Alexis Hernández: “El otro año acabaré en el podio”

Le habla a su cuatrimoto, como si fuera su compañera. Alexis Hernández, el primer peruano en ganar dos etapas de un Dakar -de forma consecutiva, además-, nos explica por qué celebrar un octavo puesto en el rally raid más exigente del mundo no es conformismo.

24 Ene 2016 | 3:16 h

Le habla a su cuatrimoto, como si fuera su compañera. Alexis Hernández, el primer peruano en ganar dos etapas de un Dakar -de forma consecutiva, además-, nos explica por qué celebrar un octavo puesto en el rally raid más exigente del mundo no es conformismo.

Hace una semana, después de cruzar la meta  final del Dakar 2016 Argentina-Bolivia, en el tramo Villa Carlos Paz-Rosario, tras 13 agotadores días en los que en algún momento se ubicó en el segundo lugar; luego de congelarse a 2 °C  y hervir a 45, de atravesar dunas y montañas a casi cinco mil metros de altura, el cuatrimotero Alexis Hernández (31)  abrazó a su padre Francisco y a su hermano mayor, Daniel, y se echó a llorar. 
 
 
Tal vez las cámaras extranjeras que filmaron la escena desde un helicóptero no comprendieron el desfogue del todo. En su primer Dakar, en el 2013, Alexis terminó con un dedo fracturado y un hombro dislocado, abandonando en la etapa 7 por problemas mecánicos;  en el 2014, acabó la carrera en el puesto 14, al borde de la deshidratación; y en el 2015, una operación al ligamento cruzado de la rodilla derecha lo  dejó fuera, postrándolo  en cama durante cinco meses.
 
Esta vez parecía ser distinto. Totalmente. Llevaba dos etapas ganadas: Jujuy-Jujuy y Jujuy-Uyuni. La cuarta y la quinta. Pegaditas. Un hecho histórico en números (Ignacio Flores ganó una etapa en el 2013), que nos emocionó a la distancia. 
 
Hasta que  en la etapa 10 se le pincharon las cuatro llantas (25 minutos para  arreglar cada una), se le cortó la cadena y, sin contar con las herramientas adecuadas, continuó con la certeza de saberse excluido del podio mas no del top ten. Como ocurrió, finalmente.

Detalles que pesan 

En el Dakar 2016 cada piloto de cuatrimoto tuvo un equipo de no menos de siete integrantes. La inscripción de cada uno costó alrededor de diez mil dólares. Alexis Hernández compitió con un solo mecánico, un asistente y su padre -expiloto de helicópteros- que hizo de team manager.
 
“Como en las ediciones anteriores, apenas alcanzamos el 60% del presupuesto de un equipo oficial. El Dakar no es  solo inscripción, como muchos  creen. Es  preparación, logística, alimentación”, señala Hernández que cuenta con dos sponsors (los demás auspiciadores son canje). 
 
Eso quedó clarísimo al final de cada día de competencia, donde cada piloto relajaba los músculos con su propio quiropractico, y él, consciente de  sus raquíticos  ingresos, tuvo que pedir uno prestado. 
 
“Como era razonable, me atendían al final, a las 10 de la noche. Me acostaba recién a la medianoche y me levantaba a las cuatro de la mañana”, explica. Esas horas de descanso  marcaron la diferencia.
Aunque su participación ha despertado comentarios alentadores, también ha habido quienes lo han catalogado como conformista por festejar la octava posición en la general.  
“La ignorancia es atrevida. No saben el esfuerzo inmenso que hay detrás. Yo  no soy un deportista a tiempo completo y aun así doy el 200% por mi país. Esto es solo el inicio de un largo camino”, sostiene con convencimiento Hernández, ingeniero industrial de profesión.

Trato hecho 

Dos días antes de la meta, en el tramo Belén-La Rioja, con la ilusión demolida, Hernández se apostó en un grifo para reposar. De repente, en medio de la multitud, se le acercó un niño de nueve años llamado Fernando. “Tú eres Hernández. Le estabas ganando a los Patronelli (hermanos argentinos que finalmente lideraron la tabla). Le rezaré a la virgencita para que te vaya bien”. El piloto, conmovido, se sacó el casco y le regaló uno de sus pañuelos.
“Sentí por un momento que era mi hijo Lucas. Ya estaba destruido y esas palabras me levantaron”. 
 
Aunque no se dedicó al automovilismo, de adolescente Hernández asistía con sus padres a 'Las 6 horas peruanas', con el único deseo de estrecharle la mano o darle un abrazo al piloto  Ramón Ferreyros. Su figura empieza a ser perseguida, ahora. 
 
En el 2014, el  'Guerrero inca', como lo han bautizado por su uniforme blanquirrojo y el diseño de  su casco (se mezclan en perfecta armonía, el colibrí de las Líneas de Nazca, la Flor de Amancaes, y la Cabeza Clava de Chavín) se prometió a sí mismo competir. ¿Qué prometes para el 2017?, le pregunto. “Acabar en el podio. O por lo menos entre los cinco primeros”. Firmado. 

 

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