La comida le dice adiós al plástico

La República
19 May. 2018 | 21:16h
Menaje biodegradable

El negocio de los alimentos y bebidas es una de las grandes fuentes de basura plástica en el país. Pero eso es algo que podría cambiar. Estas empresas locales han empezado a comercializar platos, vasos, envases y sorbetes hechos a partir de materias vegetales como el maíz, el trigo y la caña de azúcar. Todos alternativos al plástico y biodegradables.

El sorbete que George Capristán tiene en las manos es un sorbete especial. Está hecho de ácido poliláctico (PLA), un material muy parecido al plástico, obtenido del almidón del maíz. En su fabricación no se usaron derivados del petróleo. Es compostable: puede convertirse en abono para cultivos al cabo de seis u ocho meses. Es 100% biodegradable.

El sorbete que George Capristán tiene en sus manos es una pieza fundamental del modelo de consumo que este cocinero convertido en empresario quiere promover en la industria gastronómica peruana: Dejar a un lado los utensilios de plástico descartables, que ensucian los océanos y enferman a los animales marinos, y optar por productos que vengan de la tierra y puedan volver a ella sin problemas, que no contaminen la salud del planeta.

George, con su marca Qaya, no es el único. Fiorella Boccacci, de Sasha Natura, y Rayda Romero, de Qapac Runa, tienen la misma visión. Gracias a estos empresarios pioneros, los negocios de venta de comidas y bebidas del país ahora disponen de alternativas para reemplazar a los perniciosos sorbetes, vasos, platos y envases de plástico y de tecnopor.

Es hora de empezar el cambio.

 

NO TODO ES PROHIBIR

 

Las bolsas de plástico de los supermercados y bodegas no son el único problema. La industria gastronómica es una fuente importante de basura plástica y eso, que ocurre en todo el mundo, es particularmente notorio en el Perú, donde cada día se abren 56 empresas que ofrecen comidas y bebidas, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). En el año 2016 había en el país 159 mil 795 empresas de este tipo, y eso sin contar al sector informal, donde los puestos de comida ambulante son simplemente incontables.

Hablamos de cientos de miles de negocios regalando productos desechables todos los días. Sorbetes en las juguerías y los bares. Vasos de plástico en los cafés y las carretillas de desayuno. Contenedores de tecnopor en las pollerías, los chifas y en todo aquel restaurante que ofrezca comida para llevar. Platos de plástico en los patios de comidas. Cubiertos. Productos que usamos unos pocos minutos pero que tardan en degradarse cientos de años.

El boom gastronómico, que tanto ayudó a nuestra economía y a nuestra autoestima, podría ser una amenaza para nuestro ecosistema marino. De los 10 productos plásticos más encontrados en las jornadas de limpieza que el Instituto Vida lleva realizando hace dos décadas en el litoral peruano, al menos cuatro vienen de los negocios de comidas: vasos y platos de plástico, vasos y platos de tecnopor, utensilios de plástico y sorbetes.

–Cada vez encontramos más vasos y platos de plástico –dice Arturo Alfaro, su presidente–. Más, incluso, que bolsas de supermercado.

El Gobierno y la clase política, conscientes de esta situación de emergencia, se han puesto manos a la obra con sendos proyectos de ley del Ministerio del Ambiente y de media docena de legisladores que buscan reducir el uso del plástico y el tecnopor en el país.

Pero, como dice George Capristán, no podemos limitarnos a regular o a prohibir. Hay que ofrecer a los consumidores alternativas que reemplacen a estos materiales.

Con ese objetivo nació Qaya Ecoenvases.

 

EMPIEZA EL CAMBIO

 

En el verano del año pasado, cuando George Capristán y otros cocineros amigos llevaban alimentos a las zonas golpeadas por los huaicos, una preocupación siempre los asaltaba: estaban llevando envases y utensilios desechables, que seguramente terminarían en la basura, en los ríos, en el mar. ¿No había otros productos menos contaminantes que pudieran usar?

Encontró la respuesta en un viaje a Bruselas, a mediados de año. Sí, sí los había. Menaje hecho de materias vegetales, compostable, 100% biodegradable. Después de investigar diversas alternativas que ofrecía esta industria, eligió a un proveedor norteamericano, World Centric, una empresa que destina parte de sus ganancias a proyectos sociales. Hizo un pequeño estudio de mercado para conocer la demanda potencial. Sacó cuentas. Y, hace cuatro meses, se lanzó.

Qaya Ecoenvases ofrece más de 30 productos para el negocio de alimentos y bebidas. Los principales son sus sorbetes y vasos para bebidas frías hechos de PLA elaborado a partir del almidón de maíz. Vasos para bebidas calientes, como el café, hechos de fibra de trigo y de papeles ecológicos. Platos de fibra de trigo, en diversos tamaños. Contenedores para llevar comida, hechos de una hierba llamada Silver Grass. Y, próximamente, bolsas.

Entre sus primeros clientes figuran restaurantes como Quina Cocina & Barra, de Miraflores, y El Bigote Coffe & Waffles, de Barranco, cuyos propietarios están comprometidos con la sostenibilidad. Hace unos días cerró un trato con Acurio Restaurantes para que sus sorbetes biodegradables se entreguen en todos los locales de Tanta (a quienes los pidan). Y el último viernes, cerró otro con Cencosud para hacer lo mismo en los patios de comida de Wong y Metro.

–Es verdad que casi todos los negocios de comidas del país usan plástico y tecnopor –dice Capristán–, pero muchos de ellos lo hacen porque hasta ahora no han tenido alternativas. Cuando yo tenía La Calé (su food truck cevichero) me pasaba lo mismo. Ahora veo a los cocineros con bastante predisposición a cambiar. Va a ser un cambio progresivo.

 

ALTERNATIVA AL TECNOPOR

 

Hace unas semanas Rayda Romero dio una charla a los chicos del colegio de sus hijos. Les explicó por qué debían dejar de usar sorbetes, bolsas plásticas y tecnopor. Les mostró imágenes de animales marinos con plástico en el estómago o en las fosas nasales. Al día siguiente, algunas mamás la llamaron. “Mi hija ya no quiere tomar en cañitas. ¿Qué le has dicho?”.

Romero es una promotora del consumo sostenible en colegios, municipios y empresas. Hace algunos meses lanzó Qapac Runa, su marca de envases de alimentos para llevar. Ha comenzado con un solo producto: un contenedor hecho de bagazo de caña de azúcar, que importa de Asia, similar al de tecnopor que entregan las pollerías y chifas. Con una importante diferencia: el de Qapac Runa no es nocivo para la salud de las personas ni la del planeta.

En efecto, el tecnopor o poliestireno está hecho de estireno, compuesto químico que figura en la lista de posibles agentes cancerígenos de la Agencia Internacional de Investigación de Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud. Por esa razón ha sido prohibido en más de 100 ciudades de los Estados Unidos y en muchas otras alrededor del mundo.

Además, demora más de 500 años en degradarse, tiempo durante el cual el estireno pasa al aire, a la tierra, a los ríos y a los animales y plantas que consumimos.

Por estas razones a Romero le pareció importante comenzar con este tipo de envases. Más adelante empezará a comercializar otros que sirvan al mismo propósito: reducir la contaminación plástica.

–Todos somos seres contaminantes –dice ella–. La diferencia es cuánto decidimos contaminar.

 

PLATOS HECHOS DE HOJAS

 

Fiorella Boccacci, de Sasha Natura, ha ido un paso más allá. Ella quiere producir los platos biodegradables de su marca en el Perú. Inspirada en lo que hacen empresas como Leaf Republic, cree que no será difícil hallar en nuestra selva la materia prima adecuada. Está pensando probar con hojas de plátano, de bijao y de teca. Por lo pronto, ya compró las máquinas, que deben de llegarle en julio desde China. Según sus cálculos, en agosto debería de comenzar su producción.

Mientras tanto, esta ingeniera de sistemas está confeccionando sorbetes con carrizo de la sierra central, y telas de algodón barnizadas con cera de abeja que pueden reemplazar al plástico film con el que se embalan algunos alimentos. Y está comercializando cubiertos orgánicos hechos en los Estados Unidos con madera de abedul.

George Capristán y Rayda Romero también quieren producir localmente pero a mediano plazo. En lo que los tres empresarios coinciden es que este cambio en el negocio de las comidas y bebidas no debe quedarse en los locales de Miraflores y Barranco. Estos vasos, platos y envases deben llegar a los mercados de barrio, a las polladas y a las carretillas. Todo hace pensar que los precios serán cada vez más accesibles. Por ahora, hay que dar a conocer las alternativas. No solo abrir las bocas. Abrir la mente.