La mirada desafiante de Dominique Schaefer

Se crió en California, pero eligió representar al país donde nació. Luego de conquistar el Sudamericano de Mar del Plata, Dominique Schaefer, puesto 29 del ránking ATF, se alista para una gira donde competirá en Roland Garros y Wimbledon. No le pidan sonrisas. 

Se crió en California, pero eligió representar al país donde nació. Luego de conquistar el Sudamericano de Mar del Plata, Dominique Schaefer, puesto 29 del ránking ATF, se alista para una gira donde competirá en Roland Garros y Wimbledon. No le pidan sonrisas. 

La brisa marina. El recuerdo más nítido que Dominique Schaefer (17) guardaba del Perú eran sus pies corriendo sobre la arena fina y las aguas tranquilas de Colán, un balneario ubicado en la provincia de Paita, en Piura.  

En ese paraíso, poblado con casas de madera sobre pilotes, vivió Dominique hasta los siete años, cuando la familia entera se mudó a California, exactamente al condado de Ventura, al noroeste de Los Ángeles. 
 
No se supo mucho de ella  desde entonces. No se marchó del Perú siendo un proyecto encaminado. Tan solo era una niña inquieta, como tantas otras.

Vovación de raqueta

Un proyectil acaba de caer cerca mío y de Dominique, sobre  el polvo de ladrillo de una de las canchas de la Federación de Tenis, en Jesús María.
 
No es un objeto contundente, sino blando, más bien. Se trata de una inofensiva barra de cereal, lanzada por su padre desde una corta distancia. 
 
Probablemente, José Schaefer no quiso interrumpir la conversación y prefirió confiar en su puntería. Lo importante: que su niña recargue su dosis de energía antes del entrenamiento. 
 
Más que un padre, José es un segundo entrenador para Dominique. Su dominio en casi todos los deportes de raqueta, llámese Squash, Racquetball, y Bádminton, le han permitido enseñarle algunos golpes como el slice y el drop-shot. Por otro lado, José es chef de profesión, especialista en comida marina. Aunque lo suyo no sea necesariamente la nutrición, la dieta de su hija es una de sus preocupaciones.
 
'Domi' come la barra lentamente, mientras me cuenta que no fue la primera alumna de su padre. En realidad, fueron Denise (22) y Fabián (19), sus hermanos mayores. Talento había, mas no vocación. Hoy Denise modela  y Fabián estudia astrofísica. Universos alejados sideralmente. 
 
 “No me veo haciendo otra cosa que no sea jugar tenis el resto de mi vida. He nacido para esto”, asegura, con una convicción que ya quisieran tener muchos. Quizá porque  le forjaron un espíritu competitivo tempranamente.
Mientras las demás, jugaban con chicas de su edad; desde los doce, Dominique se medía con jovencitas de hasta 18 años.
 
“Hacía lo que podía. No ganaba muy seguido, pero agarraba experiencia”. Funcionó. A los 12 años, en diciembre de 2011, se coronó campeona de  Eddie Herr, un torneo top de menores. Por eso, cuando los campeonatos comenzaron a exigir viajes constantes, se comportó como una veterana,  y se inscribió en clases online.
 
Permanece bajo ese sistema. Es el que más se le acomoda. Estudia un par de horas diarias, dependiendo de sus prácticas, y solo va al colegio  para los exámenes. “No fue tan complicado. No tuve que extrañar a nadie. Mis mejores amigas son del tenis e hicieron lo mismo”.
 
El mayor sacrificio para la tenista no se encuentra en una cancha, al parecer.

Más de aquí que de allá

“Su cambio de ritmo es un arma mortal. No he visto a nadie como ella. Su juego no es convencional. No es común ver eso en una mujer”.
 
Las palabras le pertenecen a Percy Melzi (54). Podrían ser las alabanzas de un entrenador 'patero'. Pero en el circuito, Melzi tiene fama de implacable, de no halagar gratuitamente. Su opinión pesa, además, por una trayectoria envidiable. 
En sus cerca de 20 años en la academia Bollettieri, en Miami, ha formado a reconocidos valores como la serbia Jelena Jankovic (número 1 en agosto de 2008),  Heather Watson (la primera británica en lograr un título de la WTA, luego de 24 años, en el 2012) y, por un  breve lapso, a la rusa María Sharapova, exnúmero uno, hoy sancionada por dopaje.  Fue Melzi quien alertó a la Federación Peruana de que había un talentazo en tierras 'gringas' que era preciso repatriar. 
 
Es jueves por la tarde, y Dominique volea con Almudena Boza (16), Martín Pestana (12) y  Valeria Lloclla (14). En la mañana se exigió con Bianca Botto (24) y Anastasia Iamachkine (15). Desde que regresó a Perú a inicios de año, salvo por la seguidilla de torneos, Dominique ha practicado a doble horario. 
 
A un lado, en las bancas, José y Katherine,  no le despegan los ojos. “Buena bola”, “Bien llegado” son algunas frases que se repiten. Pero también miradas tensas, de reproche, por puntos desperdiciados. Son críticos.
¿Por qué volviste al Perú si aquí no hay el suficiente apoyo, y ya representabas a Estados Unidos?
 
Porque siempre me sentí más de aquí (Perú) que de allá (Estados Unidos). No será fácil, pero he venido a lucharla.
 
Otra vez la firmeza ante la duda. Y en perfecto castellano, además. ¿La razón? En casa de los Schaefer-Carreño, cada vez que los niños conversaban en inglés, la mamá  los hacía leer en español. Conservar identidad a través de la lengua: en el habla y, claro, la comida. 
 
Nunca faltó un cebiche o un pulpo a la parilla sobre la mesa para generar un vínculo culinario, siquiera. “Estaba tranquila con que jugara por Estados Unidos. Hay más recursos y posibilidades, pero decidió”, confiesa su madre.

Gira europea

El 26 de marzo, Dominique Schaefer dio un paso gigantesco en su carrera. Derrotó  a la colombiana Emiliana Arango, en dos sets: 6-3, 6-3, en la final del Sudamericano Mar del Plata B1, y saltó del puesto 68 al 29 del ránking ITF. Su desempeño en las etapas previas fue arrasador: se marchó invicta, sin perder un solo set. Inclusive, con la muñeca izquierda lastimada. 
 
En dobles arañó el título: llegó hasta las semifinales, precisamente, junto a Emiliana Arango, su rival en individuales. Para Melzi, la clave fue mejorar la actitud y el enfoque.“No abusó del slice ni del drop-shot, pegó durísimo, mezcló golpes, pero sobre todo no se irritó”.
 
Dominique es explosiva. Ahora mismo acaba de mascullar algo, como si insultara al viento. El carácter de Almudena Boza es similar. Melzi paraliza las acciones.
 
“Cuando fallan una bola se pegan en la pierna y dicen cosas, y cuando ganan un bolón no dicen nada. Balanceen la vida”, les aconseja. Según Dominique, admiradora de Serena Williams, la tenista de poderes sobrenaturales, le falta mayor movilidad y debe pulir su revés. 
 
Su personalidad también posee un lado positivo,  aclara Melzi. “Dominique no se esconde cuando las papas queman. Hay otras chicas que se derrumban. Ella se calienta y va al frente sin renunciar”. 
 
Conseguir el Sudamericano le ha valido la chance de disputar dos Grand Slam: Roland Garros (Francia) y Wimbledon (Inglaterra). Tierra batida y césped, respectivamente. Ambas competiciones  representan un reto:  por el nivel del certamen, y porque Dominique se moverá en superficies que no le son familiares. 
 
En Estados Unidos entrena en canchas de cemento. En Latinoamérica ha participado en tierra batida, pero no es su fuerte. Y en césped es una debutante en espera. “Su drop-shot puede lucirse, pues la bola no rebota”, comenta su padre, quien no acompañará  a Dominique en esta gira que iniciará el 28 de abril y concluirá la primera semana de julio. Cinco torneos en tres países distintos, en poco más de dos meses, fuera de casa. “Es por su bien. Así se hará independiente”, agrega.
 
Son las cinco de la tarde, y la práctica termina. Dominique amaga una sonrisa, por primera vez, para la última foto, mete sus cosas en la mochila, cambia de rostro, y se marcha, raudamente. Le toca gimnasio. 
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