir: “benditas las madres, que con dolor profundo traen hijos al mundo, desgarrando sus entrañas, hiriéndose en el alma, enfrentando a la muerte segundo por segundo”. Nosotros atendemos partos también, por eso entendemos esta canción a cabalidad. No es justo, ni ético, ni humanitario, enfrentar a las mujeres a la muerte cada segundo para satisfacer los caprichos de un grupo de hombres antiderechos que ni siquiera entienden las náuseas que te ocasiona una píldora anticonceptiva.

¿Nos ves más cerca de la des-penalización?

Desde que Chile despenalizó el aborto –y espero que el 13 de junio se logre también en Argentina– lo veo cada vez más cerca. Ya no es posible seguir con esta deuda milenaria que el Estado y las organizaciones educativas, legales, religiosas han mantenido en contra de las libertades, la salud y la vida de las mujeres por miles de años. Se avizoran cambios en las iglesias también, más vale tarde que nunca. Felicito a todo el movimiento feminista por esta labor, aunque por momentos necesita bajar al llano con un discurso menos complejo al alcance de las mayorías.

¿Por qué si el aborto no es un tema moral sino un tema de salud pública y justicia social, el Estado sigue sin dar soluciones a las mujeres? ¿Cómo los presionamos?

Ahí está el trabajo de las activistas que necesitan llegar a esferas donde se puedan tomar decisiones para cambiar las leyes. Mientras tanto, hay que adelantar al Estado, divulgar nuestros servicios en los lugares más recónditos para evitar más muertes. En pleno siglo XXI, la mortalidad materna, la maternidad adolescente tienen rostro de mujer pobre y sin educación. Pero al menos ya no es la primera causa, es la tercera. Hemos hecho un buen trabajo, aunque nunca lo reconozcan. Está demostrado que una educación sexual, laica, sin prejuicios, la provisión de anticonceptivos y la equidad entre hombres y mujeres son las únicas armas para disminuir los embarazos no deseados y, por ende, los abortos. Mientras haya anticonceptivos que fallan, hombres violentos que no colaboran en la anticoncepción, que violan a sus hijas, seguirá habiendo embarazos no deseados. Y el aborto seguro debería ser practicado con la mayor dignidad y humanidad posible.

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