A 4 años de su muerte: Muhammad Ali y su discurso sobre el racismo que trasciende los tiempos

Muhammad Ali.

Hace casi 50 años, el mejor boxeador de la historia, Muhammad Ali, abrió los ojos del mundo a un problema que hoy en día coge una relevancia absoluta.

Julio Estrada
04 Jun 2020 | 7:43 h

Ya son cuatro años sin Muhammad Ali y el vacio se siente. El 3 de junio del 2016 partió uno de los campeones mundiales de boxeo más importantes de todos los tiempos y, pese a que podríamos escribir páginas y páginas de sus proezas sobre el ring, hoy más que nunca recordamos el gran rival al que tuvo que enfrentar toda su vida afuera de los encordados: el racismo.

Durante los años 60 y 70, Muhammad Ali ya era una figura reconocida mundialmente. Sus títulos ganados, su negativa a ir a la guerra y su conversión al Islam, habían puesto su nombre en las primeras planas alrededor del globo. Sin embargo, por más famoso que se volviera, siempre encontraba razones para levantar su voz contra aquel flagelo que lo afectaba tanto a él como a miles de afrodescendientes en los Estados Unidos.

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Fueron muchas las plataformas en las que Ali se manifestó en contra del racismo, pero es una entrevista con la BBC en 1971 la que continúa siendo compartida en redes sociales hasta el día de hoy y que, en tiempos como los que se viven ahora por las protestas en Estados Unidos, ha adquirido una relevancia de una actualidad sorprendente.

“De niño era muy curioso y le pregunté: ‘Mamá, cuando muramos, ¿vamos a ir al cielo?’. Ella dijo, ‘Claro que iremos al cielo’. Y respondí: ‘Entonces, ¿qué pasa con todos los ángeles negros?’. Dije: ‘Ya sé, es porque los ángeles blancos también están en el cielo y los ángeles negros están en sus cocinas haciendo leche y miel”, reflexionó en aquella entrevista.

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No por ser de tinte infantil, los cuestionamientos del niño Ali dejaban de ser reales. “La torta del ángel es blanca y la del diablo es un pastel de chocolate. Le preguntaba a mi mamá por qué era todo blanco. Siempre me preguntaba cómo hasta el presidente vivía en la Casa Blanca. Veía que Mary tenía una oveja blanca como la nieve. Absolutamente todo es blanco. Santa Claus es blanco. Y todo lo malo es negro. El Patito Feo es negro. Si el gato es negro, es malo y es de mala suerte. Si te amenazan es un blackmail. ¿Por qué no llamarlo whitemail, si ellos mienten también?”, expresó, provocando la risa del público que tal vez no captaba al 100 % la profundidad de las palabras de Ali.

Conforme el boxeador fue avanzando, las risas se iban acallando. No, el campeón del mundo no estaba queriendo ser gracioso, estaba graficando de la manera más sutil que pudo encontrar las diferencias que dividen al mundo. Pudo utilizar ejemplos más evidentes, masacres en África o esclavitud en América, pero Ali decidió darle una nueva dimensión a su relato para probar que el racismo no se trata solamente de un problema de acciones e historia, sino básicamente de un pensamiento que es germinado en la mente humana desde el nacimiento.

Muhammad Ali en entrevista con la BBC.

Uno de los peligros del racismo es la cotidianidad que podría terminar por acostumbrarnos a una conducta discriminatoria. A Ali le negaron la atención en un restaurante de su ciudad natal, luego de haber ganado una medalla olímpica para su país.

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Finalmente, Ali remata con unas proféticas palabras que, en tiempos actuales, golpean tan fuerte como uno de sus cruzados de derecha de talla mundial.

“Ya lo dijo Elijah Muhammad sobre cómo adoctrinan a los negros, cómo enseñan a respetar a los blancos y a odiar al negro. Robaron nuestros nombres, fuimos esclavizados, robaron nuestra cultura, robaron nuestra historia. Nos hicieron como muertos vivientes. Ya que somos negros en un país blanco y no sabemos nada de nosotros mismos, no hablamos nuestro idioma, entonces estamos muertos mentalmente. Esto pasa en todo el mundo, pero el primer país que se rebelará será Estados Unidos, después el resto”. Parece no faltarle razón.

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