Perú, 1860-1947. Los años de la cocaína legal

Roberto Ochoa
23 Sep 2017 | 14:17 h

Durante casi cien años la cocaína fue legal en todo el mundo y proyectó al Perú como un modelo productor y exportador. Una publicación del historiador Paul Gootenberg revela detalles poco conocidos de una actividad lícita que contó con la bendición del Estado peruano.

A mediados de 1917, hace exactamente cien años, el científico japonés Hajime Hoshi compró dos enormes fundos en las afueras de Tingo María para instalar su primera fábrica de cocaína. Hoshi no era un narcotraficante. Es considerado el padre de la industria farmacéutica nipona, gran amigo de la familia real, y fundador de una escuela que hoy es la célebre Hoshi University.

Por aquellos años, toda la zona de Huánuco y el Alto Huallaga eran escenario del boom de la producción legal de cocaína.

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Con la adquisición de ambos fundos, Hoshi entró a competir con los empresarios alemanes, croatas, estadounidenses e italianos (inmigrantes instalados en el Perú tras la independencia) que vendían “tamales” de cocaína en una actividad que, por aquellos años, era considerada modelo de las exportaciones no tradicionales peruanas.

¿Por qué se mantuvo en silencio este detalle de nuestra historia económica?

Para el historiador Paul Gootenberg, autor del revelador libro Cocaína Andina (*), “tal vez los historiadores peruanos no han sido lo suficientemente imaginativos sobre la historia seria de la cocaína. Las drogas no están a la altura de temas como Túpac Amaru, la Guerra del Pacífico, Mariátegui, el Apra y otros tópicos tradicionales. Sin embargo, esa rigidez académica está cambiando y no son pocos los académicos que están investigando la historia de esta droga”.

Y es que el libro de Gootenberg es de lectura obligada para entender este fenómeno. La información sorprenderá por los ilustres personajes –académicos, empresarios, políticos– que apostaron por la cocaína como base para el desarrollo económico del Perú tras la debacle de la Guerra del Pacífico. De hecho, el argumento de la industrialización y "el valor agregado" en nuestras exportaciones nació, precisamente, cuando nos proyectábamos como primer productor y exportador de cocaína.

Fue a partir de la Independencia que personajes como Hipólito Unánue publicaron estudios serios sobre la hoja. Sus virtudes motivaron el interés de los científicos europeos, y fue el químico alemán Albert Niemann, de la Universidad de Gottingen, quien en 1860 logró aislar la cocaína. Precisamente, el libro de Gootenberg detalla el importante papel de la cocaína en el desarrollo de grandes laboratorios como Merk y Parke-Davis.

El problema fue que en la segunda mitad del siglo XIX el insumo principal –la hoja de coca– llegaba en mal estado a Europa y EEUU, luego de su largo viaje en barco desde puertos peruanos. Fue entonces que se decidió producir la cocaína en su punto de origen.

A mediados de 1880, poco después de la retirada de las tropas chilenas que habían ocupado Lima, el boticario Alfredo Bignon, de la célebre Botica Francesa, diseñó y patentó el primer "laboratorio" para la elaboración de la cocaína legal. Su diseño se aplicó en las numerosas fábricas de cocaína que se instalaron en Lima, Huánuco, Pozuzo (donde los alemanes instalaron la primera fábrica de cocaína), Trujillo y Cusco; y hoy en día –con ligeras variaciones– se sigue utilizando en los "laboratorios" clandestinos de cocaína.

Made in Perú

Personajes como Clement Markham, Antonio Raymondi, Alexander Von Humbolt, Hajime Hoshi y otros contribuyeron a la difusión del fenómeno y recomendaron a sus respectivos países sembrar coca en sus colonias para no depender de la producción peruana.

Así lo hicieron. Hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra, por ejemplo, llegó a sembrar coca en la India, mientras que Japón sembró, cosechó e industrializó cocaína en sus plantaciones de Java y Formosa. Alemania también comercializaba y consumía cocaína.

Toda esta competencia acabó cuando EEUU arrasó las plantaciones de sus enemigos. Lo paradójico es que el fin de la guerra mundial también significó el inicio de la guerra contra la cocaína. A partir de 1947, la dictadura del general EP Manuel A. Odría se sumó a la campaña estadounidense contra la cocaína. En el libro de Gootenberg se puede leer cómo este periodo de la denominada Guerra Fría fue el punto de quiebre que marcó la ilegalidad de la cocaína.

La chispa de la vida

La cocaína también fue utilizada por Sigmund Freud y otros estudiosos que la recomendaban (para aspirar, inyectar o tomar) ante cuadros depresivos. También se puso de moda entre los intelectuales y fue utilizada como el primer anestésico de uso local –solo en EEUU fue usada por 50 mil dentistas– y como insumo de brebajes que se popularizaron por todo Europa: El Vin Mariani a la Coca du Pérou, por ejemplo, tuvo tan rotundo éxito que provocó imitaciones en EEUU, como la lujosa bebida Peruvian Wine Cola, elaborada por el farmacéutico John Pemberton, de Atlanta, quien luego la transformó en una bebida libre de alcohol conocida hasta la fecha como Coca-Cola. En el libro, podemos leer los lazos que durante décadas mantuvo la Coca-Cola con la coca producida en Otuzco y Trujillo.

Del guano a la cocaína

Paul Gootenberg es historiador de la Universidad de Chicago. En 1989 publicó Between Silver and Guano, un revelador libro sobre los barones del guano que en el Perú se publicó con el título Caudillos y Comerciantes.

"Mi libro sobre el guano sirvió para estudiar la formación estatal peruana e incluso las ideologías en el siglo XIX" –explica Gootenberg–, quien afirma que el guano como la cocaína fueron mercancías que conectaron al Perú con el mundo exterior. "La cocaína en los años 80 y 90 del siglo XIX parecía muy similar, así que comencé a mirar sus extensas raíces, que se remontan a una era legal totalmente desconocida. Lo que más me gustó de la historia de las drogas fue su alcance global: podría conectar los orígenes peruanos con Europa, los Estados Unidos, Asia y más tarde Bolivia, Colombia, Chile y Cuba (...) También he disfrutado, en los últimos años, de conectar abiertamente mi trabajo con los debates sobre la "guerra de las drogas" (que culminó con la cocaína) y la reforma de las drogas, en los Estados Unidos y en los Andes".

Gootenberg profundizó sus investigaciones desde 1995 a 1999 en Lima y en Huánuco. "También encontré toneladas de material sobre la cocaína peruana en los archivos nacionales de los Estados Unidos, en documentos clasificados por la DEA y en Nueva York, donde vivo, ricas colecciones en la Academia de Medicina", revela el autor. Entre sus anécdotas recuerda haber hallado varios gramos de cocaína en viejos archivos londinenses.

El libro de Gootenberg dedica varios capítulos al posterior desarrollo del tráfico ilegal. Revela, además, que los capos de los carteles colombianos copiaron los sistemas de producción, comercialización y exportación global de los empresarios peruanos pioneros que se establecieron en el Huallaga.

“Se suele comentar con ironía que en su larga historia la cocaína se encuentra entre las industrias de exportación más exitosas y originales de América Latina”, dice su libro.

“Este análisis deja abierta la pregunta de por qué una de las más exitosas y autónomas mercancías nativas de Sudamérica, la cocaína, que hoy en día mantiene a millones de personas y tiñe con tanta fuerza la región, es una mercancía ilícita”, añade.

(*) Cocaína Andina, El proceso de una Droga Global. 2016. La Siniestra Ensayos y la Universidad Nacional de Juliaca. 510 páginas.

También encontré toneladas de material sobre la cocaína peruana en los archivos nacionales de Estados Unidos”.“Lo que más me gustó de la historia de las drogas fue su alcande global: podía conectar al Perú con Europa, EEUU, Asia”.

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