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Mariano Puerta y Rafael Nadal: gloria, doping y un salto hacia el olvido

Hace exactamente 15 años, Nadal conquistó su primer Roland Garros ante Mariano Puerta, un argentino que fue promesa, cayó en el hoyo del dopaje, salvó de morir, resurgió de milagro y, cuando menos lo esperaba, volvió a perderlo todo.

La Republica
Zinedine Zidane acompañó la premiación del finalista y del campeón en aquella tierra batida de 2005. Foto: AFP
Alonso Marín J.

Aquel 5 de junio de 2005, Mariano Puerta, de 26 años, viviría su último momento de esplendor en el tenis. Un jovencito Rafael Nadal, de cabello largo, short a la pantorrilla y camiseta manga cero, formaría parte de la transición entre su encuentro casi cercano con la gloria y una dura caída hacia el olvido.

Quien haya visto, o guste de ver la repetición de esa gran final, quedaría asombrado por cómo, durante casi tres horas y media, el futuro ganador de 12 Roland Garros se batía zurdazo a zurdazo, globo a globo y drop a drop con un rival argentino más que digno, en la bellísima Philippe Chatrier, pista central del abierto parisino.

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Nadal, de solo 19 años, llegaba a ese partido con apenas 2 sets perdidos en todo el torneo, un récord de 23 victorias consecutivas en tierra batida y un triunfo ante Roger Federer en semifinales. Notable, ciertamente. Pero nada, comparado con salvar de morir, lesionarse de los ligamentos cruzados de la muñeca, caer al infierno del dopaje y alcanzar una final de Grand Slam a menos de un año después de volver al circuito.

Porque esa fue la odisea que había atravesado Mariano Puerta, integrante de la ‘Legión Argentina’, esa camada inolvidable que incluía a Gastón ‘Gato’ Gaudio, Guillermo ‘Mago’ Coria, Juan Ignacio Chela, David Nalbandian, Guillermo Cañas, Juan ‘Pico’ Mónaco, entre otros. Una generación dorada. Nombres inscritos por siempre en las páginas del tenis.

Pero divago. En 1995, Puerta fue campeón junior de Roland Garros; en el 2001 alcanzaría el puesto 18 de la ATP pero a partir de allí sería azotado por constantes lesiones, esas que han acabado con tantas carreras en el mundo y, luego, lo peor: a inicios de 2004 sería sancionado 9 meses por doping a clenbuterol.

Pero, como si eso no fuese suficiente, en 2003, Mariano Puerta salvó de morir. Según reportes de medios argentinos en ese año, el ascensor en el que se dirigía hasta su departamento de Buenos Aires “comenzó a subir y bajar de forma alocada” hasta que “se detuvo abruptamente” entre el piso 19 y el 18. Ante el terror, el tenista decidió forzar la puerta y saltar al pasillo, sufriendo un duro golpe en el codo izquierdo. Momentos después, el elevador caería en picada.

Pocos son los que, ante semejantes golpes de la vida, optan por nadar contracorriente y lograr lo imposible. Puerta, por un momento, estuvo allí, a escasos centímetros de tocar el sol con los dedos de su prodigiosa mano izquierda.

Porque aquel 5 de junio, ‘Rafa’ arrancaría demoledor, motivado por conquistar París en su primera incursión. Y así estuvo hasta el cuarto juego, en que el argentino pidió asistencia médica por molestias en su muslo. A partir de allí, Puerta, oriundo de Córdoba, no perdonaría hasta llevarse la primera manga por 7-6 (6), tras una exhibición de zurdazos que dejaban, en reiteradas ocasiones, sin respuesta a Nadal.

Pero luego, el león despertó. El español, herido, no perdonó en los momentos cruciales y arrasó a su oponente 6-3 y 6-1 en los dos siguiente sets.

Mariano, quien había atravesado el infierno mismo para salir airoso, peleó hasta el final. Se colocó 5 a 4 y 40-15 en el cuarto set pero no pudo contra el futuro mejor jugador de arcilla de todos los tiempos. Nadal vencería 7-5 en dicho parcial y besaría por primera vez aquel trofeo con el que mantiene un eterno romance.

La historia del ‘Matador’ es conocida pero, ¿qué pasó con ese argentino con un cañón en su mano izquierda que casi logra lo imposible? Pocos meses después, luego de ascender a la novena posición del ranking mundial, el portal L’Equipe denunciaría que había dado positivo de nuevo, esta vez para etilefrina (estimulante), justo en el partido ante Nadal.

Pese a que lo negó, en diciembre de 2005 Mariano Puerta fue sancionado por 8 años, aunque finalmente se le redujo a dos. En su alegato a la Federación Internacional de Tenis, como recoge el portal La Nación, argumentó que, por accidente, “bebió del vaso de su esposa, que tenía una medicación para dolores menstruales y que contenía etilefrina”.

Volvió a jugar en junio de 2007 y se retiraría definitivamente en el Challenger de Lima (2009). Posterior a eso trabajó como entrenador poco tiempo y luego, según sus propias declaraciones, se alejó casi por completo del deporte blanco. Puerta, de joven promesa a caer en un hoyo, de estar en el infierno a tocar las puertas de la gloria… solo para caer nuevamente. Y esta vez, definitivamente.