El ferrocarril Tacna-Arica

La República
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Historia sobre rieles

Los historiadores sostienen que en sus vagones viajó Francisco Bolognesi en plena guerra con Chile. El ferrocarril que conecta Tacna con Arica sigue funcionando desde hace 163 años. Hoy traslada a turistas peruanos y chilenos en cuatro viajes al día. Por su alta demanda se planea implementar un autovagón más.

Es el tren de pasajeros más antiguo del Perú. Conecta Tacna con la ciudad chilena de Arica, en un recorrido de 62 kilómetros que demora hora y media de viaje. Los historiadores sostienen que ni en la Guerra del Pacífico (1879-1883) dejó de funcionar aunque sí tuvo algunos percances.

Andrés Choquejahua Zapana, motorista de 66 años, conduce dos de los cuatro viajes que el autovagón 261 realiza en el día.

El 261 es el único autovagón operativo desde que el ferrocarril fue reactivado en junio del 2016. Con una capacidad para 48 pasajeros, el primer grupo de viajeros sale a las seis de la mañana. A esa hora, la mayoría de pasajeros son peruanos. En los tres viajes restantes, más del 80% serán chilenos.

La construcción de estos carriles de hierro se remonta a 1851, al gobierno del presidente José Rufino Echenique. Arica, dada su ubicación, tenía una importancia comercial relevante.

El historiador tacneño Luis Cavagnaro Orellana explica que desde 1570, esta ciudad –situada en uno de los desiertos más áridos del mundo y parte del territorio peruano– era centro del embarque de plata, mineral que se explotaba en Cerro Rico de Potosí, en el Alto Perú (Bolivia). Con el descubrimiento de más yacimientos en Oruro (Bolivia), Tacna también cobró importancia, pues proveía de provisiones a los viajeros. La complementariedad entre ambas ciudades se afianzó con la llegada del ferrocarril, el 25 de diciembre de 1855.

En sus 163 años de existencia, su servicio fue paralizado en varias ocasiones. La última suspensión ocurrió en el 2012, a causa del desborde de ríos y el colapso del puente que está sobre el río Lluta.

Por eso, Andrés Choquejahua, el motorista que trabaja en el ferrocarril desde 1977, hace cada viaje con sumo cuidado. La primera precaución la toma al cruzar la Panamericana. Su paso, a 40 kilómetros por hora, es acompañado de un sonoro bocinazo.

Tras dejar la carretera, se adentra en Magollo, una zona de plantaciones de olivo, y luego en el sector llamado Hospicio. Cuando divisa el punto Concordia, donde se inicia la frontera, toca la bocina en señal de que salimos del Perú.

“Ya estamos en Chile”, dice. Este límite territorial fue fijado en el Tratado de 1929, para poner punto final a las diferencias entre Perú y Chile.

A partir de la frontera, la vía ferroviaria que llega hasta la estación de Arica constituye la servidumbre cedida al Perú tras la firma del Tratado de 1929. El historiador Luis Cavagnaro recuerda que el Perú tiene soberanía sobre estos bienes. “Por eso hay que mantenerlo, es una obligación patriótica que ese ferrocarril esté vigente. Es presencia del Perú”, apunta Cavagnaro.

 

Tiempos de guerra

 

Más de 160 años de historia reposan en la estación ferroviaria de Tacna, ubicada en el cruce de las calles 2 de Mayo y Gregorio Albarracín, a menos de cinco cuadras del centro de la ciudad de Tacna.

Durante la guerra del Pacífico, el ferrocarril no cayó en manos chilenas. Su administración estaba a cargo de la empresa inglesa Arica and Tacna Railway Company.

La compañía tenía la concesión por 99 años. Se la dieron oficialmente el 1 de enero de 1857. Los documentos sobre las autorizaciones y contratos fueron reunidos en una publicación de la Librería e Imprenta tacneña La Joya Literaria, en 1914.

Por estos días, los ambientes de una parte de la estación se encuentran en restauración. Corresponden al museo ferroviario, donde se solía exhibir antiguas locomotoras, coches de pasajeros, vagones de madera y documentos oficiales. La locomotora que trasladó al coronel Francisco Bolognesi, durante la guerra con Chile, también reposa en este recinto.

Cavagnaro relata que Bolognesi vino desde Arica, proveniente de Tarapacá. Se dirigía al Consejo de Guerra que ya estaba en Tacna.

Por este ferrocarril también se trasladaron los ariqueños para rechazar la toma de las islas de Chincha por la escuadra española, en 1864.

Por todo ello, la estación es histórica. Los trabajos de rehabilitación, a cargo del Plan Copesco, culminarán en agosto.

 

En la frontera

 

Un pasaje en tren a Arica vale 18 soles o 3.800 pesos chilenos. Resulta complicado obtenerlo en verano. Hay que comprarlos hasta con dos días de anticipación.

Los viajeros prefieren este medio de transporte porque agiliza el proceso de cruzar la frontera. Francisca Carrasco, una ciudadana chilena que vino desde Arica a pasar el fin de semana en Tacna, comenta que viajar en auto y pasar los controles fronterizos de Chacalluta en Chile y Santa Rosa en Perú, le puede llevar hasta tres horas de un sábado.

“Desde que se inició el control integrado, los viajes ya no son tan expeditos como antes. Se pasa mucho tiempo en la frontera. En el tren, todo es más rápido”, asevera.

En las estaciones ferroviarias de Tacna y Arica, el control migratorio y de equipaje por rayos X no tarda, pues el número de pasajeros es reducido.

Juan Sandoval Garrido, un turista chileno que vino a Tacna con su familia, desde la ciudad de Chillán, de la región Ñuble, dice que cumplió un sueño al llegar a la Ciudad Heroica. “Me parece algo histórico…”, comenta, mientras sonríe y mira emocionado el paisaje por la ventana del vagón.

Juan también sonríe porque en Tacna pudo comer, comprar y costear una placa dental con mucho menos dinero de lo que habría gastado en Chile. “Y es que aquí todo es barato”, agrega. Durante su estadía con su esposa e hija, desembolsó 400 mil pesos chilenos, que al cambio, unos 2.120 soles.

Los fines de semana, Tacna está llena de chilenos. Los puestos de jugo en el mercado central, a la hora del desayuno, no tienen espacio para uno más.

Atraídos por diversos motivos, el número de vecinos sureños que llega a la Ciudad Heroica es importante. Artemio Ticona, subgerente de Promoción a las Inversiones y Exportaciones del gobierno regional de Tacna, señala que para atender la creciente demanda del tren tienen el proyecto de reflotar otro autovagón con capacidad para 60 pasajeros.

Al igual que en el autovagón 261, se planea cambiar los antiguos asientos de metal y madera por unos más cómodos, similares a los de un bus. En el 261 se instalaron dos pantallas pequeñas, donde se transmiten imágenes alusivas al Perú. También hay aire acondicionado.

Mientras estos planes siguen su camino, en Tacna ha causado controversia una propuesta para que el gobierno regional, entidad que ahora tiene la administración del ferrocarril, delegue esa competencia al Ministerio de Transportes. El objetivo es que sea incorporado en el marco de Promoción de la Inversión Privada.

La presidenta de la Asociación de Explebiscitarios de Tacna y Arica, Elena Flores Quea, rechaza la propuesta, pues considera que entregar en concesión el tren haría que caiga en manos extranjeras. “Es parte de la historia de Tacna”, dice. El historiador Cavagnaro comparte esa visión. “Una empresa no verá el tema con la pasión que tiene un tacneño. Es un monumento que tiene un valor más allá”, afirma.

Ernesto Choquehuanca, jefe del tren, quien acompaña al motorista en cada viaje, solo espera que el proyecto de ampliación se concrete y mejoren las condiciones del ferrocarril.

Mientras sigue rememorando anécdotas de toda una vida, el autovagón detiene su marcha en la estación de Arica. Él y Andrés Choquejahua se preparan para el retorno a suelo patrio con pasajeros chilenos a bordo. Es lo de siempre. El pequeño tren no se detiene.

Conecta Tacna con la ciudad chilena de Arica, en un recorrido de 62 kilómetros que demora hora y media de viaje”. Un pasaje en tren a Arica vale 18 soles o 3.800 pesos chilenos. Resulta complicado obtenerlo en verano”.