Mujeres con poder

Este miércoles 8 de marzo, Día de la Mujer, miles de mujeres en todo el mundo dejarán momentáneamente sus labores para llamar la atención sobre los feminicidios, el acoso, la brecha salarial y todas las formas de discriminación de las que son objeto. Será el primer Paro Internacional de Mujeres y las peruanas no podían faltar.

Redacción LR

Sabado, 4 de Marzo del 2017

Ruth Anastacio ha visto a mujeres muy inteligentes y capaces ser relegadas de los puestos de dirección de los organismos en los que trabajaban. Las ha visto recibir menores salarios que sus compañeros varones que cumplían las mismas funciones. Y aquello le pareció inaceptable.

A Jill Ruiz le costó el doble ganarse el respeto de sus colegas en el sindicato de docentes que integra, solo porque era mujer y más joven que ellos.

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Conny Campos siente que todavía le cuesta ganarse el respeto de sus colegas catedráticos en una universidad nacional, porque es mujer, porque es joven y porque, además, tiene una formación distinta a la del resto de docentes.

Eva Machado ha conocido historias de chicas que han sido violadas, agredidas y acosadas. La última de ellas contó en un foro que un tipo se estaba masturbando junto a ella en el bus. Fue indignante.

Todos los días, mujeres como Ruth, Jill, Conny y Eva viven episodios de discriminación, agresión o, simplemente, desigualdad causados, o por lo menos alentados, por el hecho de que no son hombres.

No solo ocurre en el Perú. En todo el mundo se multiplican las situaciones de exclusión a las mujeres. Los feminicidios. La violencia física y verbal, en persona y en las redes. Es un momento de cambio y los momentos de cambio suelen ser así: despiertan el odio más visceral de quienes pretenden que todo siga igual.

Pero el proceso que se echó a andar hace algunos años no parece que se detendrá. En nuestra región cobró impulso en 2015 y 2016 con las marchas de Ni una Menos en Argentina, Chile, Uruguay y Perú.

Y este miércoles 8 de marzo, Día de la Mujer, se fortalecerá con el denominado Paro Internacional de Mujeres, a través del cual féminas de 46 países alzarán sus puños y su voz para decir “Basta”.

Allí estarán Ruth, Jill, Conny y Eva, miembros del comité organizador del Paro en el Perú.

 

Mujeres de negro

 

La génesis del Paro de Mujeres ocurrió los primeros días de octubre, en Polonia, cuando miles de estudiantes, profesionales, empleadas y amas de casa salieron a las calles, vestidas de riguroso negro, para protestar contra un proyecto de ley que amenazaba con prohibir el aborto bajo cualquier circunstancia, en caso de violación, de incesto e, incluso, cuando la vida del feto es inviable o la vida de la madre está en peligro.

La multitudinaria movilización hizo retroceder a los parlamentarios polacos y la iniciativa fue archivada.

Semanas después, el epicentro de las protestas fue Argentina. El salvaje asesinato de la adolescente Lucía Pérez –fue violada y empalada antes de morir en medio de los más terribles dolores– movilizó a miles de ciudadanas que, a gritos, con lágrimas en los ojos, exigían a la sociedad que dejara de matarlas.

Este primer Paro de Mujeres también se vivió, a menor escala, en otras ciudades como Santiago, Montevideo y Lima.

Pero lo que se pretende lograr este miércoles 8 de marzo es algo mucho más potente.

–El objetivo del Paro a nivel internacional es el cese de la jornada completa– explica Conny Campos, coordinadora del comité organizador. –En el Perú sabemos que las condiciones son diferentes, no todos los empleadores lo van a permitir. Por eso estamos llamando al cese de labores de 12 del mediodía a una de la tarde.

En esta "Hora M", como se le ha llamado, las personas que quieran podrán participar en un plantón convocado frente al Ministerio de Trabajo.

La elección de esta sede ministerial no fue al azar. Uno de los indicadores más elocuentes de la desigualdad de género es la brecha salarial entre hombres y mujeres. En el Perú sigue siendo alta. Y por eso ahora mismo hay iniciativas que pretenden reducirla.

 

Empleadores machistas

 

En el Perú, las mujeres ganan, en promedio, un 26.8% menos que los varones. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) del año 2012 señala que la brecha salarial comienza a aparecer a partir de los 30 años de edad y que alcanza su pico máximo (de diferencia) entre los 45 y los 54 años de edad. Otros datos relevantes son que la brecha es mayor en el área urbana que en el rural y que se incrementa conforme avanza el nivel de instrucción y los grados académicos, incluso en el ámbito de directores y gerencias.

Solo el 14% de las empresas en el Perú tienen a una gerente general y solo el 6% de las que cotizan en la Bolsa de Valores de Lima (BVL) tienen a mujeres en sus directorios, según el informe Perú: Brechas de Género 2016 del INEI.

A fines del año pasado, la congresista Mercedes Aráoz (PPK) presentó un proyecto de ley para garantizar la igualdad en el trato remunerativo entre hombres y mujeres.

Su iniciativa pretende establecer que todos los empleadores tengan la obligación de informar la política salarial a sus trabajadores. "Se considera práctica discriminatoria brindar un trato salarial distinto a hombres y mujeres que cumplan los mismos requisitos de acceso al empleo y desempeñen las mismas labores", dice el texto del proyecto.

–Hay un sesgo machista en muchas empresas– detalla Aráoz. –Por ejemplo, cuando se hace un proceso de selección, lo óptimo es tener un comité mixto para garantizar la diversidad. Pero eso no ocurre con frecuencia.

Aprobar el proyecto sería un importante paso para reducir la desigualdad. Pero aún hay muchos temas pendientes. Y, algunos, mucho más graves.

 

Miedo en las calles

 

En enero, la abogada Evelyn Ccorahua denunció a la Policía de Huamanga que su ex pareja, Edwin Mansilla Guzmán, trató de estrangularla. El acusado no fue detenido. Hace unos días, entró a su casa y la mató, delante de la hija de ambos, de solo cuatro años.

En nuestro país, 10 mujeres en promedio son asesinadas cada mes en un contexto de feminicidio. Entre enero de 2009 y julio de 2016, las víctimas por este crimen fueron 881. Nueve de cada 10 fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas y seis de cada 10 murieron en su propia casa.

–Vivimos con miedo– dice Conny Campos. –Hay una violencia de género que está latente, que nos viola, nos mata.

No solo es el miedo a que las violen o las maten. Es el miedo a que les metan la mano, a que se restrieguen contra ellas en el bus, a que las insulten y hasta a que las golpeen si se atreven a resistirse. Está el miedo a que las secuestren o secuestren a sus hijas y las exploten sexualmente en algún campamento de mineros ilegales.

–Yo no puedo salir a la calle y sentirme segura– dice Conny Campos. –No me siento segura en un bus o en una combi. Siempre hay tocamientos indebidos, roces adrede. Yo quiero parar este 8 de marzo para poder sentirme segura en un transporte público y para que todas las mujeres podamos sentirnos seguras.

–Yo recuerdo que cuando tenía 10 años, un día estaba en el mercado con mi mamá y un tipo me metió la mano– señala Eva Machado. Se soba el vientre: está gestando a una niña de seis meses. –Siempre ha habido acosos, violaciones, pero gracias a las redes las mujeres han comenzado a hablar. Las violaciones no van a desaparecer, pero tenemos que hacer algo para empoderar a las mujeres. Esta protesta es para eso. Para que mi hija no crezca con miedo. No queremos criar niñas valientes. Queremos criar niñas sin miedo.

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